Brain Damage

Título originalBrain Damage.  Director: Frank Henenlotter. Género: Terror. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 84 minutos. Reparto: Rick Hearst, Gordon MacDonald, Jennifer Lowry, Theo Barnes, Lucille Saint-Peter, Vicki Darnell, Joseph Gonzalez, Bradlee Rhodes, Michael Bishop. Año: 1988. Productoras: Edgar Levins/Monsterland Films.

Brain Damage es una estupenda película de culto que se recuerda, sobre todo, por una brutal secuencia en la que un blow-job tiene consecuencias trágicas. Henenlotter nos sorprendió unos cuantos años antes con su bizarra ¿Dónde te escondes, hermano? (Basket Case, 1983) y sus dos secuelas, en la que ya demostraba una extraña capacidad para dotar de personalidad a un ser deforme y monstruoso, un freak en definitiva, que le hacía la vida imposible a su hermano. Esta vez, nos propone una historia en principio alocada y hasta cómica en cierta manera: un joven se despierta una noche y tiene la cama llena de sangre. Se toca en la nuca y descubre que tiene un pequeño agujero sangrante. Poco después se da cuenta de que le ha salido una especie de parásito que se adosa a ese orificio, mediante el cual le inyecta una sustancia en el cerebro que le hace sentirse bien. A cambio, Aylmer –o Elmer— (que así se llama el parásito creado para la película por Gabe Bartalos & David Kindlon, con más imaginación que medios) le pide su alimento principal, que no es otra cosa que cerebros frescos. Visto así, la historia no parece nada cómica, aunque sí surrealista. La gracia viene dada por el diseño del curioso monstruo, a medio camino entre una babosa gigante y un pene con cerebro, y que además habla. Así, el joven se verá obligado a asesinar para que Aylmer le siga dando su flujo alucinógeno, bajo cuyos efectos actúa el protagonista y no recuerda nada después.


Cuando se de cuenta de lo que está haciendo, se intentará alejar de su novia y su hermano (que inician una relación sexual a sus espaldas cuando el protagonista comienza a mostrarse apático y enfermo) para no hacerles daño, e intentará no caer de nuevo en las garras de su pequeño “camello”. Aunque será tarde, ya que la adicción se vuelve demasiado fuerte (tremendamente impactante es la secuencia en la que el joven protagonista sufre los efectos de la abstinencia de un modo brutal, mientras que Aylmer le canta una canción provocándolo para que vuelva a colocarle en su nuca). Secuencias como ésta convierten a Brain Damage en una inteligente —y nada sutil— metáfora de la destrucción a la que conduce todo tipo de adicción, centrándose aquí de una manera especial en la adicción al sexo y a las drogas. De ese modo, y a pesar de estar envuelta en la forma de cine de terror con secuencias gore, lo cierto es que Brain Damage es también un drama adolescente, con algunos apuntes de comedia negra surrealista.


Una de esas películas que hay que reivindicar, con un final inevitablemente trágico y con unas interpretaciones muy acertadas, especialmente la del desconocido Rick Herbst.

Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.

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