Los renegados del Diablo

Título original: The Devil's Rejects. Director: Rob Zombie. Género: Terror. Nacionalidad: Estados Unidos / Alemania. Duración: 109 minutos. Reparto: Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Ken Foree, Matthew McGrory, Leslie Easterbrook, Geoffrey Lewis, Danny Trejo, Tom Towles, Michael Berryman, P.J. Soles. Año: 2005. Productora: Lions Gate Films.

Cuando James Cameron estrenó Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) dijo que su intención al hacer la película era conseguir que el público llorase por un robot. Siguiendo una premisa similar, con su segunda película Rob Zombie casi consigue que lloremos por una familia de psicópatas, los Firefly: unos perturbados a los que nos presenta como personalidades complejas, violentas, pero también con sueños y sentimientos fraternales. Continuación directa de la infravalorada La casa de los 1000 cadáveres (House of 1000 Corpses, Rob Zombie, 2003), Los renegados del Diablo no es una secuela convencional. Si bien nos reencontramos con los mismos personajes, en esta ocasión tanto el argumento como el tono de la película. Las andanzas de los Firefly en esta segunda parte se alejan completamente de los parámetros del cine de horror en los que entraba la primera, para ingresar en esa categoría de cine de supervivencia y venganza que tantas alegrías nos ha dado, convirtiéndose así en una especie de neo-western polvoriento propio de los años 70, que es la época en la que transcurre la historia y, al mismo tiempo, parece la fecha en la que la cinta esté filmada. Precisamente en esa década se estrenó una película con la que se ha comparado numerosas veces La casa de los 1000 cadáveres: La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974). Pues bien, lo de Rob Zombie con la mitología de Leatherface puede rozar la obsesión. Y es que en 1986 el mismo Tobe Hooper dirigió una segunda entrega, Masacre en Texas 2 (The Texas Chainsaw Massacre part 2, Tobe Hooper, 1986) en la que la familia homicida salía de su casa y viajaba en busca de nuevas víctimas. Su marcha sanguinolenta transcurría sin mayores complicaciones hasta que un sheriff (interpretado por el inquietante Dennis Hopper) vengaba la muerte de un familiar a manos de Leatherface y compañía, poniéndose para ello al mismo nivel de psicopatía que sus enemigos (mítico es su duelo de motosierras con Cara de Cuero). En resumidas cuentas, esto es más o menos lo que cuenta Rob Zombie en Los renegados del Diablo.


La casa de los Firefly es asediada por el sheriff Wydell (William Forsythe, veterano del cine chusco, del que recuerdo especialmente su papel del villano Ice en Frío como el acero [Stone Cold, Craig R. Baxley, 1991]). Tras la cruenta redada, uno de los Firefly resulta muerto, mientras que Mamá Firefly es arrestada (por cierto, a ésta ya no la interpreta Karen Black, sino la inolvidable Sargento Callahan de la saga Loca academia de policía, Leslie Easterbrook). El deforme Tiny (el tristemente fallecido Matthew McGrory) no se ve implicado en el altercado, mientras que Otis (Bill Moseley, que hizo de Chop Top en Masacre en Texas 2...) y Baby (la esposa del director, Sheri Moon Zombie) escapan de la matanza. Los supervivientes piden ayuda a su padre, el Capitán Spaulding (Sid Haig) y deciden reunirse en el club de su viejo amigo Charlie Altamont (Ken Foree, protagonista del Zombi [Dawn of the Dead, 1978] de Romero y de... La matanza de Texas III [Leatherface: The Texas Chainsaw Massacre part III, Jeff Burr, 1990]), pero antes de llegar harán una parada en un motel donde darán rienda suelta a sus instintos y costumbres más depravadas.

Hasta aquí, la película disfruta de un ritmo endiablado, pero al mismo tiempo que los personajes detienen su huida momentáneamente en el motel, la historia se estanca para mostrar un catálogo de humillaciones, despropósitos y atrocidades que para algunos constituirán el plato fuerte de la función y, para otros, un segundo acto algo tedioso lleno de situaciones incómodas y que no llevan a ninguna parte más que a mostrar violencia gratuita y vejaciones. Sinceramente, soy incapaz de posicionarme a un lado o a otro. El cinéfago que llevo dentro le da las gracias a Zombie por darle la oportunidad de ver un compendio de secuencias fuertes e incómodas, a contracorriente y tan valientes que casi parecen suicidas. Pero al mismo tiempo llegué a sentir en algunos momentos que la película no me ofrecía otra cosa que eso, locura y violencia, lo cual llega a cansar cuando te lo sirven en cantidades industriales. Y es que, si analizamos la estructura dramática de la cinta fríamente, nos damos cuenta de que Rob Zombie se salta todas las reglas y se olvida de otorgar a su historia de ritmo o tensión. Apenas hay sorpresas y la cinta es incapaz de provocar entusiasmo en cualquiera que no sea devoto del género (en la sala donde vi la película se salieron tres personas, y se escuchaban constantemente los comentarios negativos del resto). Estéticamente la podríamos calificar sin remordimientos como fea. Tan fea y sucia como sus personajes (los protagonistas y los secundarios). Pero esto es así por necesidad. La elaborada fotografía de colores rojos y azules reminiscente de Lucio Fulci y Dario Argento que disfrutamos en La casa de los 1000 cadáveres se convierte aquí en un monocromático marrón arenoso, hasta tal punto que por momentos parece que las instrucciones de Zombie al director de fotografía, Phil Parmet, han sido que parezca que no haya ninguna elaboración previa, con luces y sombras naturales y planos que parecen improvisados. Es decir, conseguir un tono realista tan potente que, en no pocos momentos, parte de la incomodidad que provoca la cinta en el espectador surge de la sensación de estar acompañando a los Firefly en sus matanzas, sentados junto a ellos en la cama del motel o en la parte de atrás de la camioneta.


Los renegados del Diablo no es la obra maestra que esperaba (o, mejor dicho, que deseaba ver), sino una película audaz con grandes aciertos, pero también con escenas que estarían mejor en la sección "secuencias eliminadas" de su futura edición en DVD. Hablando de esto, hay que destacar la decepción que ha provocado en muchos fans la desaparición en el montaje final de Rosario Dawson, que moría sangrientamente a manos del Dr. Satán. Éste tampoco aparece, según Zombie, para distanciarse aún más del género de terror al que se adscribía la primera parte. Quizá ahí resida parte del desencanto que me ha producido esta secuela: en que los modelos que seguía el director en su anterior película me interesan más que los que ha tomado como referencia en ésta; en que me gusta más el terror de serie B que el spaghetti western; en que, a pesar de todo, sigo disfrutando más de Craven o Hooper que de Peckinpah o Boorman. A algunos les parecerá triste, pero es así, amigos. En resumidas cuentas, Los renegados del Diablo me ha parecido una película que camina entre lo excitante (el magnífico final, de lo mejor que he visto últimamente) y lo irritante (la escena del "tutti puti frutti", por ejemplo), pero en la que no puedo dejar de pensar desde que la vi. Y eso no puede ser malo.


Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.

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