Texto inédito para el Nocturna FF


Semanas previas al Nocturna Film Festival 2014, celebrado en Madrid del 28 de mayo al 1 de junio de este año, tuve el honor de ser reclamado por Rubén Higueras (autor del estupendísimo libro Lucio Fulci: Epifanías del horror, que fue reseñado en Retumbarama! hace unos meses) para escribir un par de textos que deberían ser incluidos en el diario digital del festival. Uno de ellos serviría para acompañar al estreno de Extraterrestrial (Íd, The Vicious Brothers, 2014) y estaría centrado en las invasiones de alienígenas hostiles. El otro texto giraría en torno a una sesión doble que Phenomena preparó durante el transcurso del Nocturna: la proyección de Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985) —bajo el sello de Little Phenomena— y de Invasores de Marte (Invaders from Mars, Tobe Hooper, 1986) —dentro de lo que se iba a denominar Phenomena Grindhouse—. Encantado con la propuesta, me puse a ello con ilusión y ganas, orgulloso de poder colaborar en un nuevo proyecto y de saber que alguien confiaba lo suficiente en mi talento como para solicitarme unas palabras. 

El encanto se desvaneció cuando fueron apareciendo los números del diario digital en el que deberían estar mis colaboraciones... y estas no aparecían por ningún lado. Problemas de espacio y de maquetación hicieron que mi firma permaneciera en la lista de colaboradores, pero que no quedara ni rastro de mis textos. Un chasco.

Semanas después, comprobé con alivio que uno de esos dos escritos aparecía por fin a la luz, pero en un medio diferente (y, a la vez, íntimamente ligado con el Nocturna Film Festival): la web de Scifiworld (podéis leerlo haciendo clic aquí). Lo que de verdad me hubiera gustado habría sido aparecer en la versión impresa, pero ya podía darme con un canto en los dientes al saber que, por lo menos, mi esfuerzo no habría sido totalmente en vano. Sin embargo, había otro documento que, quizá por ser más coyuntural (al fin y al cabo se trataba de algo relacionado con un acontecimiento concreto que ya había pasado), estaba condenado a quedarse para siempre enterrado en una carpeta de mi ordenador. 

Hasta ahora.

Puede que no sea gran cosa, pero también es posible que sea la primera vez que escribo algo sobre una película tan influyente (y manida) como Los Goonies. En cuanto a Invasores de Marte, la falta de tiempo y el exceso de trabajo hicieron que no pudiera encargarme de ella para el libro Cannon Films, delegando la reseña en ese titán que es José Viruete y que recogió el testigo con gusto, sacándome de un apuro. Sin embargo, me quedé con las ganas de analizar este título aunque fuera de manera breve. 

Por todo ello, os dejo este texto con el que me quito varias espinas de golpe y con el que, de paso, insuflo algo de vida a un blog que tengo desatendido por diversos motivos, pero al que no quiero dejar morir en absoluto.

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LOS GOONIES / INVASORES DE MARTE

Si encuestaran a los jóvenes nacidos entre 1975 y 1985 preguntando cuál es la película que marcó sus infancias, es indudable que una de las respuestas más comunes sería Los Goonies (The Goonies, 1985). Eso es tan cierto como que el agua moja o el fuego quema. Bien sea por la oportunidad de descubrirla en una sala de cine a los diez años, por toparse con su espectacular carátula en un videoclub o por visionarla en uno de sus incontables pases televisivos, quien más y quien menos se sabe de memoria los diálogos del guión de Chris Columbus, se identificaba al cien por cien con alguno de los personajes (principalmente Mikey o Data), le recorre un escalofrío por la espalda cuando escucha los nombres de ‘Willie el tuerto’ o Chester Copperpot, se preguntaba (hasta que llegó el DVD) a qué demonios se referían con lo del pulpo y, en algún momento de su infancia, ha quedado con unos amigos para salir en bicicleta a buscar aventuras de manera infructuosa.

La cinta de Richard Donner supuso una de las cimas de Amblin Entertainment, la famosa compañía fundada en 1981 por Steven Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall. Estos titanes del espectáculo fueron responsables de títulos sin los que no podemos concebir nuestro crecimiento emocional, tales como E.T., el extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982), Gremlins (Gremlins, 1984), El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1985) o Regreso al futuro (Back to the Future, 1985). Entre todos ellos, Los Goonies se alza quizá con el puesto del largometraje que causó mayor impacto generacional.

¿Qué distingue a esta película de otras cintas destinadas al público infantil que se filman en la actualidad? La diferencia más notable probablemente sea que, al contrario de lo que suele ocurrir hoy en día, Los Goonies trataba a su público potencial con respeto y le hablaba de tú a tú, no desde el punto de vista sobreprotector de unos adultos que, cada vez más, han adquirido un miedo a que sus hijos sueñen, a que jueguen, a que dejen volar su imaginación y salgan al mundo exterior a conocerlo en compañía de sus amigos, antes de que repentinamente se conviertan en adultos y ya no tengan tiempo para nada de eso y se vean obligados a ocuparse de otros asuntos más prosaicos. Los Goonies captura una edad física y mental en la que cualquier cosa puede suceder. Esa etapa vital en la que una visita al desván puede desembocar en la mayor aventura de nuestras vidas. Con su estructura de yincana llena de riesgos y descubrimientos insólitos, la película de Donner invita al espectador adulto a volver a soñar y a evocar tiempos más felices. Con sus inofensivos sobresaltos, el enaltecimiento de la amistad y su ritmo imparable, Los Goonies sigue siendo también una producción totalmente disfrutable para los niños de hoy. Y Phenomena está dispuesta a demostrarlo con esta sesión infantil con la que quiere constatar, además, que los críos son mucho más inteligentes de lo que a veces los responsables de productos audiovisuales infantiles creen que son.

Por ese motivo, Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1986) de Tobe Hooper es un producto idóneo para acompañar a la cinta de Donner en esta sesión doble, aunque a priori pueda resultar una elección un tanto extraña. Viniendo del responsable de La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) y de los productores de Desaparecido en combate (Missing in Action, 1984), Cobra (Cobra, 1986) o Contacto Sangriento (Bloodsport, 1988), Menahem Golan y Yoram Globus, es posible que alguien considere una locura incluir Invasores de Marte en este programa doble. Pero que nadie se engañe: la película de Hooper, remake del clásico de William Cameron Menzies de 1953, posee todo el sentido de la maravilla, el espíritu aventurero y la capacidad de sorpresa de la mirada infantil desde la que está narrada. A través de los ojos de un niño, vemos cómo este debe enfrentarse a uno de los peores temores que cualquier infante puede sufrir: descubrir que, de repente, sus padres se han convertido en otros seres y que, para colmo, ya no le quieren. El problema se extiende por todo su micro universo (principalmente el colegio) y se ve aislado intentando averiguar en quién puede confiar y cómo solucionar la papeleta, mientras los extraterrestres prosiguen en su intento de suplantar la identidad de todos los habitantes del pequeño pueblo en el que vive el pequeño héroe.

Una historia que hemos visto miles de veces y con distintos aditamentos, pero contada desde la perspectiva de quien todavía cree en lo extraordinario, un niño a quien los adultos no creen en principio y que sirve para que los espectadores más pequeños puedan dejarse arrastrar por una trama que les inquietará e incluso les hará pasar un poco de miedo en algunos momentos. Pero no se preocupen, este pavor no es muy diferente al que provocan ciertos cuentos infantiles que les cuentan a sus hijos sin ningún atisbo de preocupación, así que pueden estar tranquilos. La película está llena además de efectos especiales artesanales que, vistos hoy en día, resultan tan anacrónicos como entrañables y, por tanto, constituyen una de las mayores bazas de su visionado.

Los Goonies e Invasores de Marte son dos películas que quizá no asocien de manera inmediata si hacen memoria. Es por ello que les puede resultar cuando menos curioso que vayan emparejadas en este programa. Pero así es Phenomena, imprevisible y arriesgado, siempre desde el respeto a los clásicos, nuestros clásicos, y pensando en que el público disfrute y reviva la experiencia de ver en pantalla grande algunos títulos que hace décadas que no se exhiben en ninguna de ellas. También, y todavía con más ahínco en este caso, intentando dar a conocer a las nuevas generaciones aquellos títulos que nos hicieron vibrar a los que ya peinamos canas. Esqueletos de piratas y marcianos, niños descubriendo el mundo, peligros, aventuras y naves espaciales. ¿Se puede pedir más?

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