Putokrío (Jorge Riera. Edicions de Ponent, 2014)


Cuando descubrí a Putokrío gracias a su propio autor, Jorge Riera, dije algo que sigo pensando sobre esa abortada serie que iba a ser vista por Adult Swim y que nunca llegó a emitirse: no sabía si descojonarme, vomitar o llorar a lo largo de los cuatro minutos que duraba cada episodio. Nunca había visto nada igual, ninguna otra obra audiovisual que, en tan poco tiempo, consiguiera golpearme y sacudirme de un lado a otro haciéndome chocar contra los muros de las emociones humanas. Curtido en mil y una batallas, autodidacta, superviviente y sociópata, Riera lleva años prolongando un discurso que puede parecer autodestructivo pero que, en el fondo, tiene mucho de terapia y auto exorcismo. Una autobiografía visceral multimedia que se ha propagado por revistas, internet y televisión (lo último, en Alaska y Coronas, de Televisión Española) y que le sirve a este realizador y guionista para purgar sus pecados, analizar sus miedos y dejarnos turulatos por el camino

Llamado simplemente Putokrío, este libro publicado por Edicions de Ponent pone de relieve la necesidad de un autor como Riera en el panorama editorial (y cultural) de nuestro país. Y no es sólo porque no tenga pelos en la lengua. En realidad, hacer ruido con exabruptos y provocaciones es relativamente fácil, cualquiera puede hacerlo y no es necesario ser especialmente hábil para hacer reír con chistes escatológicos. Pero hace falta mucho valor y mucha entrega para atreverse a contarnos ciertas anécdotas que, si bien podrían estar apropiadamente exageradas, no dejan de ser sobrecogedoras (la historia de la vecina loca, la compleja relación con sus padres, la violencia de su abuelo...). Ahí reside el valor de Putokrío, personaje, libro y autor, en adentrarnos en una zona incómoda donde somos primero testigos presenciales y después, casi sin que nos demos cuenta de la progresiva mímesis que estamos sufriendo, partícipes de lo que está ocurriendo en una viñetas que bien podrían estar contando historias nuestras, desenterrando recuerdos que habíamos intentado guardar en un ataúd y que Riera nos echa a la cara a palazos sin compasión ni remordimientos. 

A Jorge Riera nunca le ha hecho falta saber dibujar para ser autor de sus propios cómics (algo que explica en este libro), pero en esta ocasión ha tenido la gran idea de rodearse de una serie de brillantes ilustradores que aportan su propia personalidad a las historias guionizadas por Riera. Así, por las páginas de Putokrío desfilan nombres como Juaco Vizuete, Darío Adanti, Mauro Entrialgo, Francisco Redondo, Néstor Fernández o Borja González (un habitual de Retumbarama!). Además, hay un prólogo de Óscar Aibar y un epílogo de Hernán Migoya. Entre todos dan forma a un trabajo imprescindible, lleno de humor y furia, de odio y desesperación, pero también de amor y energía. Y en el que, como suele ocurrir en estos casos, sobresalen algunos episodios sobre los demás, sin que ninguno desmerezca en absoluto. Ahí van mis favoritos: Guerra de células, Ana se escribe al revés, Un entierro de perros y El fracaso de mi éxito. Cada uno con su propio estilo... pero todos marcados por la incendiaria personalidad de Riera. 

Mi enhorabuena a todos los implicados. 

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