Pompeya

Título Original: Pompeii. Director: Paul W.S. Anderson. Año: 2014. Duración: 102 minutos. Género: Peplum/Catastrófico.
Se habla mucho sobre la decepción que ha supuesto Paul W.S. Anderson para el género de la ciencia-ficción, sobre todo a raíz de lo mucho que impactó entre cierto público su Horizonte final (Event Horizon, 1997) -quizá la mejor película de su filmografía- y a las buenas vibraciones que provocó su debut, Shopping: de tiendas (Shopping, 1994). Pero, ¿qué queréis que os diga? Para mí, alguien que se entrega con tanta pasión a dirigir Mortal Kombat (1995), Soldier (1998), Resident Evil (2002) o La carrera de la muerte (Death Race, 2008) merece todo el respeto del mundo. Y no es porque alguna de esas cintas sea memorable (que ninguna lo es), sino porque en todos y cada uno de sus trabajos, Anderson exhibe una voluntad total hacia un único objetivo: entretener al espectador. Y es un entretenimiento fácil, simple si se quiere decir así, pero necesario... sobre todo en una época en la que el propio cine de entretenimiento se ha olvidado con demasiada frecuencia de su misión principal

Pompeya reincide en ese tipo de espectáculo de narrativa explosiva y argumento mínimo tan propio de Anderson, utilizando un género que en su época fue pasto de la serie B italiana, el Peplum, para devolverlo a ese terreno de la sencillez y alejarlo de la solemnidad o el postmodernismo con el que Hollywood lo ha encarado de un tiempo a esta parte. Así, no es de extrañar que algunos digan que Pompeya es una versión pobre de Gladiator mezclada con el cine de desastres de Roland Emmerich. Aunque yo me pregunto, ¿no nos estamos poniendo demasiado exquisitos con algo que en su momento fue una manera de llenar salas sin complicarle la vida al espectador? Por lo tanto, sí, puede que Pompeya sea un Gladiator de serie B con elementos de disaster movie à la Emmerich, pero... joder, ¿realmente eso tiene algo de malo? Definitivamente, no estamos ante el mejor trabajo de Anderson, ni el más espectacular ni el más divertido. De hecho, hasta podríamos decir que, en comparación con otras de sus películas, el trabajo que realiza aquí con la cámara resulta hasta contenido. Y a pesar de esto, no es un largometraje execrable, ni muchísimo menos. 

Con interpretaciones que van de lo pasado de rosca (Sutherland) a lo hierático (Harington), pasando por lo autista (Browning), lo entusiasta (Akinnuoye-Agbaje) y lo puramente exuberante (Lucas), Pompeya rezuma cartón piedra por cada uno de sus frames (se ha rodado en digital, así que no puedo utilizar la palabra "fotograma", chicos) a pesar de haber costado 100 millones de dólares. Muy bien aprovechados, por otro lado, en reconstruir la explosión del Vesubio como nunca antes la habíamos visto. Un volcán, por cierto, que actúa como un personaje más en un guion en el que me sobra la forzada historia de amor y me falta alguna hostia más, aunque las que hay no son pocas ni son malas.  

Dicho todo esto, deduzco que a los cinéfilos de postín les perecerá un bluff. A los postmodernos les resultará demasiado anticuada. Pero, por favor, no os pongáis plastas y dejad que los cinéfagos tengamos un momento de relax. Creo que, entre tanta superproducción con ínfulas de trascendencia, nos merecemos un respiro. Gracias. 

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