El Poder del Tai Chi

Título Original: Man of Tai Chi. Director: Keanu Reeves. Año: 2013. Duración: 105 minutos. Género: Acción/Artes Marciales.
Al contrario que muchos compañeros que han visto (y criticado) la película, a priori yo no tenía ninguna objeción al hecho de que Keanu Reeves, actor limitado pero simpático, se atreviera a debutar como director de cine. Y menos aun a que lo haya hecho dentro de un género que no domina pero en el que ha tenido sobradas ocasiones de probar suerte. Gracias a su aproximación a las artes marciales con la trilogía Matrix, el bueno de Keanu debió sufrir una especie de revelación mística (muy propio de alguien cuyo nombre significa "Brisa fría de las montañas" en hawaiano) y, como si hubiese sido chino de toda la vida, se enzarzó en la tarea de convertirse en un luchador más capacitado. No solo eso, también aspiraba a poder medirse cara a cara con quien fuera su doble en la citada saga, Tiger Hu Chen, a quien daría el papel protagonista de su ópera prima. Siendo este un trabajo surgido de un claro ejemplo de "Demasiada pasión por lo suyo", no cabía esperar menos que una obra llena de amor hacia el cine de artes marciales y una oportunidad para ver en pantalla grande combates como hacía años que no veíamos. Así las cosas, y después del disgusto que me supuso La leyenda del Samurai (47 Ronin), esperaba con ciertas expectativas El Poder del Tai Chi. Lo que no podía sospechar era que me gustara todavía menos que aquella...

A ver, seamos francos: soy un tipo de gustos sencillos. Me gustan las películas de acción que se muestran orgullosas de ser películas de acción. Y me toca muchísimo las pelotas algo que el cine está copiando de la alta cocina: realizar productos que son una cosa distinta a la que aparentan ser. Como unas patatas panaderas que no son patatas panaderas porque están hechas de pasta pero que parecen patatas panaderas (en efecto, yo también veo Master Chef). Llevando esto al terreno que nos interesa ahora, he de aclarar que a mí una película con un argumento de venganza de manual y unos cuantos chinos liándose a hostias en un descampado ya me vale. Pero, ay, ¿qué sucedería si esa película pretendiera, además, ofrecer un argumento más enrevesado para ganar algo de profundidad pero sólo consiguiera resultar confusa e incómoda? Pues eso justamente es El Poder del Tai Chi: una cinta que ofrece buenas escenas de lucha (coreografiadas por Yuen Woo-Ping) pero que pierde la belleza de la simplicidad al introducir tramas paralelas que no van a ninguna parte (la protagonizada por Simon Yam y Karen Mok, cuyas presencias siempre se agradecen, por otra parte), al pretender darle algo de seriedad al conflicto moral del protagonista (algo que no se consigue porque, simplemente, este tipo no sabe transmitir NADA) y al meter un villano tan over the top que se da la vuelta y parece tonto (la peor actuación de Keanu Reeves jamás vista). 

El Poder del Tai Chi sólo es disfrutable como catálogo de escenas de lucha. Pero ni por esas se salva: casi todas transcurren en el mismo escenario y, para colmo, Reeves desaprovecha la oportunidad de filmar un grand finale con Chen versus Iko Uwais para reservarse él mismo el privilegio de ser el final boss y cagarla. Pero quizá lo peor de todo sea que, después de verla, uno empieza a pensar que igual la de 47 Ronin no era tan mala... 

No ha sido un mal esfuerzo, Keanu. Pero, por favor, la próxima vez procura que nos importe algo de lo que aparece en pantalla. Aunque sólo sea para involucrarnos en la historia. Que para ver raciones de hostias ya tenemos recopilaciones en YouTube. Gracias.

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