8 apellidos vascos

Título Original: Ocho apellidos vascos. Director: Emilio Martínez-Lázaro. Año: 2014. Duración: 98 minutos. Género: Comedia.
Me gustaría poder decir que esta película es mala. En serio, me encantaría. Por pura inquina personal hacia su director, lo reconozco, porque me cae mal. No tengo la suerte o la desgracia de conocerle personalmente, pero hace poco hizo unas declaraciones que le colocaron directamente en mi lista negra de cineastas españoles tocapelotas junto a Pilar Miró o Fernando Méndez Leite. Decía Martínez-Lázaro para el ABC que "Hubo un momento en el que nos dio por el terror. Hay un tío en Barcelona (sic) que se llama Balagueró y que las hace como Dios. ¿Pero el resto? Flojitas... Prefiero que hagamos cine de la copla que cine de vampiros, porque es más nuestro y sabemos de lo que hablamos". Se ve que el amigo Emilio no se acuerda de Pastel de sangre (1971), cinta de terror dividida en cuatro historias dirigidas por Francesc Bellmunt, Jaime Chávarri, José María Vallés y el propio Martínez-Lázaro. O peor, que reniega de ella y de todas las películas de terror y fantásticas que se han filmado en España mucho antes de que Balagueró se acercara por primera vez a una cámara. Dice Martínez-Lázaro también que le da igual el público, pero vuelve a ser una incoherencia: si no es por la taquilla, ¿por qué hizo Los 2 lados de la cama? ¿La estrategia de su nuevo trabajo no es demasiado parecido a la de Bienvenidos al norte (Bienvenue chez les Ch'tis, Dany Boon, 2008), uno de los mayores éxitos del cine francés?

También me gustaría poder decir que es mala porque odio los bombardeos publicitarios de Mediaset, colocando fragmentos de la película, spots y anuncios de merchandising en cada puto corte publicitario de todos sus canales de televisión. Y por meter a Dani Rovira hasta en la sopa, que antes me caía bien y ahora me provoca pesadillas y me da la sensación de que va a estar detrás de cada esquina agazapado para saltar y contarme un chiste. Todo esto  me da mucha rabia porque nos conduce directamente al otro motivo por el que me gustaría destrozar la película: el maldito borreguismo del público. Y no hablo del público que va regularmente al cine y que ha ido a ver esta cinta como podría haber pagado por ver cualquier otra. No. Me quejo del público que va al cine una o dos veces al año como mucho y nunca, nunca, va a ver algo por voluntad propia, sino para no sentirse excluido de la masa y no ser el único que no ha ido a ver la peli de moda. Es decir, que no va a ver lo que siente curiosidad por ver, sino lo que le obligan a ver. Me quito el sombrero, como suelo decir, ante la capacidad de Mediaset para convencer a la masa de que tiene que ir a ver sus películas sí o sí, para hacerles pensar que van a ver lo nunca visto y que no se lo van a pasar mejor en la puta vida que yendo a ver Ocho apellidos vascos. Y, hombre, hay que haber visto muy pocas comedias o estar muy entregado a la causa para considerar esta película la repanocha.

Pero me tengo que joder, porque a pesar de todas esas rabietas, resulta que la película es lo suficientemente divertida como para que merezca la pena su visionado. Eso sí, con matices. Diego San José y Borja Cobeaga escribieron también los guiones de Pagafantas (2009) y No controles (2010), dirigidas ambas por Cobeaga (quien sabe mucho, por cierto, de reírse de los tópicos vascos gracias a su paso por Vaya Semanita en ETB). Y, aunque ambos títulos no cumplieron las expectativas en taquilla que se había depositado en ellos, resultaban muchísimo más atrevidos, estimulantes y logrados que la película de Emilio Martínez-Lázaro. Sobre todo porque, además de tener gracia, lograban conectar muy bien con el público joven. En cambio, Ocho apellidos vascos huele a rancio. No ya a Landismo, como se ha dicho en ocasiones, sino a cine de folclóricas y a sketch de Los Morancos. En ocasiones falla al reírse de los tópicos porque no da la sensación de que se esté burlando de ellos, sino que directamente se está sirviendo de los mismos para construir un humor a veces torpe y añejo. Y culmina con un cuarto de hora final vergonzante, indigno de San José y Cobeaga (por lo que intuyo que el director ha metido bastante mano en el libreto). La cuestión es que, a pesar de estos defectos (que, cuidado, no son tampoco insalvables), el largometraje se deja ver con facilidad y se apoya muy bien en la comicidad de sus intérpretes (mejor Elejalde y Machi que Rovira y Lago, por cierto). Además, el ritmo es aceptable y, aunque a mí personalmente no me hizo reírme demasiado, sí que te pasas la proyección con la sonrisa en los labios.

Así que nada, a tragarme mis manías. Porque, por una vez, he de reconocer que la película de moda no está mal. Aunque, eso sí, comedias españolas más divertidas y que han tenido menos éxito se me ocurren unas cuantas...

Comentarios

  1. Es una pena que el cine español no arriesgue y vaya a por más. Vuelve a lo "fácil", ofrece en este caso unas risas gratuitas (que no vienen nada de mal) y ya está. Hay muchos sectores que nunca explotan, la ciencia ficción (la última que recuerde 'EVA'), acción... Y que no me vengan con lo del presupuesto, que la película tailandesa 'The Raid' tenía un presupuesto paupérrimo...

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    1. A los productores españoles les falta creer en que un cine como el que tú dices es posible en nuestro país. Desde luego, hay directores que sí piensan que puede hacerse, pero lamentablemente tienen que hacerlo en el extranjero...

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