3 días para matar

Título Original: 3 Days to Kill. Director: McG. Año: 2014. Duración: 122 minutos. Género: Acción.
Si la carrera de Luc Besson como director es cada vez menos interesante (situación que podría arreglar la próxima Lucy... con una explosiva Scarlett Johansson), como productor y guionista sigue siendo un tipo capaz de apadrinar artefactos simples y efectivos que sacian de vez en cuando nuestras ansias de ver acción en pantalla grande (un género que, tengámoslo en cuenta, cada vez prolifera menos en las salas). A través de EuropaCorp., Besson ha plantado cara a la industria norteamericana y ha generado sus propias sagas, con Transporter y Venganza a la cabeza. Y a nosotros nos parece genial que, a pesar de la irregularidad de muchos de estos trabajos, detrás de ellos se intuya siempre la sana vocación de entretener

3 días para matar podría haber sido la tercera parte de la saga protagonizada por Liam Neeson; al fin y al cabo esto va de nuevo sobre un tipo duro y maduro (ahora Kevin Costner) capaz de desarticular un comando terrorista pero incapaz de lidiar con su familia. Sin embargo, se han añadido matices que la convierten en una experiencia distinta y que, pese a esas coincidencias iniciales, alejan la película de la serie Venganza. La principal diferencia es que el Ethan Renner de Costner (sensacional en su papel) es mucho más vulnerable que el Bryan Mills de Neeson. No es algo que vaya sólo en su manera de ser, más melancólica, sino en la propia situación en la que se encuentra el personaje: casi al comienzo de la cinta le comunican que tiene un cáncer terminal que acabará con su vida en pocos meses. De ahí que decida hacer las paces consigo mismo y reconciliarse con una ex mujer y una hija con las que hace tiempo que no mantiene una relación estrecha. Los superiores de Renner, a cambio de ofrecerle un medicamento experimental que podría alargar su vida (y de dejarle pasearse por ahí con Amber Heard, que no es poco), le piden que cumpla para ellos una última misión. Y así, durante dos horas más largas de lo necesario, Renner intentará compaginar su faceta de macho man con la de padre de familia, al mismo tiempo que lucha por mantenerse en pie cada vez que su cuerpo le recuerda que está en las últimas.

Con este trasfondo crepuscular y trágico, podríamos pensar que 3 días para matar iba a tener un tono serio o triste. Pero no, para nada. Más bien al contrario, la película se ve contagiada (¿contaminada?) por insistentes golpes de humor que van desde el running gag del I love it de Icona Pop en el móvil del héroe hasta los peculiares métodos de tortura que aplica a sus víctimas. No pasa nada, tampoco es algo que moleste demasiado. Del mismo modo que no estorba mucho toda la trama familiar porque, al fin y al cabo, tanto Costner como Connie Nielsen y Hailee Steinfeld saben encarar sus personajes con la suficiente profesionalidad como para que nos importe lo que les ocurre. Pero sí que molesta un poco que, después de un arranque potentísimo con una secuencia de acción brillante (el único instante en el que se aprecia la fuerza que tenía McG en sus comienzos), el resto de metraje ande algo descompensado en este sentido. Y que la historia carezca de villanos más carismáticos, algo muy importante en el género y sin lo que todo largometraje de este tipo se queda cojo. Pese a esto, 3 días para matar es un producto disfrutable y simpático, muy en la línea de otros que llevan el sello de Luc Besson y, además, es una oportunidad magnífica para reencontrarnos con el Kevin Coster que podía ser blando y feroz al mismo tiempo, con guiño a El Guardaespaldas incluido.

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