Semana de Retumbalibros (II): John Carpenter. Un clásico americano


Juan A. Pedrero Santos
T&B Editores, 2013
224 páginas

Ya hablamos en Retumbarama! hace unos meses sobre John Carpenter, cuando publiqué una lista no exenta de polémica (especialmente en mis perfiles de las redes sociales) con las cinco películas del maestro que recomendaría a cualquiera que no conociera su cine y quisiera adentrarse en él. En ese post hacía mención a dos libros que acababan de salir al mercado y que estaban dedicados íntegramente a la figura del director de La Cosa o Están vivos: John Carpenter. Un clásico americano de Juan Andrés Pedrero Santos (T&B Editores, 2013) y John Carpenter. Ultimátum a la Tierra (VV.AA., Macnulti Editores, 2013). El segundo todavía no lo he leído, pero sí que he tenido la oportunidad de echarle el guante al volumen de Pedrero Santos, autor al que ya conocía sobre todo gracias a su espectacular Terror Cinema (Calamar Ediciones, 2008), donde hacía gala de su conocimiento enciclopédico del género y, de paso, nos regalaba una bellísima colección de imágenes que, a la postre (y quizá en perjuicio del trabajo del escritor), terminaban acaparando casi todo el protagonismo del libro. Tras glosar la vida y obra de Johnny Weissmuller, James Whale y Ridley Scott en otras publicaciones, Pedrero Santos dedica su quinto libro a un John Carpenter al que profesa una admiración incuestionable, pero cuya obra no duda en analizar de manera crítica y subjetiva en estas páginas. Como debería ser siempre en estos casos, añado. 

El volumen se abre con una serie de capítulos breves que pretenden arrojar una visión global sobre John Carpenter partiendo de aspectos concretos de su personalidad artística: se trata la adscripción del director a distintos géneros, su evidente conexión con el cine clásico, la disyuntiva entre considerarle autor o simple artesano, su utilización de la música y, por su puesto, su conexión con Howard Hawks. 

A continuación viene la que, en otras circunstancias, habría sido una de las partes más interesantes del libro: una entrevista a John Carpenter que el autor reconoce sin problemas haber realizado a través de Internet. Cosa que le honra, porque podría haber dicho que le ha entrevistado en su oficina en Estados Unidos y nos lo hubiéramos creído igual. Se produce un momento incómodo aquí en el lector, ya que es evidente que al bueno de Carpenter la entrevista se la trae al pairo. O está muy ocupado (¿en serio?). O es que no le gusta demasiado sentarse delante del ordenador para responder las preguntas de nadie. No hay que culpar a Pedrero Santos, por supuesto, porque se nota que él puso todo el empeño del mundo en la entrevista, pero digamos que Carpenter no se muestra tan elocuente con el teclado como con la cámara, dejando sin contestar varias preguntas que su agente aconsejó no hacer y respondiendo de manera escueta a otras tantas. Esto provoca situaciones como esta: 

Pregunta: En 'Fantasmas de Marte de John Carpenter' están muy poco dibujados los enloquecidos mineros marcianos; en cambio sí se esfuerza más con los policías y los reclusos que tratan de defenderse de ellos, ¿puede explicar esa diferencia?

Respuesta: No

En fin, artistas... A nosotros nos pasó lo mismo con Van Damme cuando intentamos entrevistarle para VanDammeForum, así que entiendo muy bien la agridulce sensación que debió tener Juan Andrés cuando recibió el correo, abrió el archivo y se encontró con esto. 

Después de esa pequeña decepción (seguro que más para el autor que para el lector, al fin y al cabo), el libro llega a su bloque más grueso con un repaso a la filmografía de Carpenter, citando tanto los trabajos que hizo para el cine como los que realizó para televisión. Para un servidor, esta es la mejor parte del volumen y el verdadero motivo por que lo adquirí, ya que los primeros capítulos no dejan de ser una recopilación de datos que ya sabíamos. En cambio, este análisis de las películas de Carpenter incluye apuntes bien interesantes (algunos descubiertos por Ángel Agudo, destacando sobre todo el de un posible precedente de Halloween al que podrían haber plagiado), por mucho que se cuelen entre datos que ya conocíamos de sobra. Por otro lado, lo que más me interesaba del libro era conocer la opinión de Pedrero Santos sobre la filmografía de Carpenter, ver cuáles eran sus títulos favoritos y cuáles le gustaban menos, cuál reivindicaba de entre las cintas menos famosas del director y cuál tildaba de sobrevalorada (si es que hubiera alguna). Y, en ese sentido, hay que decir que no difiero demasiado de las opiniones del autor, como tampoco diferirán la mayoría de los seguidores de Carpenter que lean el libro. Pero no deja de sorprender la relativa frialdad con la que repasa La Cosa (que, de acuerdo, era una cinta producida por un gran estudio, pero no dejaba de ser al mismo tiempo una de las obras más personales del cineasta, por mucho que la música o el guión no vinieran firmados por él). Ni, sobre todo, la desidia que le provoca al autor El pueblo de los malditos, que a mí me resulta más interesante que la cinta original de Wolf Rilla estrenada en 1960. Pero ahí se encuentra, al fin y al cabo, la gracia de los ensayos críticos sobre cine: en contrastar nuestra opinión con la del autor, abrirnos los ojos a puntos de vista que no habíamos tenido en cuenta o reafirmarnos en nuestras ideas. 

Sin que sea un libro que vaya a descubrir nada demasiado nuevo a los fans más acérrimos de Carpenter, el trabajo de Pedrero Santos resulta un salto cualitativo con respecto a la anterior referencia que teníamos en nuestras bibliotecas sobre este director, John Carpenter. No estamos solos (Óscar Losada, Nuer Ediciones, 1999). Y, por tanto, es un libro que ningún seguidor debería perderse.

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