Fanter Film Festival 2014

Mis terrores favoritos: Jason Voorhees, yo mismo y Freddy Krueger.

Ya son cuatro años seguidos en los que el mes de abril significa terror. Y no, no es por la alergia primaveral (que también), sino por la cita ineludible con el Fanter Film Festival, ese bello evento que coordinan Pablo Carrero y su equipo de AbandoMoviez y que sigue imparable su marcha hacia una meta muy clara: convertirse en un festival de referencia dentro de nuestro país. Esto no debería ser muy difícil si tuviera que ver exclusivamente con el empeño y el cariño que todos sus responsables ponen en organizarlo todo, el problema es que parece que están rozando el techo que diversos condicionantes han colocado sobre sus cabezas. Hablemos sobre esas trabas en el siguiente párrafo.

Pablo Carrero corta la espectacular
tarta inspirada en Freddy Krueger.
En en esta edición se han contado por cientos las personas que no han podido entrar por falta de aforo, al estar ocupadas las 440 butacas de la Sala Capitol. En su primer año, ubicado en una sala más pequeña, el Fanter tuvo 1500 espectadores. El Fanter 2 se celebró ya en la Capitol y se dobló el número de espectadores, rozando los 3000. El tercer año fueron 3500 las personas que se dejaron caer por allí. El Fanter Film Festival IV ha congregado a 3700 espectadores sumando las entradas repartidas entre todos los pases. Así, en frío, puede parecer que el número no es muy espectacular y que no es un logro mayúsculo comparando la cifra con las de las dos ediciones previas. Pero es que la Sala Capitol no da para más. Ese número de 3700 significa que prácticamente todos los pases hicieron un lleno absoluto y que, de seguir celebrándose en el mismo sitio, esos datos no seguirán en aumento, sino que se estancarán. Teniendo en cuenta este poder de convocatoria, la solución parece fácil sobre el papel, ¿verdad? Se busca otro sitio más grande y punto. Eso estaría bien si el Fanter contara con ayudas, pero ese es el siguiente problema: la falta de apoyos económicos y de patrocinadores, algo esencial para la supervivencia de un festival de estas características en el que todo es gratis (no sólo las entradas, sino también las palomitas y el agua que se regala a los asistentes de cada pase). Por si todo esto no fuera suficiente quebradero de cabeza, hay que sumarle la poca confianza que algunas distribuidoras depositan en el Fanter, mostrándose reticentes a vender algunos de los títulos por los que Carrero y su equipo han pujado, quizá porque Extremadura sigue siendo Mordor para muchos y, por tanto, consideran que sus películas deben verse en certámenes de mayor envergadura y repercusión mediática. Por último, un escollo de dificilísima solución: la falta de concienciación de un público que no respeta aquello que no le cuesta dinero, incordiando durante las proyecciones con las pantallas de sus teléfonos móviles (algunos de ellos sin silenciar, por cierto) y abandonando la sala en mitad de algunas cintas, sin sentir ningún remordimiento por toda la gente que no ha podido entrar y que podría haber aprovechado mejor esos asientos. 

Una vez expuestas las dificultades a las que se tienen que enfrentar los creadores del Fanter, entenderéis mejor por qué tenemos que apoyarlo y difundirlo: el Festival de Cine de Terror y Fantástico de Abandomoviez es un acto de amor al cine peor tratado por la crítica, una reivindicación de unos valores cinematográficos que apelan a lo lúdico y lo evasivo por encima de todas las cosas... y un regalo para un público que quizá no es consciente de los esfuerzos que han tenido que realizar unas cuantas personas que han invertido su dinero, su tiempo, su empeño y su ilusión para que podamos disfrutar de estos tres días de placer cinéfago

Repasemos ahora las películas y cortometrajes que pudimos ver del 4 al 6 de abril:

DÍA 1
El año pasado Bea y yo tuvimos la sensación de que los chicos del Fanter exhibían cierto cansancio, quizá producto también del nerviosismo ante algo que veían crecer hasta alcanzar medidas insospechadas. En cambio, el Fanter Film Festival IV ha estado mejor organizado, el staff se ha mostrado más relajado (a pesar de las muchísimas horas que han tenido que dedicarle) y se ha notado un esfuerzo apreciable por implicar más al público en las presentaciones de las películas. Me comentaba Pablo que tenía razón en que el año pasado todo resultó un poco más caótico y les sirvió para aprender de cara a mejorar en el futuro. Podemos dar fe de que lo han conseguido y, por tanto, nuestra enhorabuena. Y también tenemos que agradecerles que esta vez hayan querido contar conmigo como jurado del concurso de cortos profesionales que forma parte del Fanter. La recepción de trabajos en esta edición ha sido impresionante, llegando cientos de cortometrajes de distintos países y de todos los calados, por lo que ha sido necesaria una labor exhaustiva de revisión y descartes que han llevado a cabo varios miembros del staff. Una vez pasada la criba, quedaron siete títulos que los integrantes del jurado tuvimos que visionar y puntuar. Uno de los mejores desde un punto de vista técnico fue La otra cena (Albert Blanc, 2013), que tuvo el honor de abrir la edición de este año, con un acabado formal impecable pero con un argumento demasiado tópico y que escondía en realidad una historia que no tenía nada que ver con el terror o lo fantástico: el relato, que versa sobre un pobre hombre que quiere volver a celebrar la cena de Navidad con una esposa que ya no le recuerda porque se ha transformado en zombie, podría eliminar fácilmente el elemento genérico y ser contado de la misma manera centrándose en la enfermedad del Alzheimer. Como idea no está mal, y hay valores cinematográficos en la propuesta que no se pueden ignorar, pero no deja de ser un corto tramposo en el sentido de que utiliza los lugares comunes del cine de muertos vivientes para hablar de otra cosa. Y eso, en un festival hecho por fans del terror y para fans del terror, es un poco mear fuera de tiesto. Tachadnos de conformistas, acusadnos de ser unos devotos del fan-service, pero a nosotros lo que nos pone es regocijarnos en los clichés y si los tocan, queremos que lo hagan para retorcerlos o exagerarlos, no para enmascarar conceptos más elevados. Por este motivo, recuperar cintas que todos conocemos y que las nuevas generaciones quizá no han visto nunca fue uno de los grandes hallazgos del Fanter 3, donde pudimos ver Muñeco diabólico (Child's Play, Tom Holland, 1988). En esta ocasión la película homenajeada ha sido la excelsa Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), coincidiendo con su trigésimo aniversario. Ver esto en pantalla grande es una experiencia mágica para todos los que nos dejamos las pestañas delante de la tele observándola una y otra vez en VHS, sintiendo escalofríos cada vez que arrancaban los títulos de crédito iniciales y pasando miedo como si la vida nos fuera en ello. Revisada hoy, es evidente que no resulta tan impactante como lo fue en su momento (de ahí que los más jóvenes se tomaran a guasa algunas de las escenas que hace treinta años nos ponían los pelos de punta), pero también es impepinable que retiene su capacidad para fascinar y para meterse en nuestro subconsciente y machacarnos mientras dormimos. Lo más comentado, no obstante, fueron las pintas de Johnny Depp y su declaración de amor poco antes de ser convertido en relleno para morcilla (patatera). 

De rasgos también oníricos fue Timothy (Marc Martínez, 2013), segundo de los cortos a competición que fue exhibido en la siguiente sesión. Lo más destacable de esta pequeña pieza de horror infantil psicopático es la excelente banda sonora de Gerard Pastor e Iván Garrido. Por lo demás, no deja de ser un tópico y alucinado relato de dobles personalidades adornado con un poco de efectivo gore. Y el gore, precisamente, fue el punto fuerte de la película que vino a continuación, Tú eres el siguiente (You're Next, Adam Wingard, 2011), sandunguera muestra del terror doméstico tan en boga últimamente que empieza como un slasher, continúa como una comedia negra y acaba convirtiéndose en un festival de trampas, degollamientos, flechazos (no románticos) y porrazos varios, con una Sharni Vinson que deja atrás los espasmos de Step-Up 3D (John M. Chu, 2013) para convertirse en una heroína del terror más peligrosa que los asesinos que intentan acabar con su vida. Un detalle a destacar sobre el Fanter es que, al terminar cada película, nos entregaban una papeleta en la que teníamos que poner una puntuación del 1 al 10. A pesar de los títulos tan potentes que había en la edición de este año, Tú eres el siguiente se proclamó vencedora al lograr el mayor promedio: 8,27. Una prueba muy clara de que a este tipo de festivales se va a disfrutar de cosas muy elementales de las que no podemos renegar, porque no estaríamos siendo honestos con nosotros mismos ni con la naturaleza del Fanter. Aunque, en honor a la verdad, también diré que esta cinta no estaba entre mis tres favoritas de este año, por mucho que me lo pasara bien con ella.

Sí que contó con mi apoyo en forma de voto el cortometraje 24 horas con Lucía (Marcos Cabotá, 2013), divertidísima revisión del esquema de posesiones diabólicas que plantea una cuestión de lo más interesante: ¿y si nuestra pareja resultara mejor en su estado de posesa que en su condición normal? ¿Puede renacer la pasión gracias a una posesión demoníaca? Con guiños a los Monty Python y un final descacharrante, 24 horas con Lucía conquistó también al resto del jurado y obtuvo el segundo premio en el concurso de cortos profesionales. Un galardón más que merecido con el que se premiaba la frescura, sencillez y comicidad de este trabajo. La película que vino después fue La última llamada (The Call, Brad Anderson), que no pudimos ver in situ pero que recuperamos en casa, ya que se encuentra editada en DVD. Se trata de un apreciable thriller que suple su falta de originalidad con el buen pulso con el que está narrado por un Brad Anderson más comercial que nunca. Halle Berry interpreta a una teleoperadora del servicio de emergencias 911 que pondrá su vida en peligro para salvar la de una joven (Abigail Breslin, la Pequeña Miss Sunshine... ya no tan pequeña) que ha sido atrapada por un psicópata que ya se cruzó en el pasado con la protagonista. Algo lastrada por un aspecto televisivo que hace que, por momentos, parezca que estamos viendo un episodio de Mentes criminales, la película funciona lo suficientemente bien como para mantenernos pegados al asiento durante hora y media y se ganó nuestro respeto por su falta de ambiciones y su buena dosis de tensión y suspense.

DÍA 2
Cuando uno va a un festival de cine, sabe de antemano que no va a poder ver todo lo que exhiben, incluso en uno como el Fanter que tiene una programación centrada en una única sala y sin sesiones paralelas. Así que hay que descartar unos pases para poder estar a tope en los siguientes. Meternos en la Sala Capitol a las cinco de la tarde a ver de nuevo un corto que no nos gustó cuando tuvimos que verlo para el concurso y una película de la que, en el mejor de los casos, habíamos escuchado que era interesante, no era el mejor de los planes teniendo en cuenta el cansancio que habíamos acumulado después de toda una semana de trabajo, el viaje que emprendimos nada más terminar nuestras tareas el viernes, las sesiones de ese día y el inevitable (y agradecido) turismo durante la mañana del sábado. Explicaré por qué no nos gustó Napoleón (Enrique García, 2013). Para empezar, no parecía profesional, sino un corto amateur con subvenciones, tal cual. A eso hay que añadirle un argumento absolutamente inverosímil que fuerza las situaciones hasta el ridículo para llegar aislar a dos personajes en un instituto: una profesora ofendida y un excelente alumno que, en la intimidad, se descubre como un chaval con "síndrome del emperador" que termina convirtiéndole en un maltratador y un psicópata. Mi respeto hacia sus esforzados protagonistas, pero poco pueden hacer por salvar un proyecto que hace agua desde su propio concepto. En cuanto a The Woman (Lucky McKee, 2011), la veré en cuanto tenga tiempo y quizá actualice este post. Pero lo publico ya porque me sigue dando una pereza notable enfrentarme a su visionado y ya hace demasiado tiempo desde que se celebró el Fanter IV como para seguir guardando esta entrada en los borradores del blog. Así que es probable que recuperéis este post dentro de unos años y The Woman siga sin reseña. Si creéis que me equivoco y que debería verla YA, intentad convencerme dejándome vuestros comentarios. Si me dais razones de peso os haré caso. Palabra.

Volvamos a lo que sí vi durante el festival y hagámoslo con algo más convencional. Quizá incluso demasiado convencional para algunos espectadores, entre ellos mi jefe en El Antepenúltimo Mohicano, Emilio Luna, que también formaba parte del jurado. Se trata del cortometraje Alexia (Andrés Borghi, 2013). No le quitaré razón, porque sé que la tiene, sin embargo, es una pieza perfecta para ser vista en un festival de estas características: manejando tópicos del nuevo cine de terror oriental (aunque ya no sea tan nuevo), es decir, el uso de la tecnología como transmisora del mal, fantasmas despeinados, etc., Borghi se las apaña para construir un interesante cuento de horror que consigue sus propósitos de dar miedo y hacernos saltar de las butacas. Y eso a mí me vale. Alterando un poco el refrán, cuando un olmo intenta darme peras me pongo nervioso. Me gusta sentirme cómodo en los lugares comunes. Y si alguien se atreve a jugar con los tópicos, sólo lo tolero si lo hace con amor e inteligencia (como ocurre con una cinta que veremos después, La cabaña en el bosque). Hay otras ocasiones en las que un largometraje funciona por acumulación de clichés y permite que el público se sienta cómplice desde el minuto 1 y lo pase en grande durante el resto de metraje. Fue el caso de The Collection (Marcus Dunstan, 2012), película masacrada por la crítica convencional pero, como ocurrió con su anterior entrega (The Collector), celebrada por un público que agradece sobremanera que se le dé lo que pide (sustos, gore, acción, efectos especiales, ruido, furia...) y además en cantidades industriales. Un chute de adrenalina de 80 minutos que consolida a Marcus Dunstan como uno de los directores más prometedores del actual cine de terror independiente. No es de extrañar que fuera la segunda película más votada del festival (un 8,13 de media, empatando con La cabaña en el bosque). A quien no le debió gustar demasiado fue al pobre chaval que sufrió un desvanecimiento mientras la veía. Afortunadamente, el staff del Fanter solucionó la papeleta sin que casi nadie se enterara y la proyección siguió sin alarmas innecesarias.

Esta sesión sentó las bases para la fiesta que vendría después, aunque antes tuviéramos que saltar un escollo en forma de corto titulado Subterráneo (Miguel A. Carmona, 2013), un trabajo que dejó bastante frío al público asistente y que no funciona como debería, quizá porque desde que arranca su premisa resulta un poco risible. Nada que ver con La cabaña en el bosque (Cabin in the Woods, Drew Goddard, 2011), una de esas películas que disfruto como un niño en una tienda de juguetes cada vez que la veo y que por fin pude experimentar en pantalla grande. Mucho más inteligente de lo que algunos piensan, La cabaña en el bosque no es únicamente una amalgama de tópicos, sino que va mucho más allá del fan-service para convertirse en una reflexión irónica sobre los mecanismos del cine de terror y sobre las expectativas que su público deposita en este género. Una delicia que arrancó aplausos justificados y que se erige fácilmente como uno de los mayores hitos (re)creativos del cine fantástico del nuevo milenio.

Todavía con el subidón de adrenalina, la siguiente sesión sirvió para confirmar que esta ha sido, cinematográficamente hablando, la edición más completa, arriesgada e interesante del Fanter Film Festival hasta la fecha. Llegó el turno de Sequence (Carles Torrens, 2013), que contó con mi voto como mejor cortometraje profesional del certamen. No fui el único en valorar positivamente la abracadabrante propuesta de Torrens, ya que para mis compañeros de jurado también fue el mejor y obtuvo así el primer premio. Rodado en inglés (con una de las protagonistas de The Collection en un papel secundario y con cameo de Marcus Dunstan), Sequence es uno de esos cortos que se ajustan como un guante a su condición de pieza corta con un planteamiento, un nudo y un desenlace perfectamente encajados, al contrario de lo que parecen otros trabajos de este tipo que nos hacen pensar más en un largometraje resumido o en el fragmento de una historia mayor que una pieza con solidez por sí misma. Conviene no desvelar mucho sobre el corto, por si tenéis la oportunidad de verlo. Pero sólo os diré que no seréis capaces de quitároslo de la cabeza durante días. Maniac (Franck Khalfoun, 2012), el remake del clásico de William Lustig que ya reseñé en mi antiguo blog (leer reseña), también es uno de esos trabajos que dejan huella en el espectador. Utilizando un estilo visual totalmente distinto al usado por Lustig hace 34 años, Khalfoun lleva más allá todavía la idea de meternos en la mente de un asesino haciendo que todo lo que veamos durante la proyección sea exclusivamente lo que el psicópata ve con su ojos (y, a veces, con su trastornada psique). Esto hace que el protagonista no tenga demasiada presencia en pantalla, pero Elijah Wood lleva a cabo una interpretación soberbia y basta con oír su voz y sus pensamientos para inquietarnos. El visionado de este nuevo Maniac resulta tan agobiante como el del original, quizá incluso más, y por eso no me sorprendió que grupos de jóvenes abandonaran la sala a los pocos minutos de proyección, indignados por tener que leer subtítulos y enfrentarse a algo radicalmente opuesto a lo que están acostumbrados a ver. Una vergüenza que hicieran esto, ya que hubo gente que no pudo entrar en la sala y se quedaron sin ver la que considero la mejor película de la edición de este año junto a La cabaña en el bosque, por mucho que el público dictara que era la peor, dándole la peor nota de este año: 5,9.

Quedaba todavía una película por ver el sábado, pero nuestros ojos no aguantaban abiertos ni un minuto más, así que nos retiramos sin ver The Loved Ones (Sean Byrne, 2009). Vista más tarde en casa, comprobamos que la cinta de Sean Byrne es una apuesta algo más ligera que las anteriores propuestas gore con las que el Fanter ha cerrado su día fuerte en las ediciones previas, pero no por ello resulta una producción desdeñable. Más bien al contrario, The Loved Ones resulta una atractiva aproximación australiana al terror adolescente, con una joven perturbada que quiere encontrar el amor por el camino más sangriento: "si ese chico no me quiere, voy a encargarme de que me ame a la fuerza". Byrne introduce elementos grotescos y sanguinolentos dentro de imágenes de gran belleza (preciosa fotografía en scope), generando un contraste más que interesante que resulta lo más llamativo de esta película.

DÍA 3  
Desde sus orígenes, el Fanter Film Festival no ha querido olvidar a los espectadores más pequeños. De ahí que cada año reserve una sesión matinal en su última jornada para los niños. Esta vez la cinta elegida fue Justin y la espada del valor (Manuel Sicilia, 2013), que optamos por no ver ya que, sinceramente, no nos provocaba ninguna curiosidad. Preferimos aprovechar todo lo que pudimos lo que nos restaba de estancia en el hotel para dormir e intentar recargar las pilas para aguantar una jornada que todavía sería extensa... y que concluiría con un viaje de vuelta que se nos hizo interminable por culpa del agotamiento acumulado.

Tras un refrigerio, servidor y señora estaban invitados a una comida con Pablo Carrero, el equipo del festival y otros miembros del jurado. También estuvo con nosotros Marcos Ortiz, productor y protagonista de La Cueva (Alfredo Montero, 2012), cinta que serviría para clausurar el Fanter Film Festival IV. El simpático actor subió al escenario de la Sala Capitol para presentarnos con modestia y sinceridad su película, lo cual agradecimos porque no nos gusta que intenten vendernos la moto. Lo que no sospechábamos era que pocos minutos después veríamos un plano detalle del ojete del muchacho en pantalla grande... En cuanto a la película en sí, decir que es una muestra más del subgénero del found-footage (aunque en esta ocasión no se ajuste a sus reglas al 100%), que no reinventa la rueda y que funciona como un Vertige o The Descent sin psicópatas ni monstruos y filmado en primera persona. Su mayor virtud reside en estar filmada en un escenario angustiante que provoca una inevitable claustrofobia en el espectador, pero también tiene un defecto importante, y es que la propuesta se acaba agotando a los cuarenta minutos y los otros treinta y cinco que quedan se convierten en algo rutinario sin demasiada gracia. Con todo, fue un puntazo que pudiéramos ver esta película en el Fanter, ya que no llegará a salas comerciales hasta después del verano.

Tras la película llegó la entrega de premios, siendo el palmarés el siguiente:

  • 1º Premio corto profesional: Sequence de Carles Torrens
  • 2º Premio corto profesional: 24 Horas Con Lucía de Marcos Cabotá
  • 1º Premio corto amateur: La Noche Llama de Alberto Campón
  • Premio del publico corto amateur: Cariño, soy un caníbal de Joaquín Conejero
  • 1º Premio relatos: Basura de Luis Carbajales
  • 2º Premio relatos: La cápsula de Jose Antonio García Santos
Sobre los premiados, ya he expresado mi opinión sobre los ganadores en el concurso de cortos profesionales y, además, insisto en que ha sido un placer poder formar parte del jurado, sobre todo teniendo en cuenta que el año pasado mostré públicamente mi disconformidad con algunas de sus decisiones. En cuanto al ganador del primer premio amateur, La noche llama, reincido en mi postura sobre los trabajos de Alberto Campón (ya todo un veterano del Fanter): lo que quiere contar en sus cortos está a un nivel muy distinto a los medios y equipo con los que cuenta y por ese motivo no termino de comulgar con su obra. Una obra, eso sí, que tiene un sello personal y eso es algo que valoro positivamente: tener un estilo propio y definido. El problema es que a mí su estilo no me cuadra. En cuanto al ganador del premio del público, Cariño, soy un caníbal (donde también aparecía Campón, aunque en esta ocasión como actor secundario), destacar que está en el lado opuesto: es un corto muy consciente de su condición de trabajo sin presupuesto y, en consonancia, no pretende embaucar a sus actores no profesionales en tramas ni guiones que necesitarían el concurso de profesionales para resultar creíbles. Y esa postura me parece mucho más viable. Sobre los relatos, nada que comentar, ya que no he tenido la oportunidad de leerlos. 


Y esto fue todo lo que dio de sí el Fanter Film Festival IV. Un evento que sólo podría mejorar si pudiera acoger a más espectadores y si las sesiones se distribuyeran de otra manera para que pudiéramos acceder a todas (por ejemplo, haciendo pases también los sábados por la mañana para evitar que la última película acabe a las 5 de la madrugada). Pero para eso haría falta contratar a gente. Y para eso haría falta más dinero. Y el dinero es algo que no asoma por el Fanter ni para bien (a los espectadores les sale todo gratis) ni para mal (Pablo tiene que sudar cada año la gota gorda para conseguir financiarlo). ¿Cambiará esto algún día? Eso es algo que no sabemos. Pero sí tenemos una certeza: queremos un Fanter Film Festival V

Comentarios

  1. Para mí sin duda lo peor del festival fue la gente. No es que Extremadura sea Mordor, pero con el público tan irrespetuoso que pude ver en ciertas ocasiones no está muy lejos de ser de la Tierra Media. Tengo la suerte de haber visitado el festival de Sitges en muchas ocasiones y cosas como que un grupo de niñatos se levante protestando porque una película está subtitulada allí no se han visto jamás. O el uso indiscriminado de los móviles. No es cuestión de respeto, ni siquiera de concienciación. Es educación y sentido común. Con "mentes" así se afea el trabajo de muchas personas que derrochan pasión por el cine de terror, que es lo que verdaderamente importa.

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    1. Lo peor de las protestas de esos "niñatos" es que demuestran que van allí sin informarse, porque ya se sabía que la película iba a ser subtitulada.

      Aquí hay un problema del que ya he hablado antes en otras crónicas del Fanter: yo preferiría que todas las películas se exhibieran en versión original subtitulada, porque es así como las veo en casa (no en los cines, pero porque aquí no las ponen en v.o.s.e.) y porque así también se haría una criba entre el público que realmente está interesado en ver las películas y el que simplemente pasaba por allí, vio una cola grande, se enteró de que había "cine gratis" y de que "encima te regalan palomitas y agua, macho" y se metió en la sala sin saber muy bien qué se iba a encontrar dentro. Pero, claro, esto entra en conflicto con la voluntad del Fanter de ser un festival popular que llegue al máximo número posible de gente.

      Visto lo visto, lo que es una pena es que no exista la posibilidad de seleccionar mejor el público que entra. Así que estoy de acuerdo con lo que dices, desconocido.

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  2. Una crónica muy completa. A ver si conseguimos subir pronto la nuestra, que se me fastidio el programa de edicción.....xDDD
    Y sobre el público, siempre pasa lo mismo, se quedan fuera quienes no hubieran molestado durante las proyecciones, y detrás nuestra (Si, nuestra, que tú estabas sentado a mi lado en varias sesiones) había un niño, un niño que no se callaba y que creo que en principio solo debería haber tenido acceso para la peli infantil.

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    1. Gracias, Raúl.

      Esa es otra, lo de los menores. A ver, yo de pequeño me tragaba todas las pelis de terror que cayeran en mis manos y supuestamente no eran aptas para un menor de edad. Pero bueno, aquí estoy y sigo sin matar a nadie. Pero el problema no es ese, sino como bien dices la falta de educación de los chavales que no paran de hablar durante las proyecciones, a veces alentados por unos padres o acompañantes adultos que tienen el mismo respeto por el resto de público. Es decir, ninguno.

      Pero a ver cómo solucionan esto. Porque me imagino que si se reservaran el derecho de admisión igual se la montan al pobre de la puerta...

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