Crónicas Cinéfagas: Ay, Robocop, Robocop


De un tiempo a esta parte, ir al cine se ha convertido en una aventura que me proporciona más disgustos que alegrías, provocando que cada vez me cueste más trabajo salir de casa para acudir a lo que antes era para mí el templo en el que encontraba respuesta a muchas de mis plegarias. El remake de Robocop es uno de los motivos por los que esta pereza no hace más que aumentar.


Decían Los Ganglios en una canción “Ay, Robocop, Robocop, no me hagas sufrir, deja las armas y vente a este campo a vivir”. El nuevo Robocop, de José Padilha, no me ha hecho sufrir y tampoco ha abandonado las armas ni su Detroit natal, pero está lejos, muy lejos, en todos sus aspectos, de resultar más poderosa, influyente, subversiva y atrevida que la primera versión dirigida por Paul Verhoeven en 1987. Aquel primer Robocop marcó a toda una generación (fue la primera cinta de VHS que me compré), hizo crecer al cine de acción y le dio a la ciencia-ficción un nuevo icono. Sin embargo, esta versión de 2014 es descafeinada, apta para todas las edades e inofensiva. Es el signo de los tiempos. Y no me entendáis mal: no soy de los que despotrican de todos los remakes que se hacen simplemente por el hecho de ser remakes. Esto no es nuevo y no tiene nada de malo, lo de hacer nuevas adaptaciones ya viene del teatro o la música y es algo que el cine ha realizado desde sus inicios. Además, hay suficientes pruebas de que un remake puede ser superior a su original (a bote pronto se me ocurren dos: La Cosa de Carpenter es superior a la de Christian Nyby y Howard Hawks, Las colinas tienen ojos de Alexandre Aja le da varias vueltas a la de Wes Craven). Así que no es una cuestión de nostalgia. No soy de los que piensan “¿¡Pero qué mierda de Robocop es este con ese traje negro!?”. Es injusto comparar la versión de Padilha con la de Verhoeven porque la de este último era una obra maestra, pero veréis que los defectos que enumero a continuación no son graves sólo en comparación con la película de los ochenta, sino que son problemas que afectarían igual si fuera una historia totalmente nueva: la violencia se ha dulcificado por completo, anulando la capacidad de impacto que tenía la original y la que requeriría una película con este argumento (en la de 2014 sólo destaca visualmente la inquietante imagen de Robocop sin su armadura, a medio camino entre lo risible y lo terrorífico); las secuencias de acción resultan confusas y están rodadas con un tono documental que ODIO en este género, confundiendo cantidad (más efectos especiales, más robots, más armas, más planos por segundo) con calidad; a pesar de que se pasa casi toda la película con el rostro descubierto y se intenta potenciar la relación de Murphy con su familia, no se consigue transmitir esa angustia vital que experimentábamos al ver la versión de 1987; mientras que en aquella había varios villanos que peso en la trama y fuerte carácter, aquí son más bien anodinos. También tiene virtudes, claro (su reflexión sobre la polémica de los drones de combate o la genial idea de hacer que Robocop sea creado en China; además, pese a que se hace un poco larga, es moderadamente entretenida), pero en general puedo decir que lo mejor que me ha aportado este remake son ganas de volver a ver la original. Y eso que ya la habré visto unas veinte veces. Pensándolo bien, igual este Robocop tenía que haber hecho caso a Los Ganglios y retirarse al campo a vivir. Seguro que todos habríamos sido más felices.
_____

Crónicas Cinéfagas es la sección en la que recupero las columnas mensuales que publico en cada número impreso del periódico comarcal Crónicas de un Pueblo

Comentarios

Entradas populares de este blog

Golpe de estado

La leyenda del luchador borracho

Diez terrores para Halloween (II)