Crónicas Cinéfagas: El dilema de las estrellitas


Os dejo un artículo que escribí sobre el recurrente uso de las estrellitas (o exclamaciones, como he usado hasta ahora en Retumbarama!) para valorar películas. ¿Son necesarias? ¿El lector se limita a contar el número de estrellas cuando lee una crítica, en lugar de leer la opinión completa del analista? ¿Cómo decidimos cuántas adjudicarle a cada largometraje? Todo eso y más, en las siguientes líneas.


Los que escribimos crítica cinematográfica nos vemos a veces en la tesitura de expresar nuestra opinión sobre una película de manera escueta, directa y sin rodeos. El propósito es que el lector con menos ganas de leer se haga una idea de lo que va a encontrarse cuando vaya al cine, que sepa de antemano si lo que va a ver puede merecer la pena o no, pero sin correr el riesgo de que nadie le desvele las sorpresas que el guión pueda esconder. Es decir, hay que proporcionarles la información suficiente para que sepan si la peli es buena, mala, regular o excelente. Y luego, si les interesa profundizar, ya tendrán la opción de leer una crítica más extensa. ¿Cómo conseguir este golpe de efecto sin tener que recurrir a los textos? Pues muy fácil: el viejo y socorrido truco de las estrellitas, normalmente de una a cinco, como los hoteles. Esto, inequívocamente, es lo primero que cualquier lector mira. Es un hecho demostrado y, por lo tanto, cualquier medio que aspire a ser tenido en cuenta por un amplio número de lectores tiene que plegarse a esa norma. Lo malo es que algunos se quedan sólo ahí y no ahondan en el asunto, pero ese es otro tema…

La cuestión de la que quiero hablar ahora es que, aunque no lo creáis, para nosotros suele resultar más difícil resumir nuestra valoración en una escala del uno al cinco que expresar de un modo más distendido nuestra opinión. Cuando uno escribe una crítica puede explicar los puntos fuertes de la película, detenerse en aquellos detalles en los que, según nuestro criterio, no llega a funcionar del todo bien, contextualizar la cinta desde un punto de vista histórico, analizar por qué es importante o por qué se trata de un trabajo sin relevancia… Pero, ¿cómo llega a saber uno qué puntuación exacta ha de poner? Pues mirad, esto suele ser algo arbitrario y cada cual sigue sus normas. Aquí van las mías: una estrella equivale a una película carente de interés y que considero una pérdida de tiempo; dos van para aquellas que poseen elementos curiosos y hallazgos puntuales, pero que tienen más defectos que virtudes; tres estrellitas para las películas sencillamente correctas y funcionales, aunque poco memorables; cuatro le pongo a las que están por encima de la media y proporcionan altos grados de placer cinéfilo; y las cinco estrellas son para aquellas que considero perfectas y que podrían marcar un hito dentro de su campo. Visto así parece algo relativamente sencillo, ¿no? Si todo se reduce a un criterio artístico/estético/lúdico personal, ¿qué problema hay? Pues sí que los hay.

Solemos clasificar las películas con un baremo que va de una a cinco estrellas, dependiendo lo poco o mucho que nos haya gustado o lo mala o buena que la consideremos. Pero, ojo, no es lo mismo una cosa que otra, y este es uno de esos grandes problemas a los que uno se enfrenta cuando tiene que valorar numéricamente un largometraje: hay películas que objetivamente son buenas, a veces hasta deslumbrantes desde un punto de vista técnico y cinematográfico, pero por algún motivo no terminan de hacernos conectar con ellas y sencillamente no nos gustan… Hay algo que va más allá de lo académico, de lo puramente cuantificable, que hace que en ocasiones nos resulte difícil decidir qué nota debemos poner a según qué peli. ¿Un ejemplo? La Red Social (The Social Network, David Fincher, 2010). 3 Oscars, 4 Globos de Oro, críticas entusiastas… Y, sí, cuando terminé de verla tuve la sensación de que había visto una película que mantenía la tensión basándose exclusivamente en los diálogos, algo que es muy difícil de conseguir para cualquier director, y que tenía un guión muy bien elaborado que iba convirtiendo el origen de Facebook en un thriller plagado de amoralidad y pesimismo. PERO… junto a todo eso, también tenía la sensación de haberme aburrido. Así que, vale, sí, de acuerdo, considero que desde un prisma totalmente objetivo La Red Social es una obra más que defendible, pero… ¿cómo podría ponerle cuatro o incluso tres estrellas sobre cinco a una película de la que estaba deseando que llegara el final? A veces resulta directamente imposible poner una nota: hace poco vi una cinta titulada Berberian Sound Studio (Peter Strickland, 2012) que me dejó absolutamente indefenso, incapaz de decidir si se merecía cinco estrellitas o una. Visualmente poderosísima y con una utilización del sonido brutal, mientras la veía no podía dejar de mirar a la pantalla pero, al mismo tiempo, me preguntaba si todo aquello era una tomadura de pelo o si realmente había una historia detrás de todos esos estímulos audiovisuales. Todavía no lo he decidido, y conozco amigos que están en ambos extremos, desde los que la consideran una obra maestra hasta los que ven en ella una tontería supina.

La conclusión que debéis sacar de todo esto es que, cuando leáis una crítica en un periódico, en una revista, en una web, no os limitéis a mirar las estrellitas para decidir si debéis ver la película o no. Indagad un poco más. Y si veis una cinta que tiene cinco estrellas y luego resulta que vosotros os ha parecido una basura (o al revés), no os sintáis culpables por ello. Al fin y al cabo, todo esto de las estrellitas no es más que un convencionalismo.
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Crónicas Cinéfagas es la sección en la que recupero las columnas mensuales que publico en cada número impreso del periódico comarcal Crónicas de un Pueblo

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