John dies at the end (Íd. Don Coscarelli, 2012)


No se puede decir que la carrera de Don Coscarelli sea demasiado prolífica ni variada: desde que debutara en 1976 con el drama Jim, the World’s Greatest, sólo ha dirigido nueve películas más y un episodio para la serie de televisión Masters of Horror (Incident on and off a mountain road, 2005). De sus diez cintas, tres de ellas son secuelas de su mayor éxito, Phantasma (1979), con la que se hizo famoso y que, durante un tiempo, hizo de él una de las grandes promesas del terror norteamericano. De hecho, fue tal el impacto de dicho largometraje que, pese a que otros de sus proyectos no resultaran tan exitosos (las simpáticas El señor de las bestias, de 1982, y Escuela de supervivencia, de 1988), Coscarelli ha seguido contando con cierto beneplácito entre el fandom más nostálgico y menos exigente, aunque con la indiferencia de la mayor parte de la crítica. En un giro de improviso que nadie supo anticipar, apareció de la nada un perro verde, una bendita anomalía, una sugerente rareza que, con el título de Bubba Ho-Tep (2002), inoculó en esa crítica que hasta entonces le rechazaba la sensación de que había nacido un nuevo Coscarelli. Alejado de su saga Phantasma y basándose en un relato de Joe R. Lansdale, el director se sacó de la manga una sorprendente comedia con tintes terroríficos, mucho humor negro y ciertas dosis de nostalgia y tristeza que supieron ganarse las simpatías del jurado de varios festivales. En ello también jugó un peso importante la encomiable labor de Bruce Campbell como un achacoso Elvis Presley (o su impersonator, depende de a quién creamos) que debía enfrentarse a una momia con hambre de almas frescas (aunque viejunas). Parecía que, gracias a la buena recepción de Bubba Ho-Tep, la carrera de Coscarelli se reactivaría y tendríamos nuevos trabajos suyos con mayor frecuencia, pero lamentablemente no fue así.

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