FarCry 3: Blood Dragon (Ubisoft, 2013)



Digámoslo ya: FarCry 3: Blood Dragon es el videojuego al que todo lector de Retumbarama! le gustaría jugar. Dicho esto, si todavía no conocéis el juego, lo más sensato que podríais hacer ahora mismo sería dejar de leer, localizarlo y haceros con él, conectar vuestro mando y dejaros arrastrar por este torrente de ochenterismo bien entendido, acción imparable y humor macarra. Porque un videojuego que utiliza la imagen remozada de un Michael Biehn en plan cyborg, un ninja y un dragón disparando rayos láser por los ojos es Amor, pero afortunadamente la inmersión retro no se queda en la portada ni en los aspectos más superficiales del juego, sino que su espíritu de fiesta nostálgica (sin lágrimas) está impreso en su código genético, marcando a fuego su estética, su mecánica y su narrativa.

Este caramelo virtual utiliza las técnicas del presente para hacernos regresar a la manera en la que se veía el futuro en el pasado, cuando 2007 era una cifra que sonaba a ciencia ficción y todo se imaginaba lleno de armas luminosas más grandes que la vida, fortalezas militares de plástico y metal y neones por todas partes. En ese contexto, con un mundo devastado por una guerra nuclear, el sargento Rex Power Colt es enviado a una misteriosa isla para luchar contra unos renegados que pretenden hacerse con un arma devastadora de origen desconocido. A partir de ahí el juego es un no parar de acción, plagado de explosiones y tiroteos y con los elementos de exploración enfocados a conseguir más acción todavía, más potencia para nuestras armas y más aniquilación. Todo ello adornado por impecables secuencias cinemáticas  gloriosamente pixeladas y guionizadas, además de una banda sonora de Power Glove que no duda en plagiar las composiciones de algunas de las películas más famosas de los años 80.

Hay varios momentos clave que demuestran lo bien que Ubisoft Montreal ha entendido el potencial del juego. El primero sería, sin duda, la manera en la que convierte el tutorial en una parte integrada en la trama y en una declaración de principios, meándose encima de los tutoriales de otros juegos y presentando de manera muy efectiva el tipo de humor con el que nos encontraremos durante el resto del trayecto. Después podríamos citar la inevitable secuencia de entrenamiento (ésta no jugable), en la que, en lugar del Eye of the Tiger de Survivor o el Hearts on Fire de John Cafferty, han tenido la genial idea de usar la versión Serie B de estos himnos testosterónicos: el Hold on to the vision que Kevin Chalfant interpretó en Retroceder nunca, rendirse jamás (No retreat, no surrender. Corey Yuen, 1986). La conexión con la saga de Stallone estaría presente, no obstante, en otro de los momentos álgidos de FarCry 3: Blood Dragon: aquel en el que nos subimos a lomos de un dragón armado hasta los dientes (el dragón, no nosotros) y nos ponemos a destruirlo todo mientras suena el rimbombante War que Vince DiCola hizo para Rocky IV. Si esta parte del juego no os hace chorrear adrenalina lo siento, quizá signifique que estáis muertos.

Hay más que rascar en este juegazo (por ejemplo, el instante en el que se convierte en un Shooter de los primeros 90 cuando cruzas una puerta dimensional y te ves confinado en espacios cerrados infestados de muertos vivientes), pero no os quiero hacer perder más el tiempo. Sólo un apunte más, algo en lo que no dejaba de pensar mientras jugaba: lo mucho que me recordaba estéticamente a la adaptación Cannon de Masters del Universo (Masters of the Universe. 1987) y a la serie de televisión Capitán Power y los Soldados del Futuro (Captain Power and the Soldiers of the Future. 1987). Documentándome para escribir este post descubro que el director de la cinta protagonizada por Dolph Lundgren, Gary Goddard, fue también el creador de esa serie. Y así todo encajó, de la misma manera en la que todo encaja en FarCry 3: Blood Dragon, la entrega bastarda de una saga que ha encontrado su mayor logro artístico y lúdico cuanto más se ha alegado del hiperrealismo y ha abrazado la hipérbole fantástica. Haceos un favor, ved este vídeo y ya me diréis si después de todo lo que he escrito y de lo que habéis visto no sentís la necesidad de experimentarlo por vosotros mismos. A mí me entran ganas de jugar de nuevo.

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A favor: Todo. Se trata de un videojuego independiente dentro de su saga y que entiende lo retro no como un intento de imitar lo que se hacía antes, sino de recuperar su espíritu desde la modernidad. 

En contra Alguien podría decir que los enemigos se repiten demasiado y no le faltaría razón. Pero, ¿acaso esto se lo echábamos en cara al Pac-Man, por ejemplo? Lo único realmente malo de este juego es que se termina.

Valoración:


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