Hobo with a shotgun (Íd. Jason Eisener, 2011)



Los extremeños hemos cargado siempre con cierto complejo de inferioridad que sigue vigente hoy en día y que tiene su origen en la creencia, bien arraigada también en el resto de la península, de que Cáceres y Badajoz son dos de las provincias españolas más deprimidas económica y culturalmente hablando. El extremeño suele ser visto por los de fuera como una versión sin gracia del andaluz y, más a menudo de lo que debería, suele considerarse a sí mismo un desgraciado, alguien a quien le ha tocado vivir en una tierra que parece demasiado lejos de todo y en la que nunca se hace nada importante. Pero, más allá de rendirnos al axioma de que Extremadura es únicamente tierra de conquistadores, de perpetuar esa imagen que el cine o los medios informativos han dado siempre de nosotros como afectados de miseria y disfunción mental (Las hurdes, tierra sin pan, Los santos inocentes, El 7º día...) o incluso de pedir perdón por haber criado a Bebe, deberíamos empezar a recordar que de aquí también salieron Luis de Morales, Francisco de Zurbarán o José de Espronceda. Borja González y Alejo Bueno son dos personas que no olvidan el pasado cultural extremeño y que, de hecho, se dejan contagiar por él y lo celebran con un volumen que, en formato cómic, propone el encuentro imposible entre la escritora Carolina Coronado y el artista multidisciplinar Antonio Juez.

Editado con una exquisitez que eleva si cabe el placer estético que supone adentrarse en esta obra, La boca del lobo no pretende ser una biografía de Juez y Coronado (pese a que se incluyan apéndices que repasan brevemente sus recorridos vitales y artísticos, si es que pueden separarse unos de otros), sino el relato de un paseo onírico en busca de la Isla de la Ilusión, la intensa plasmación de un momento vital en la vida de Juez (la pérdida de su madre) que esconde en realidad la dolorosa y obligada aceptación de la muerte por parte de alguien que, irónicamente, la invitó a vivir con él para tenerla siempre controlada y poder zafarse de ella cuando llegara el momento de su partida.

Hay en el texto referencias que no resultan del todo comprensibles si no se conocen a los personajes (el amigo portugués de Juez, el misterioso Alberto a quien Coronado dedicaba sus poemas), aunque afortunadamente todo ello queda explicado con los apéndices que se incluyen en las últimas páginas. Pero hay que dejar bien claro que no es indispensable conocer estas figuras para disfrutar de La boca del lobo, sobre todo porque pasar sus páginas supone detenerse en el detalle, en los bellos claroscuros que Borja González compone para impactar al sentido de la vista y que a veces consigue algo tan difícil y tan bello como es dejarnos atónitos ante la grandeza de algunas de las ilustraciones cuando pasamos de una viñeta a otra, dignas muchas de ellas de ser consideradas obras de arte por sí mismas y que trascienden su utilidad como parte de una secuencia para adquirir importancia estética incuso sacándolas de su contexto. El único reproche que podemos hacerle al libro es que nos deja con ganas de más, que resulta algo más breve de lo que nos gustaría, aunque no sea precisamente por falta de horas dedicadas a su consecución.

Quizá este comentario carezca de credibilidad cuando sepan que Borja González (que, por cierto, vive en la misma casa que habitó Antonio Juez en su día) es amigo mío, pero ahí va: en su intento de homenajear a dos grandes del arte extremeño, él mismo se ha transformado sin saberlo en uno de ellos, y algún día, espero, se escribirá también sobre él.

.....     

A favor: Al contrario de lo que suele ocurrir en muchos cómics o novelas gráficas, lo que uno encuentra en su interior es mucho más espectacular de lo que permite intuir la portada. 

En contra: Quizá algunos lectores se nieguen a darle una oportunidad por el hecho de tomar como protagonistas a dos figuras reales extremeñas, aunque en realidad no sea una obra biográfica.

Valoración:


Comentarios

Entradas populares de este blog

Golpe de estado

La leyenda del luchador borracho

Diez terrores para Halloween (II)