Que me quede como estoy.





Este mes tenía pensado escribir sobre lo divertida que es la última de Almodóvar, pero ha pasado algo que se ha interpuesto en mi camino: el pasado 1 de marzo, el cineasta Fernando Trueba aseguraba en el Festival de Cine de Guadalajara (México) que “la vida contemporánea es muy aburrida como para contarla en una pantalla de cine” y que se sentía “mucho más libre” cuando aborda una historia ocurrida en el pasado porque así puede “fantasear y hablar de las cosas que realmente importan”. Pero se ve que al bueno de Trueba lo de fantasear sólo le gusta si es él quien lo hace, y que sólo acepta aquellas fantasías que estén basadas en esa realidad que él desdeña y a la que, sin embargo, recurre en su cine, especialmente cuando se trata de hablar del pasado (ya ha anunciado una película, OTRA MÁS en nuestra cinematografía, con la Guerra Civil como telón de fondo…). En definitiva, que Trueba sólo acepta como válidas sus encorsetadas fantasías, porque días después, concretamente el 16 de marzo en el festival de cine Febiofest de Praga, afirmó que el cine de acción y de superhéroes es una “imbecilidad”, que él está en contra y que no puede “soportar que sigan existiendo James Bond y Spider-man y otros gilipollas de su calibre”. Es decir, Trueba ha dicho más o menos, en una traducción libre: “Estoy a favor de la fantasía en el cine porque la realidad es aburrida, siempre y cuando, claro, esa fantasía esté basada en cosas que me interesan a mí y que no supongan un peligro para mi cine, ya que desgraciadamente todo el mundo es gilipollas y prefiere ver a tipos invencibles antes que comedias ambientadas en la posguerra”. Que es más o menos lo mismo que decir “si os gustan esas cosas sois tontos y no tenéis ni idea”.

Puede que Trueba alguna vez haya sido un chaval impresionable que se perdía en las viñetas de Jabato o de El Capitán Trueno. O no. Puede que siempre haya sido así de listo y haya estado por encima de todas esas trivialidades (como él las calificaría, aunque no de modo tan amable). Puede que, simplemente, ya no sea capaz de ejercer la suspensión de incredulidad, de emocionarse con la fantasía, de asombrarse con la ficción. Quizá él ha madurado y otros que dedican su cine a los mundos y las acciones imposibles y los espectadores que lo consumen no lo hemos hecho. Pero si eso es la madurez, si crecer implica no ser capaz de ver más allá de lo tangible, si conlleva renegar de lo que nos ha hecho disfrutar durante décadas e insultarlo (en lugar de, como mínimo, verlo desde la distancia con una sonrisa nostálgica o irónica si se quiere, pero cómplice al fin y al cabo), yo no quiero madurar. Me niego a matar al niño que todavía llevo dentro. Así que, como suele decirse, “Virgencita, que me quede como estoy”.

____________________


Nota: Texto publicado originalmente en la edición impresa de Crónicas de un Pueblo


Comentarios

  1. Y yo me pregunto...¿saldra algun dia de boca de algun pijo de estos del "cultureo-mendigueo" español algo inteligente?

    ResponderEliminar
  2. De un pijo difícilmente va a salir algo inteligente. ;)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Golpe de estado

La leyenda del luchador borracho

Diez terrores para Halloween (II)