Fanter Film Festival 2013



Por tercer año consecutivo, Cáceres se llenó durante un fin de semana de gritos, sustos, sangre y adrenalina. Los culpables son los chicos y chicas de Abandomoviez.net, quienes, capitaneados por Pablo Carrero, son los responsables de llevar a buen puerto este ambicioso proyecto en el que se ha convertido el Fanter Film Festival, evento que en tan sólo tres años de vida ha conseguido lo que otros experimentos no habían logrado en Extremadura hasta el momento, quizá porque han sido más localistas (proyecciones en universidades o videoforums a pequeña escala) o menos ambiciosos (la intención de continuidad y crecimiento es algo indiscutible en el caso del Fanter). Así, el festival se confirma como un referente a tener en cuenta para todos los que desean acercarse a un cine que no llega a todas las salas, al mismo tiempo que un excelente portal de difusión para aquellos directores que desean que sus obras lleguen al mayor público posible, ya sea en el campo del largometraje o en el del corto profesional o amateur. Y, de paso, se constituye como un atractivo gancho para el turismo, algo que sin duda no se le escapa a los promotores del evento (totalmente necesarios para la supervivencia del Fanter). 

Hagamos un repaso por lo que dio de sí el Fanter Film Festival III, celebrado del 5 al 7 de abril:


DÍA 1
Si ya en la edición anterior los organizadores decidieron abrir el festival con un clásico moderno (Alta tensión, de Alexandre Aja), este año han apostado más fuerte todavía volviendo atrás hacia los años 80 y rescatando uno de los títulos más icónicos y (por entonces) sorprendentes del terror contemporáneo: Muñeco diabólico (Child's play. Tom Holland, 1988). Dar el pistoletazo de salida con una película que cumple 25 años puede entenderse de dos maneras, ambas complementarias: por un lado, es una declaración de intenciones por parte del festival en tanto que sirve para honrar a las películas por las que muchos de sus organizadores son hoy en día los fans incombustibles del terror en los que se han convertido; por otro, recoge la interesante tendencia actual (extendida gracias a iniciativas como Phenomena) de darnos la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de películas que muchos sólo habíamos podido ver en vídeo o en televisión y, de paso, apelar a la nostalgia de los que sí pudieron descubrirlas en salas de cine en el momento de su estreno y que se entregan con placer a revivir la experiencia dos o hasta tres décadas después. Esto también tiene una consecuencia adicional: los seguidores más jóvenes del festival veían por primera vez Muñeco diabólico y lo hacían en un marco y un ambiente tan idóneos como es el Fanter. Esto puso a prueba la vigencia de la película y el resultado fue un triunfo: con una sala llena hasta la bandera, la cinta de Tom Holland demostró que todavía es capaz de inquietar, incluso de dar miedo en ocasiones, y a pesar de algunas risas en momentos que no estaban concebidos para ello (ya saben, esta juventud y su falta de respeto a los mayores...), estamos convencidos de que muchos espectadores descubrieron que Chucky no había sido siempre un muñeco coñón al que tomarse a risa, sino que sabía hacer el mal y resultaba tan peligroso como algunos psycho-killers que le sacaban tres o cuatro cuerpos. Es una pena que el formato de proyección no fuera el correcto (el original de 1.85:1 fue estirado a un incómodo 2.35:1 que deformaba la imagen ensanchándola), algo que deslució la proyección para aquellos que nos dimos cuenta del error. Afortunadamente, no ocurrió lo mismo con el corto que se proyectó justo antes de la película ni con el resto de títulos. Recordemos que el Fanter Film Festival organiza tres concursos: uno de relatos, otro de cortos amateurs y otro de cortos profesionales. Mientras que los amateurs pueden ser vistos en la web (y votados por los internautas), los trabajos profesionales se proyectan acompañando cada uno de ellos a una de las películas del festival (el ganador de esta categoría lo elige, por tanto, un jurado de Abandomoviez, ya que estos cortometrajes no son visibles para el público hasta el mismo momento en el que se proyectan en el Fanter). El primer corto que pudimos ver fue el impactante La cruz, de Alberto Evangelio, y dejó a más de uno pegado a la butaca gracias a su intensidad in crescendo y a un final seco y contundente que no deja sitio a la esperanza. Para nosotros fue, sin duda, uno de las mejores piezas que se proyectaron este año, y por eso lamentamos que no resultara premiado.

El trabajo que precedió a la siguiente película sí que contó con la simpatía de los responsables de los premios, como veremos más adelante. Eutanas, S.A., de Víctor Nores, logró arrancar las risas del respetable gracias a una premisa ingeniosa y bien narrada que se apoya en las tablas de la siempre excelente Amparo Baró para conectar de inmediato con el público y hacerle partícipe de su situación: una anciana a la que su familia quiere liquidar al considerarla una carga y que se toma su peculiar venganza contra ellos utilizando argucias típicas del cine de terror. Fue un buen aperitivo para otro título que mezcla humor y terror de manera inteligente: Lobos de Arga (Juan Martínez Moreno, 2011) dio pie a uno de los momentos más felices de este Fanter III. En la puerta de la Sala Capitol hubo que colgar el cartel de aforo completo, algo que resulta bastante irónico teniendo en cuenta lo desapercibida que pasó la película en su paso por salas comerciales. Pero su fracaso fue injusto a todas luces. La mejor prueba de que, con una mejor promoción en los medios, la cinta de Martínez Moreno podría haber sido un éxito de taquilla está en la reacción de las más de 400 personas que llenaban la sala: una sucesión de carcajadas y sustos que convirtieron el pase en una fiesta colectiva con esos tres magníficos anfitriones del humor que son Gorka Otxoa, Carlos Areces y Secun de la Rosa. Lobos de Arga combina de manera hábil el homenaje al terror español de los 70 con el humor televisivo más actual, erigiéndose como un cóctel totalmente disfrutable y certero a la hora de arrancar risas y, cuando realmente se lo propone, incluso terror.

De características radicalmente distintas es Elefante, el emotivo cortometraje de Pablo Larcuen que juega a lo simbólico y a lo sentimental sin caer en la parodia ni en los efectismos, aunque su propia premisa sea un atrevimiento conceptual bastante difícil de asimilar por espectadores poco dados a lo fantástico: un tipo gris que lleva una vida vacía y anodina sufre un duro revés cuando un día su médico (interpretado por Constantino Romero) le dice que se está transformando en elefante. Con un acabado formal muy propio del cine indie, el trabajo de Larcuen supone una interesante reflexión sobre lo mundano y sobre cómo, a veces, volver a lo animal, a lo primario, es la única manera de conseguir luchar contra la mediocridad. No sabemos si de manera casual o no, este es más o menos también el tema del que trataba la película que se exhibió a continuación, Headhunters (Hodejegerne. Morten Tyldum, 2011). Avalada por las buenas críticas y por la reciente fiebre del thriller nórdico, la cinta de Tyldum está dividida en dos partes bien diferenciadas que dan como resultado final un conjunto descompensado y tan interesante como, a la postre, algo decepcionante. Si bien su primera mitad juega de manera precisa las bazas del suspense, de la sugerencia y la acumulación de tensión, una vez ésta explota en la segunda mitad el largometraje se convierte en un producto mecánico lleno de giros y soluciones caprichosas que a veces llegan a poner en peligro la verosimilitud de lo que se nos está contando. Eso sí, seguramente su remake estadounidense carecerá de la falta de remilgos a la hora de mostrar el sexo o la violencia en pantalla de la que hace gala la película noruega, algo que seguramente ha influido en el entusiasmo con el que ha sido recibida por varios sectores de la crítica y el público, a los que el marchamo de "película europea" les supone un extra de prestigio para lo que no es más que un thriller entretenido y atrevido pero, a fin de cuentas, bastante rutinario.

DÍA 2
Sin abandonar la Europa del norte, la segunda jornada del Fanter 2013 arrancó con un cortometraje procedente de Estonia, el hilarante Curiosity Kills de Sander Maran. Si el refrán dice que la curiosidad mató al gato, aquí es el hijo de un científico quien desata el cáos cuando decide comprobar qué hay en el maletín que su padre ha llevado a casa y prueba un suero radioactivo en su hámster. Curiosity Kills utiliza el lenguaje del cartoon para mostrarnos lo que ocurre cuando lo extraordinario se introduce en lo idílico, a través de la ausencia de diálogos y de un uso de la violencia totalmente desmedido y satírico. Altamente recomendable y, a su manera, exótico. Siguiendo en nuestro continente, la siguiente proyección nos llevó una Alemania llena de fiestas nocturnas y escenarios de diseño. Somos la noche (Wir sind die nacht. Dennis Gansel, 2010) es otra de esas películas que arrastran un prestigio desmedido y que poco tiene que ver con sus valores reales. Después de un prólogo espectacular, la cinta se sumerge en un mar de tópicos cuando la protagonista (una ratera de tres al cuarto que tiene la fea costumbre de no lavarse), es convertida en vampira por una chupasangre que se ha enamorado de ella y que ejerce como cabecilla de un reducido grupo de atractivas (e irritantes) sanguijuelas. A pesar de tener un ritmo ajustado y de poseer una factura técnica más que aceptable, Somos la noche comete el pecado de resultar mucho más mojigata de lo que quiere hacernos creer: todo se queda en la vacía apariencia, resultando tan intrascendente como inofensiva a la hora de encarar la violencia y el erotismo, por lo cual termina siendo un producto cobarde que desperdicia su oportunidad de ser una actualización del mito del vampiro, casi tanto, en el fondo, como esa saga tan famosa a la que tanto se critica. Sin que sean comparables a niveles estéticos, formales o narrativos, la cinta alemana puede resultar todavía más molesta que la obra de Stephenie Meyer porque aquella al menos era más honesta con su público de lo que es la cinta de Gansel con los fans del terror, a quienes prometía un mayor grado de irreverencia y subversión y finalmente se queda muy lejos de esas expectativas.

Muchísimo más valiente y transgresor resulta el cortometraje Fist of Jesus, con el que Adrián Cardona y David Muñoz dan un nuevo sentido a aquello del gore épico, aunando la estética de las superproducciones bíblicas del Hollywood clásico con el splatstick que popularizaron Sam Raimi y Peter Jackson a finales de los años 80. Plétorica de ritmo, humor y vísceras, con un Marc Velasco perfecto como un hijo de Dios convertido en action-hero, Fist of Jesus merecía haberse alzado con algún premio, pero de manera inexplicable no fue galardonado (y eso a pesar de que jugaba en una liga similar a la del corto que resultó vencedor, pero con la peculiaridad de que Fist of Jesus le gana en prácticamente todos sus apartados). Si queréis ayudar a que Fist of Jesus se convierta en un largometraje titulado Once upon a time in Jerusalem, podéis colaborar entrando aquí. Aunque esperemos que el resultado no sea tan largo como Kenshin, el guerrero samurai (Rurôni Kenshin: Meiji Kenkaku Roman Tan. Keishi Ohtomo, 2012), adaptación del manga de Nobuhiro Watsuki que se proyectó a continuación y cuyas dos horas y cuarto de metraje suponían un serio problema para la paciencia del público al quedar enmarcarlas dentro de una maratón de cinco películas como la que se celebraba el sábado en el Fanter. Llena de esplendor visual y de duelos con katanas que consiguen levantar el ánimo de los espectadores cada vez que chocan los metales, la película de Ohtomo tiene que lidiar con algunos problemas que impiden que resulte totalmente recomendable: principalmente, una duración desproporcionada, exceso de personajes y subtramas (lo cual afecta directamente a lo anterior) y algunos tiempos muertos poco excitantes. Se trata, en definitiva, de un film interesante y que se deja ver con agrado, pero al que le hubiera venido muy bien algo más de concreción.

La capacidad de síntesis tampoco parece ser el punto fuerte de José Luis Alemán, quien con su cortometraje Hotel confirmó lo mismo que ya sospechábamos tras el díptico de La Herencia Valdemar: incluso en el formato corto, Alemán tiene tendencia a alargar sus relatos innecesariamente, cayendo en la reiteración, en la dilatación excesiva y, lo peor de todo, acercándose de manera peligrosa al aburrimiento. Y esto lo decimos sin el menor ánimo de puya personal hacia el director, que conste, ya que consideramos digno de elogio que haya conseguido llevar a cabo un cine personal, independiente y, sobre todo, de género en nuestro país, sin ayudas públicas y casi sin apoyo de nadie. Supongo que el buen nivel de producción tuvo algo que ver en que lograra el premio al segundo mejor cortometraje profesional del Fanter, ya que su punto aparentemente fuerte (el de la originalidad) se desmontó cuando leímos en los créditos que la historia se basaba en una idea recogida en el cómic Cinema Panocticum del artista sueco Tomas Ott. A The Raid (Redada asesina) (Serbuan maut. Gareth Evans, 2011), proyectada inmediatamente después del corto de José Luis Alemán, lo de ser original es algo que se la trae al pairo. Ni siquiera se preocupa de contar una historia muy elaborada ni de resultar estéticamente atractiva. Su propósito parece ser el de convertirse en una de las películas de acción más intensas y vibrantes de la historia del cine de artes marciales y, en ese sentido, difícilmente podría ser una obra superior. Hablamos de un triunfo total de la contundencia del sopapo sobre la palabra, de la estructura del videojuego y su manera de ir avanzando por niveles sobre la narrativa convencional en tres actos: The Raid es un clímax de 100 minutos capaz de dejar al espectador exhausto, de llevarle a experimentar una sobredosis de adrenalina y de hacerle sudar sin moverse de la butaca. Todo sin artificios y volviendo a la esencia de todo: al placer de ver a un puñado de tíos encerrados en un espacio acotado y zurrándose el lomo durante algo más de hora y media, hasta que cada vez van quedando menos en pie y los que llegan al final se enfrentan en un combate épico del que cualquiera de nosotros saldría en silla de ruedas o incluso en camilla, metido en una bolsa de cadáveres e irreconocible por nuestra madre. La mejor prueba del entusiasmo que consigue despertar The Raid es el siguiente: al finalizar la durísima y escalofriante pelea final, la sala explotó en súbitos aplausos y silbidos que servían para liberar la tensión acumulada durante la secuencia, para aprobar lo que acabábamos de ver en pantalla y para constatar que las fórmulas de siempre siguen funcionando, especialmente cuando se las trata con tanta energía como en este caso.

La medianoche dejó a un lado la acción para volver a virar hacia el terror, un género que, dicho sea de paso, debería haber contado con mayor peso en la selección de películas. En ese momento nos topamos con el que fue considerado mejor cortometraje profesional, Tus gritos me dan risa, de Sergio Morcillo. Un galardón que consideramos algo injusto ya que, para empezar, ni siquiera nos pareció que este trabajo debiera competir en la categoría profesional. Sin restarle mérito a este simpático pastiche gore lleno de humor negro, vísceras y estupendos efectos de maquillaje, el acabado formal del corto es tan tosco como el de algunos de los trabajos que competían en la categoría amateur (incluyendo unos títulos de crédito que tenían un formato de pantalla diferente al del resto del cortometraje y siguiendo con una fotografía desastrosa y propia, insistimos, del trabajo de un aficionado). Más interesante  resultó The Collector (Marcus Dunstan, 2009), cinta que nació a la sombra de la saga Saw (de hecho, Dunstan ha sido guionista de varias entregas de la serie) pero que se aparta de ella apostando por un enfrentamiento más físico entre héroe y villano, aunque en esta ocasión ambos estén infringiendo la ley (uno es un ladrón, el otro un psicópata que colecciona gente). A pesar de utilizar recursos propios del torture porn, The Collector es algo distinto: un paseo peligroso por la casa del terror, llena de espejos que reflejan lo peor del (anti)héroe que lucha por ser capaz de hacer el bien, lo justo, aunque le pueda ir la vida en ello. Y, claro, es también una sucesión de sustos, trampas y alguna que otra incongruencia que le acabamos perdonando porque la condenada sabe administrar el suspense y nos recuerda a veces a Argento y su manera de dilatar las escenas antes de llegar al impacto para, una vez llegado a ese punto, cebarse con la truculencia más gratuita (y, aunque suene feo, también más bella... y el buen gourmet del gore sabrá a qué nos referimos). Habrá que estar atentos a su secuela, The Collection (Marcus Dunstan, 2012), que si no cambia nada llegará a los cines españoles el 5 de julio de este 2013.

La agotadora jornada del sábado se cerró con uno de los platos fuertes de esta edición, Frontière(s) (Xavier Gens. 2007), cinta inédita en nuestro país que se proyectó en versión original subtitulada, al contrario que el resto de películas del festival (para desgracia de los que cada vez llevamos peor tener que soportar el doblaje, especialmente de aquellos títulos que no han pasado por salas de cine y son doblados con desgana para el DVD o la televisión). Acaso inferior a otros exponentes del reciente terror extremo francés, Frontière(s) satisfizo a los que buscaban en esta edición del Fanter un título que llegara más lejos en explicitud y brutalidad, sin ningún tipo de autocensura y que mostrara el horror de frente,  sin desviar la cámara para suavizar los impactos, de una manera todavía más contundente que otros de los puntos álgidos en este sentido del festival, como The Raid, Headhunters o The Collector. Bien filmada, con secuencias de tanta tensión como aquella en la que dos personajes intentan atravesar una madriguera mortal, la película de Xavier Gens tiene el defecto de resultar tan frenética que su nerviosismo acaba aturdiendo en ocasiones al espectador, y no precisamente para bien. Por otro lado, su intención de ir más allá de lo convencional mediante la introducción (o intrusión, casi) de un discurso político no tendría nada de malo si no fuera porque dicho discurso resulta demasiado evidente: tras presentar una situación política en la que Francia se ha acercado a la derecha, la película nos muestra a unos jóvenes (de origen musulmán para más señas, que consumen drogas y que viajan con una chica soltera embarazada entre ellos que acabará siendo la protagonista) que se dan de bruces contra una familia caníbal que practica el incesto y cuyo cabecilla es un antiguo militar nazi. Con todo esto, es fácil adivinar que la sutileza no es precisamente la mayor virtud de Frontière(s), aunque hay que reconocer su efectividad para impactar al espectador en algunos de sus mejores momentos, aunque sea a costa de zambullir a sus protagonistas literalmente en la mierda (en una curiosa conexión con otro de los títulos del festival, Headhunters).

DÍA 3
Y de lo más extremo pasamos a lo más amable, ya que la mañana del domingo el Fanter volvió a dedicar su programación a los más pequeños, proyectando en esta ocasión El origen de los guardianes (Rise of the guardians. Peter Ramsey, 2012), cinta de DreamWorks Animation que debería haberse convertido en el inicio de una saga pero que finalmente no obtuvo los resultados económicos esperados, dando al traste (al menos de momento) con futuras continuaciones. Dentro de su evidente infantilismo, hemos de reconocer que la película no es del todo desdeñable: a pesar de su tono moralista y de su repetitiva estructura, esta celebración de la fantasía posee algunas imágenes espectaculares que ilustran el enfrentamiento entre la luz (personificada en una serie de seres míticos como Santa Claus o El conejo de Pascua) y las tinieblas (el Hombre del Saco, el Coco o Boogeyman, como queráis llamarlo), en una dura batalla por preservar la ilusión en los niños o sepultarla bajo un manto de terror y desesperanza. Además, cabe destacar la espléndida partitura de Alexandre Desplat, tan bella como suele ser habitual en el compositor. Esta cinta sirvió de antesala a la última proyección y a la gala de clausura de este Fanter Film Festival III. El largometraje elegido para dar por concluida esta edición es también uno de esos títulos sobrevalorados por críticos normalmente ajenos al género, que tienden a despreciarlo cuando este se presenta en su forma más pura pero que, irónicamente, parecen descubrirlo y celebrarlo cada vez que se mezcla con tintes políticos y/o viene de cinematografías aisladas y tercermundistas. Todo esto se da cita en Juan de los muertos (Alejandro Brugués, 2011), comedia coproducida entre Cuba y España en la que se traza un burdo paralelismo entre los disidentes de la resistencia cubana y los muertos vivientes, con un grupo de peculiares personajes intentando sobrevivir a una epidemia que creen provocada por el gobierno de los Estados Unidos. Pese a que muchos de sus gags funcionan bien y a que durante sus primeros minutos resulta bastante simpática, poco a poco va quedando más claro que el terror es algo que le importa muy poco al director, más interesado en la sátira política que otra cosa y que no deja de aturdirnos con mensajes pro-revolucionarios que terminan por aburrirnos y hacernos desconectar de la historia.

Después de la película llegó el momento de la entrega de premios, los cuales nos parecen discutibles en tanto que no coincidimos demasiado con los galardonados, aunque en este sentido, como suele decirse, nunca llueve a gusto de todos y la discordancia resulte casi inevitable. Sí que nos parece muy bien que Miguel Ángel Izquierdo recibiera el máximo trofeo en la categoría de cortos amateurs gracias a El caseron. Aun pareciéndonos su premisa algo forzada y demasiado supeditada a la sorpresa final, esta breve pieza posee estilo, contundencia y una apreciable falta de ambiciones que la convertían en una de las más apreciables del certamen. No quedamos tan conformes con el segundo seleccionado en esta categoría, que fue para Llamada divina, de Francisco Amores, un trabajo demasiado alargado y carente de ritmo que malogra una buena idea final por culpa del tedio que provocan sus minutos previos. Con todo, nos parece más simpático que otros de los trabajos finalistas, algunos de los cuales caen en el error de tomarse demasiado en serio a sí mismos, como es el caso del corto que recibió una mención especial, ¿Qué hay en la mente de un asesino? de Alberto Campón, quien se llevó el año pasado a casa un trofeo por Ciodor, que resultaba incluso más cargante. Aunque despierte nuestras simpatías el hecho de que alguien sea capaz de reunir a sus amigos para filmar trabajos más elaborados que de costumbre en el campo del corto amateur, no terminamos de conectar con esa vocación de trascendencia que Campón insufla a sus trabajos, aunque si consigue depurar su estilo y relajar un poco su intensidad podría lograr cosas interesantes en el futuro. En cuanto a los cortometrajes vencedores en la categoría profesional, nos reiteramos en lo dicho anteriormente: no compartimos en absoluto la decisión del jurado de premiar a Tus gritos me dan risa de Sergio Morcillo con el primer premio, ni Hotel de José Luis Alemán con el segundo. Si querían premiar a un gore humorístico, tanto Fist of Jesus como Curiosity Kills resultan mucho mejores que el trabajo de Morcillo, y si pretendían premiar la originalidad y la vocación artística, Elefante es un cortometraje de mayor calado estético y simbólico que la pieza de Alemán. Sí nos parece bien, en cambio, la mención especial a Eutanas, S.A., de Víctor Nores, un producto simpático y efectivo como ya hemos dicho anteriormente. En el certamen de relatos resultaron vencedores Fernando Rena con su obra El buehonero (sic) y Carlos Barbero de Palma con Nunca seremos libres, sin que podamos opinar sobre ninguno de los dos trabajos ya que no tenemos acceso a ellos.


CONCLUSIONES
Para nosotros y para todos los que demandamos más ofertas culturales en Extremadura, el hecho de que el Fanter Film Festival exista ya supone en sí mismo un motivo de alegría. Por lo tanto, dejando a un lado cualquier otra consideración que entre ya en terrenos más personales, siempre vamos a apoyar esta iniciativa tanto de manera presencial como de forma informativa a posteriori. Los responsables del Fanter han sido lo suficientemente hábiles como para darse cuenta de que tanto el trabajo de los medios como el de los participantes en los diferentes certámenes que convoca son vitales para la supervivencia, retroalimentación y difusión del festival. En consecuencia, este año han habilitado por primera vez el pase directo a periodistas, blogueros, escritores y cortometrajistas, para que todos aquellos que han colaborado (o van a hacerlo) de manera indirecta pero activa con el festival podamos entrar en la sala sin tener que hacer cola en la calle antes de cada sesión. Nuestra enhorabuena y nuestro agradecimiento por haber tomado esta decisión, ya que teniendo en cuenta el crecimiento del festival y la cantidad de gente que se agolpaba en la puerta de la Sala Capitol antes de casi todos los pases, esta acreditación nos ha facilitado mucho el trabajo.

Por otro lado, el Fanter es eminentemente un festival popular, pensado para que el máximo número posible de personas pase por allí y se deje sorprender y asustar por las películas proyectadas. Por eso el público es también mimado: recordamos que todos los pases son gratuitos y que se reparten botellas de agua y bolsas de palomitas para todos los asistentes, una vez por sesión. Además, cada entrada incluye un número con el que se entra en el sorteo de merchandising, películas, camisetas, etc., celebrado el mismo día de la clausura. Con todos estos reclamos, no es de extrañar que cada año el festival haya ido a más, llegando este año a alcanzar la cifra de 3500 espectadores en tres días. Para aclarar esto un poco, hay que decir que esto no significa que 3500 personas acudieran al festival, ya que la mayoría de los que fueron veían más de una película (normalmente casi todas), sino que entre todos los pases se sumó esa cifra de entradas y de localidades ocupadas. No obstante, hubo gente que se tuvo que quedar fuera en algunas sesiones por falta de aforo. Y aquí es donde nos planteamos lo siguiente: quizá sería el momento de comenzar a ampliar horizontes. Viendo la buena acogida del festival y comprobando que el espacio utilizado se ha quedado pequeño, quizá sería interesante plantearse en un futuro la posibilidad de sesiones paralelas en distintas salas, al estilo de lo que se hace en festivales más veteranos y ambiciosos. También sería interesante empezar a organizar actividades que se sumaran a los pases de películas y a los sorteos, tales como algunas exposiciones, publicaciones conmemorativas y mesas redondas con cineastas o cortometrajistas. Para que se consolidara del todo el Fanter, y de paso para atraer a un público todavía más amplio, podría ser una buena idea invitar en años venideros a algunos de los protagonistas o responsables de las películas proyectadas, amparándose en el rápido crecimiento que ha experimentado el festival en sólo tres años de vida. Y, sobre todo, algo que hemos echado en falta este año ha sido una mayor interacción con el público asistente, no sabemos si porque los organizares se han visto desbordados o si es debido a que algunos de los implicados comienzan a mostrar signos de agotamiento (como el caso del presentador, poco atinado con sus introducciones para algunas películas y con una actitud más pasiva que en años previos). Tampoco estaría de más una presentación oficial del director del festival antes de la primera sesión, a modo de bienvenida al público y de resumen de lo que se va a poder encontrar durante esos tres días.

Con todo, nuestras más sinceras felicitaciones y nuestra gratitud a Abandomoviez.net y a todos los que durante tres días se dedicaron infatigablemente a ofrecernos buen cine y buen ambiente. También a los que habéis llegado hasta el final de esta crónica. Larga vida al Fanter.

________________

© Pedro José Tena & Beatriz Ledo, 2013

Comentarios

  1. Si hemos conectado no puedo estar más satisfecho. Gracias al público de Cáceres!!! Un saludo, Víctor Nores.

    www.eutanasfilm.com

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    Respuestas
    1. Hola, Víctor.

      Muchas gracias por tu comentario. La posibilidad de ver cortos tan interesantes como el tuyo es otro de los grandes atractivos del Fanter Film Festival.

      Te deseamos toda la suerte del mundo con tus siguientes proyectos.

      Saludos.

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