El último desafío (The last stand. Kim Jee-woon, 2013)




Dice el cartel de esta película que "la jubilación no es para los tipos duros". Ya nos gustaría. Y ya les gustaría a Schwarzenegger, Stallone, Van Damme y compañía. Pero el tiempo no pasa en balde para nadie, ni siquiera para los héroes de acción más duros de todos los tiempos, y llega un momento en la vida de todo hombre (si es que tiene la suerte de llegar a viejo) en el que uno comienza a sufrir achaques, no se recupera tan rápido de los golpes y cuesta levantar la pistola más que antes, ejem. Además, siendo realistas y un poco agoreros, tendremos que reconocer que el cine de acción, al menos tal y como lo conocíamos y disfrutábamos en los ochenta y los noventa, está dando sus últimas boqueadas. No es casual que Los mercenarios 2 (The expendables 2. Simon West, 2012) recaudara menos en los Estados Unidos que Los mercenarios (The expendables. Sylvester Stallone, 2010), pese a que en el resto del planeta acabara amasando más dinero que la primera. Pero era relativamente fácil que esta reunión de pesos pesados recaudara lo suficiente como para considerarla un éxito, sobre todo en el mercado internacional, donde el público sigue siendo más benévolo con estas (no tan) viejas glorias. La verdadera prueba de fuego estaba en lo que viniera después, cuando cada actor estrenara sus nuevas películas por separado. Y, en ese sentido, los estrepitosos fracasos económicos que han supuesto en EEUU tanto El último desafío como Una bala en la cabeza (Bullet to the head. Walter Hill, 2012), el nuevo vehículo estelar de Stallone, vienen a confirmar que el público de hoy en día no está interesado en seguir viendo no sólo ya a los actores de siempre, sino el mismo estilo de acción que hizo del género uno de los más rentables de décadas pasadas.  

Así que los fans ya nos vamos haciendo a la idea de que, si queremos ver cintas de acción de verdad, de las que sudan, sangran y golpean duro, tendremos que conformarnos con el mercado del vídeo, donde, con un poco de suerte, se seguirán estrenando títulos tan estimulantes y brutales como Redada asesina (The Raid / Serbuan maut. Gareth Evans, 2011) o Universal Soldier: Day of Reckoning (Íd. John Hyams, 2012). Pero hasta que llegue ese momento en el que ya no haya más Schwarzenegger, más Stallone, más Van Damme ni más Dolph Lundgren, todavía tendremos la oportunidad de ver un puñado extra de títulos crepusculares que debemos disfrutar como si fueran nuestra última oportunidad de ver la luz del Sol. Poder ver un nuevo Schwarzenegger después de diez años sin que fuese el protagonista absoluto de ninguna película es una alegría para cualquiera que se haya criado con este tipo de cine. Disfrutar del Roble Austriaco en pantalla grande repartiendo justicia, soltando frases lapidarias antes (¡o después!) de cargarse al villano de turno y pegándole una paliza a un tipo muy malo (¡Eduardo Noriega!) treinta años más joven que él, resulta un placer del que resulta imposible renegar. Sobre todo porque El último desafío es un largometraje divertido, espectacular y simpático que no aspira a más que a hacer pasar un buen rato a un público cómplice y entregado al que ya se había ganado antes de que entrara en la sala. Pero ahí está también lo malo de la película: si tenemos en cuenta que esta cinta ha sido vendida como El Regreso de Schwarzenegger, con todo lo que eso implica, y que el director es el responsable de títulos tan potentes como El bueno, el feo y el raro (Joheunnom nabbeunnom isanghannom / The good, the bad, the weird. 2008) o la magistral Encontré al diablo (Akmareul boatda / I saw the devil. 2010) y, por tanto, capaz de despertar en nosotros unas expectativas bastante elevadas, es imposible no sentir cierta decepción al darse cuenta de que El último desafío es sólo un divertimento y que no pasará a formar parte de los títulos más memorables de Schwarzenegger, quedándose en un lugar intermedio dentro de su filmografía. Aunque, en honor a la verdad, también hay que decir que resulta un producto más interesante que algunos de los que protagonizó justo antes de retirarse momentáneamente para dedicarse a la política. Además, y siguiendo algunos de sus diálogos, la película se puede interpretar como una evidente declaración de intenciones. Al fin y al cabo, trata sobre un tipo que ha sido siempre un hombre de acción que ha visto "demasiada muerte y destrucción", pero que no cuando tiene que volver a coger las armas no le tiembla el pulso y no abandona porque, como él dice, "esto" (el cine de acción) es su "hogar"




MOTIVOS PARA VER 'EL ÚLTIMO DESAFÍO':
1) Ser fan del cine de acción y de Schwarzenegger y no ir a ver la película sería un crimen.
2) Los últimos 40 minutos son un espectáculo de acción notable, bien dirigido, violento y espectacular. 
3) Funciona perfectamente como Western, jugando con todos sus tópicos y modernizándolos.
MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1) El exceso de personajes secundarios pretendidamente graciosos (y no siempre simpáticos) y de subtramas inútiles (por ejemplo, el triángulo amoroso entre el tipo encarcelado, la ayudante del sheriff y el desgraciado que sueña con más acción... y la encuentra, para su desgracia). Todo ello hace que la cinta tarde demasiado en arrancar y que se desvíe de lo importante, hasta tal punto que en alguna ocasión me encontré a mí mismo preguntándome dónde estaba Schwarzenegger.
2) A veces da la sensación de que se trata de un remontaje de dos películas distintas (como aquellos clásicos de la Filmark): por un lado, un thriller de alto presupuesto en el que Forest Whitaker persigue (desde su despacho) a un criminal que se ha fugado en un supercoche; por otro, un Western moderno en el que un sheriff pretende proteger su pueblo de la llegada de un grupo de mercenarios peligrosos.

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