Michael Jackson Immortal (Jamie King. Cirque du Soleil, 2011)



Cuando Michael Jackson anunció en marzo de 2009 que iba a comenzar una serie de conciertos en el O2 Arena de Londres denominada This is it, fui uno de los que aguardaron impacientes el momento en el que las entradas estuvieran a la venta para poder conseguir una de ellas. No tuve suerte, pero al ampliarse el número de conciertos de los 10 originalmente previstos hasta un número de 50, pensé que todavía tendría oportunidades de ver por fin en directo a mi artista favorito, a quien llevaba siguiendo desde que me hiciera temblar de miedo con el videoclip de Thriller cuando apenas era un niño. Lamentablemente, esta posibilidad y muchas otras cosas se fueron al traste cuando Michael murió el 25 de junio de 2009, apenas unos días antes del primer concierto previsto.

Ser fan de Michael Jackson en los 80 era fácil. Era lo normal. ¿A quién no le podía gustar el disco Bad? ¿Quién no se asombraba cada vez que veía el moonwalk? ¿Quién era capaz de mantener los pies quietos cada vez que empezaba a sonar Billie Jean en la radio? Pero ser fan de Michael Jackson a partir de los 90, con los juicios, las excentricidades, el acoso mediático, era poco menos que una temeridad. Llegó un momento en el que te miraban raro cuando decías que tu cantante favorito seguía siendo él, cuando ibas a la tienda de discos a comprar las reediciones de sus álbumes clásicos. Y ya en 2001 muy pocos eran capaces de ver que Invincible fue un trabajo que, como todos los que Michael Jackson había hecho hasta la fecha, se adelantaba a su tiempo. No bastó con que fuera absuelto ante la justicia, Michael Jackson fue culpable ante la opinión pública por ser raro, por apartarse de lo común y crear su propio mundo. Por tener los recursos y la imaginación para hacer, en definitiva, lo que a la mayoría nos gustaría hacer. Tuvo que morir para ser perdonado y para que, por fin, su trabajo, su música, su arte, en definitiva, fuera apreciado de nuevo en su justa medida. Michael Jackson Immortal, creado por Jamie King para Cirque du Soleil, no sólo representa un bello homenaje a la figura de Jackson, sino que es una forma de conseguir que los que perdieron la fe en Michael se reconcilien con su pasado y hagan las paces con el que fuera su artista favorito a través de su música, también un auténtico regalo para los que seguimos al pie del cañón a través de los años, en los momentos buenos y en los malos, y es, sobre todo, una celebración colectiva del legado audiovisual que Michael Jackson nos dejó y, por último, lo más parecido a un concierto suyo que los que nunca pudimos verle en directo hemos tenido (y tendremos) la oportunidad de presenciar ahora que ya no está entre nosotros.    

A través de la figura de un mimo que representa a una humanidad gris y mecanizada que poco a poco se va contagiando de la magia de Michael Jackson, hasta mimetizarse con él al final, el espectáculo hace un recorrido por toda la discografía del cantante, desde sus primeros pasos con los Jackson 5 hasta fragmentos de su más reciente (y polémico) disco póstumo, titulado simplemente Michael. Un total de 25 números musicales, o algunos menos dependiendo de la ciudad donde se represente, que van desde el minimalismo de Is it scary (una contorsionista con un ceñido traje verde haciendo poses sobre un libro gigantesco) o Childhood (en el que una imagen infográfica del Michael niño nos saluda desde una ventana) hasta la grandiosidad de Black or White (con el escenario lleno de personas y banderas de distintos países) o They don't really care about us (con numerosos bailarines disfrazados de robots), que hizo que el suelo del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid retumbara haciéndonos vibrar. Hay que dejar claro que Michael Jackson Immortal no es lo que suele hacer el Cirque du Soleil: el hecho de que el show se represente en un escenario en lugar de en una carpa de circo no es casual, ya que más que un espectáculo acrobático o la búsqueda de un ambiente onírico (como en Corteo, el único show de la compañía que he visto además del que nos ocupa), lo que pretende es recrear el ambiente de un macroconcierto lleno de pantallas gigantescas, coreografías grupales y música en directo (en cuyo apartado nos encontramos con artistas que habían tocado con Michael: Don Boyette, Greg Phillinganes y Jonathan Moffett "Sugarfoot"), algo similar a lo que iba a ser This is it (de hecho, utiliza algunos de los conceptos visuales y vídeos de refuerzo que se iban a usar allí) pero, obviamente, sin Michael Jackson. Esto hace que el evento pueda resultar algo decepcionante para muchos, ya que posiblemente esperaran algo más grande y espectacular, con más números acrobáticos, más circo y menos música. Pero, al mismo tiempo, esto acentúa la sensación de que estamos ante un tributo a la figura del Rey del Pop más que ante cualquier otra cosa, un homenaje tan respetuoso que no utiliza la figura de ningún impersonator del cantante, sino que emplea su música y la temática de sus videoclips y canciones, incluso su propia voz y su poesía, para sumergirnos en su universo durante dos horas. Algo que consigue con creces.

De todos modos, que nadie se equivoque, la magia propia del Cirque du Soleil está presente aunque sea de un modo más sutil y esté al servicio de Michael Jackson (y no al revés, que era mi principal temor antes de ver el tráiler del show), otorgando a todo un empaque impresionante y logrando una comunión perfecta entre ambos conceptos (Jackson vs. Circo del Sol) que no siempre brilla a la altura de lo esperado (como en el número de Jam, bastante desangelado) pero que alcanza cimas de placer sensorial en la mayoría de los casos. Además de los ya citados, he aquí algunos de los highlights del espectáculo: el duelo musical entre Tina Guo (violonchelo) y Desirée Bassett (guitarra eléctrica) en Beat it; la impresionante belleza de Human nature, con varios acróbatas bailando en el aire con trajes llenos de luces que, al quedarse el recinto a oscuras, parecen grupos de estrellas flotando delante de nosotros y moviéndose al son de la música; el también acrobático y romántico momento de I just can't stop loving you; la exhibición gimnástica de Scream; la coreografía y el juego con las luces de Don't stop til you get enough / Billie Jean y, sobre todo, el medley con Heal the World y Will you be there que finaliza con una especie de holograma gigantesco de Michael Jackson proyectado sobre una enorme sábana y que consiguió arrancar las lágrimas de muchos asistentes (entre los que, lo reconozco, me encuentro).

Al final, uno sale de Michael Jackson Immortal con una sensación agridulce: por un lado, hemos asistido a un precioso homenaje concebido para honrar la memoria de nuestro cantante favorito; pero, por otro, sentimos mucha lástima al pensar que lo único que le falta a todo esto es su propia presencia. Pero eso, amigos, no debe enturbiar vuestra apreciación del show. 




MOTIVOS PARA ASISTIR A 'MICHAEL JACKSON IMMORTAL':
1)Poder escuchar la voz de Michael Jackson como si realmente estuviera allí, acompañado de música en vivo.
2)La selección musical se sale a veces de lo obvio, resultando una sorpresa que dediquen números a This place hotel o a Is it scary. 
3)El respeto con el que está concebido el espectáculo, mucho más enfocado a los fans de Michael Jackson que a los seguidores del Cirque du Soleil.
4)La belleza y grandiosidad de algunos de los números, capaces de hacer perdonar sin esfuerzo la mediocridad de otros (afortunadamente, los menos).   
MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1)La horrible idea de disfrazar a uno de los bailarines de torero durante la gran traca final, en una deferencia a la cultura popular española que a muchos nos resultó de lo más desagradable y que esperemos que no repitan en Barcelona en Abril.


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