Vacaciones en el infierno (Get the gringo. Adrian Grunberg, 2012)




Pese a que Vacaciones en el infierno se defienda por sí solo como un apreciable y divertido thriller de acción cargado de humor, es posible que su mayor interés no esté en lo que es o en lo que muestra, sino en lo que lleva implícito: la ópera prima de Adrian Grunberg como director puede entenderse como una metáfora del estado en el que se encuentra la carrera de su protagonista, el otrora laureado Mel Gibson, cuyo personaje vive aquí una odisea de tortura, redención y sacrificio tan del gusto de la estrella. Y no sólo es una historia que se pliega a sus filias personales, sino que, como he dicho, se convierte casi en un reflejo de lo que está atravesando en su vida privada: tenemos a un tipo que ha desafiado a la ley y que se encuentra encerrado en una cárcel sin celdas ni barrotes, pero de la que no puede salir (algo parecido al acoso que ha sufrido Gibson por los medios norteamericanos desde que fueron conocidos sus problemas personales); un entorno en el que sabe desenvolverse perfectamente pero en el que se sabe un extraño (la postura de Gibson ante la maquinaria de Hollywood); un personaje que, a pesar de recurrir a la violencia, de ser malhablado y de tener la misma estabilidad emocional que un castillo de naipes, irradia carisma y es imposible dejarle de amar (sobra explicarlo); y un detalle de lo más irónico y que resulta casi metalingüistico, como es el protagonista haciéndose pasar por... ¡Clint Eastwood!... para engañar a villanos con despachos enormes (¿el Mel Gibson director vendiendo su prestigio adquirido a los productores de cine?).  

Lamentablemente, el final feliz que encuentra su personaje no es el mismo que ha experimentado Gibson con esta cinta, ya que fue estrenada directamente en televisión en Estados Unidos y ha pasado bastante desapercibida en el resto del mundo. Algo injusto para una película cuyo mayor problema reside en una falta de definición que hace que la historia no encuentre un tono concreto y vaya dando bandazos de la comedia al thriller, pasando de vez en cuando por el cine de acción, pero que habría merecido mejor suerte y, sin duda, la hubiese tenido de haber sido estrenada en un momento de mayor popularidad de nuestro amigo Mel. Aquí vuelve a demostrar que, cuando quiere, puede ser un actor de lo más interesante, sobre todo en las secuencias que comparte con el niño del que se acaba encariñando y ejerciendo como protector. Vacaciones en el infierno no hará nada por recuperar la carrera de Mel Gibson, pero sin duda es un reencuentro agradable para los fans del tipo que nos regaló Arma Letal, Mad Max y, ya como director, Apocalypto.     




MOTIVOS PARA VER 'VACACIONES EN EL INFIERNO':
1)La posibilidad de ver de nuevo a Mel Gibson pasándoselo bien en una película.
2)Los (muy cafres) estallidos de violencia, aunque no sean demasiados. 
3)La relación entre el personaje del conductor y el niño  
MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1)La falta de definición de la película, que no parece saber a qué género pertenece.
2)El tercer acto es algo anticlimático.

Valoración:

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