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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Vacaciones en el infierno (Get the gringo. Adrian Grunberg, 2012)

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Pese a que Vacaciones en el infierno se defienda por sí solo como un apreciable y divertido thriller de acción cargado de humor, es posible que su mayor interés no esté en lo que es o en lo que muestra, sino en lo que lleva implícito: la ópera prima de Adrian Grunberg como director puede entenderse como una metáfora del estado en el que se encuentra la carrera de su protagonista, el otrora laureado Mel Gibson, cuyo personaje vive aquí una odisea de tortura, redención y sacrificio tan del gusto de la estrella. Y no sólo es una historia que se pliega a sus filias personales, sino que, como he dicho, se convierte casi en un reflejo de lo que está atravesando en su vida privada: tenemos a un tipo que ha desafiado a la ley y que se encuentra encerrado en una cárcel sin celdas ni barrotes, pero de la que no puede salir (algo parecido al acoso que ha sufrido Gibson por los medios norteamericanos desde que fueron conocidos sus problemas personales); un entorno en el que sabe desenvolverse pe…

Crónicas Cinéfagas: Del tsunami y los viajes en el tiempo.

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En el momento de escribir estas líneas, Lo imposible, de J. A. Bayona, lleva recaudada en España la escalofriante cifra de 19,5 millones de euros en tan sólo once días en las carteleras1. Hay que aclarar que esa cifra sólo es alcanzada por grandes superproducciones de Hollywood y que incluso las ha superado, convirtiéndose la cinta en la que más dinero ha recaudado en España en un único fin de semana (8,98 millones de euros en tres días). Esto supone que, en once días, 2,7 millones de espectadores han pasado por la taquilla para ver la película, que es algo así como el doble de personas que van al cine habitualmente cada semana. Son cifras mareantes para una película que también provoca mareos en las propias salas. O eso dicen: se repiten constantemente noticias relacionadas con desmayos y vómitos durante la proyección. Es difícil saber dónde termina la verdad y dónde comienza el simple aparato publicitario, pero en cualquier caso hay que aplaudir la jugada de su productora, Mediaset

Sinister (Sinister. Scott Derrickson, 2012)

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En 1981, Gary Sherman, apoyándose en la inestimable ayuda del guión de Ronald Shushett y Dan O'Bannon, dejó a todos los espectadores boquiabiertos y temblando de miedo ante el final de Muertos y enterrados (Dead & buried), gracias a una secuencia en la que el protagonista descubría la verdad de su condición no-humana mediante el visionado de una película antigua que daba respuestas a todas sus incógnitas (y a las del público). Sherman entendió que el terror que pudiéramos sentir viendo su largometraje sería mayor si situase al protagonista en nuestra misma posición y ambos, personaje y público, sufriesen con horror la visión de unas imágenes registradas en un celuloide maldito. Ese recurso, el del personaje de una película de miedo viendo otra película de miedo dentro de la historia, es el cliché sobre el que se sustenta el interés de Sinister, formulaica producción que viene marcada por la vitola "de los productores de Paranormal Activity e Insidious" y que ofrece,…