The King of Kong: A fistful of quarters (The King of Kong: A fistful of quarters. Seth Gordon, 2007)


El 24 de marzo de 1975, los espectadores que se encontraban en el el Coliseo de Richfield (Ohio, Estados Unidos) vibraron de emoción al ver que el semidesconocido Chuck Wepner conseguía aguantarle quince asaltos al campeón Muhammad Ali en un combate que muchos pensaban que sería una masacre. Esa prueba de fortaleza física y mental fue la que inspiró a Sylvester Stallone para escribir la historia de Rocky (Rocky. John G. Avildsen, 1976), generando una de las sagas más emblemáticas del cine norteamericano del siglo XX y creando un personaje que pasaría a la historia de la cultura pop. Fue esa épica del perdedor que escondía dentro de sí un luchador inquebrantable la que conquistó a Stallone y, después, a la audiciencia. Y es esa épica la que hace de The King of Kong: A fistful of quarters la gran película que es.

Billy Mitchell: el Final Boss.
Esto no es simplemente un documental sobre la historia de los primeros arcades, sobre los jugadores pioneros que se convirtieron en estrellas al crear unos records que serían la meta a superar en las décadas siguientes. No es una película hecha exclusivamente para aquellos que hayan jugado más de una vez al Donkey Kong, al Pac-Man, al Q*bert o al Missile Command tanto en recreativas como en emuladores. Obviamente, el ser un conocedor de los videojuegos es un extra, pero no hace falta ser un jugador habitual para disfrutar del documental porque, en realidad, de lo que trata es de la odisea personal de un tipo que aparece de la nada para derrotar a un campeón y, sobre todo, para demostrarse a sí mismo que puede ser el mejor en algo. Pero también sobre la complicada personalidad de su némesis y sobre los tejemanejes de un mundo lleno de una competitividad no siempre sana.

Steve Wiebe, el Rocky del arcade. 
The King of Kong: A fistful of quarters nos presenta a Billy Mitchell, un tipo que regenta un negocio de salsas para carnes y que ostenta varios records mundiales en puntuaciones de varios videojuegos, principalmente el Donkey Kong. Seth Gordon, el director del documental, traza un recorrido por la vida y obra de Mitchell, primero presentándole como poco menos que un héroe pero después, poco a poco, revelando los lados oscuros de su personalidad: su egocentrismo, su conservadurismo, su paranoia conspiranoide... y la extraña sensación de desconfianza que genera incluso entre aquellos a los que trata bien, como esa anciana a la que regala una máquina del Q*bert. Entonces nos presenta a Steve Wiebe, un tipo que siempre ha rozado la gloria en todo en lo que ha participado pero que nunca ha llegado a ser el número uno en nada, pese a sus aptitudes para el deporte, la música, la ciencia y... claro, los videojuegos. Cuando se queda sin empleo decide batir el record de Billy Mitchell en el Donkey Kong, en un intento de mantenerse ocupado, recuperar su autoestima y llenar su tiempo haciendo algo que le gusta y que se le da bien. A partir de esta premisa la película va perfilando las personalidades de uno y otro y desarrollando los pormenores de su enfrentamiento, hasta culminar en un peculiar cara a cara que se convierte en uno de los puntos álgidos del documental.

The King of Kong: A fistful of quarters es una historia documentada sobre los retos personales, sobre las obsesiones, las rivalidades y el hermético mundo de los jugadores de élite y sobre cómo esta pasión afecta a las personas que rodean a estos reyes de los mandos. Una delicia a la que sólo cabe reprocharle que se le note demasiado esa voluntad por crear un héroe y un villano, pero es un mal menor dentro de un conjunto que resulta emocionante, didáctico y divertido.





MOTIVOS PARA VER 'THE KING OF KONG: A FISTFUL OF QUARTERS':
1)De entrada, el tema que se encuentra en su base: los videojuegos pioneros. 
2)El innegable carisma de Billy Mitchell y Steve Wiebe. 
3)Su estructura dramática viene a ser algo parecido a 'Rocky' en formato documental. 
4)El instante en el que Wiebe y Mitchell se cruzan por fin en la Funspot. 

MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1)Aunque es un mal menor, se nota cierta manipulación subyacente para hacer parecer a Mitchell un auténtico demonio.




Comentarios

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