Retumbasagas Vol. 1: Venganza.

Venganza (Taken. Pierre Morel, 2008) / Venganza: Conexión Estambul (Taken 2. Olivier Megaton, 2012)






Hace unos años, si nos hubiesen dicho que Liam Neeson se convertiría en uno de nuestros héroes de acción favoritos pensaríamos que nos estaban tomando el pelo. Es cierto que había sido el protagonista de la vibrante Darkman (Íd. Sam Raimi, 1990), en la que demostraba que cuando se cabreaba, se cabreaba a base de bien. También había demostrado que sabía boxear en Big Man (Íd. David Leland, 1990), que podía ser un guerrero romántico escocés en Rob Roy (La pasión de un rebelde) (Rob Roy. Michael Caton-Jones, 1995), incluso que las espadas de todo tipo le sentaban bien, desde los sables lásers de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma (Star Wars: Episode I - The Phantom Menace. George Lucas, 1999) hasta las más convencionales de El Reino de los Cielos (Kingdom of Heaven. Ridley Scott, 2005) y Batman Begins (Íd. Christopher Nolan, 2005). Pero nada nos había preparado para verle siendo el protagonista absoluto de una película de acción y, menos aún, para que consiguiera borrar a base de hostias esa imagen de tipo blando que se había labrado a conciencia a lo largo de su extensa filmografía.

El milagro ocurrió gracias a Luc Besson y su compañía Europa Corp., a través de la cual nos ha regalado una interesante serie de cintas de acción, de procedencia francesa en su mayoría, tales como Yamakasi (Yamakasi - Les samouraïs des temps modernes. Ariel Zeitoun, Julien Seri, 2001), El beso del dragón (Kiss of the dragon. Chris Nahon, 2001), Wasabi (Íd. Gérard Krawczyk, 2001), Transporter (The Transporter. Louis Leterrier, Corey Yuen, 2002), Distrito 13 (Banlieue 13. Pierre Morel, 2004), Danny the Dog (Unleashed. Louis Leterrier, 2005), Desde París con amor (From Paris with love. Pierre Morel, 2010) o MS1: Máxima Seguridad (Lockout. James Mather, Stephen St. Leger, 2012). Con Venganza, escrita por Besson junto a su compinche habitual, Robert Mark Kamen, Europa Corp. consiguió un éxito sin precedentes dentro de la trayectoria de la productora: con un presupuesto de apenas 25 millones de dólares, la película amasó en suelo norteamericano la friolera de 145 millones, si bien en el mercado internacional los resultados fueron más discretos: 81 millones que daban un cómputo global de 226. Con esas cifras, no era de extrañar que sus artífices se propusieran llevar a cabo una secuela, que ha llegado este año con el título de Venganza: Conexión Estambul y que ha sido un éxito aún mayor, aunque esta vez se se haya distribuido de manera contraria: un total mundial (por ahora, porque sigue en cartel) de 287 millones, de los cuales 111 pertenecen a Estados Unidos y 175 al resto del planeta. Si tenemos en cuenta que tampoco se han gastado demasiado, sólo 45 millones (que es un presupuesto moderado para un actioner destinado a las salas de cine, aunque otras fuentes apuntan a que la cifra está más cerca de los 80 millones), no nos extraña que se estén planteando filmar una tercera parte.

¿Qué tiene de especial esta bilogía protagonizada por Liam Neeson para que haya encandilado a casi todo el mundo? Eso y más es lo que vamos a ver a continuación, en este primer volúmen de la serie Retumbasagas.



Bryan Mills (Liam Neeson) es un ex-espía del gobierno norteamericano que se ha retirado del servicio para poder estar más cerca de su hija Kim (Maggie Grace) y de su ex-mujer, Lenore (Famke Janssen). Después de haber sacrificado su vida familiar por su trabajo, Bryan intenta infructuosamente recuperar el afecto de los suyos, mientras llena su tiempo haciendo barbacoas con sus antiguos compañeros de armas y aceptando algún trabajo esporádico en el campo de la seguridad privada. Cuando Kim decide irse a Europa con su amiga Amanda (Katie Cassidy) para seguir una gira de U2, ambas son abducidas por la mafia albanesa nada más aterrizar en París. Antes de que se la lleven, Kim consigue hablar por teléfono con Bryan, dándole las pistas suficientes para que este pueda emprender la búsqueda de los culpables, acabar con ellos y rescatar a su hija antes de que sea convertida en prostituta

Con este argumento, todo nos hacía pensar que estaríamos ante una cinta rutinaria, sin ningún elemento especial y destinada exclusivamente a los fans más acérrimos del cine de acción. Incluso el propio Liam Neeson parecía desconfiar del potencial de la película, ya que años después confesaría que cuando aceptó filmarla lo hizo por el cheque, convencido de que sería estrenada directamente en DVD y no supondría ningún punto de inflexión en su carrera. No sabíamos ninguno, incluyendo el mismo actor, lo equivocados que estábamos...

Liam Neeson acojonando a los
malos por teléfono.
La clave para entender el éxito de Venganza está en la sorpresa que supuso ver a un gran actor como Liam Neeson en un papel que parecía más apropiado para cualquiera de los action-heroes habituales (que cada uno ponga aquí el nombre que quiera), aniquilando con una sorprendente habilidad todos los prejuicios que pudiésemos tener a priori sobre su elección para encabezar el reparto de esta película: ya sabíamos que sus dotes interpretativas estaban fuera de toda duda, pero, ¿resultaría además creíble persiguiendo a tipos despreciables, involucrado en tiroteos y encarando algunos enfrentamientos con la utilización de artes marciales? La respuesta a todo eso fue un rotundo SÍ. De repente nos vimos ante la película de siempre, pero protagonizada por alguien con unos recursos interpretativos que, mal que nos pese a los fans de los cachas de toda la vida, estaban por encima de los de Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Steven Seagal o incluso el más aplicado de todos ellos, Jean-Claude Van Damme. Liam Neeson se destapó como un rival a la altura de Mel Gibson, pero sin su eterna cara de estar de cachondeo siempre, es decir, alguien capaz de resultar creíble en las secuencias domésticas, de cautivar a la audiencia femenina con su porte y su sensibilidad y, al mismo tiempo, capaz de encarnar la figura del macho-man indestructible y más listo que nadie cuando la situación lo requiere. Gracias a todo esto, Neeson consiguió librarse de esa inevitable tirria que los action-fans sentimos hacia ese tipo de actores ajenos al género que se meten en esto por la pasta y les roban proyectos a otros que se entregan en cuerpo y alma a ello. Gracias a Venganza, Liam Neeson pasó a ser uno de los nuestros, el tipo que a todos nos gustaría ser y en el que nuestras novias querrían que nos convirtiéramos.

Pero sería injusto adjudicar todo el mérito del éxito de Venganza a Neeson. Debemos reconocer que el guión de Robert Mark Kamen y Luc Besson funciona como un tiro y que ese speech que le regala al actor, cuando coge el teléfono y amenaza a los malos metiéndoles miedo con sus habilidades, es uno de los momentos más felices que nos ha dado el cine de acción en los últimos años. En cuanto a la dirección de Pierre Morel, lo cierto es que se muestra algo torpe en la composición de las escenas de lucha (algo que iría a peor cuando Olivier Megaton se encargara de la secuela), pero durante el resto de la película es capaz de otorgar a la narración un ritmo y un suspense dignos de elogio. Por otro lado, más allá de la falta de originalidad (que es algo que nunca nos ha preocupado demasiado a los que consumimos con fruición este tipo de cine), Venganza tiene el problema de que le falta un villano a la altura de Neeson, alguien que le ponga en un verdadero aprieto y que tenga un rostro identificable, porque lo cierto es que, al fin y al cabo, nos pasamos hora y media viendo al protagonista matando a albaneses intercambiables con relativa facilidad. Pero también es cierto que ver a Neeson masacrando villanos random con esa contundencia es un verdadero placer. El público así se lo hizo saber a Besson, Kamen y Neeson, quienes cuatro años después nos entregarían una segunda parte algo inferior, pero nada desdeñable. 



Lo mejor:
La sorpresa que supuso descubrir a Liam Neeson como héroe de acción. La efectividad con la que se mezclan acción y suspense.
Lo peor:
La falta de un villano a la altura de Neeson. 

Valoración:




Cuatro años después de rescatar a su hija de las garras de una red albanesa de trata de blancas afincada en París, Bryan Mills sigue en su empeño de recuperar el tiempo que ha perdido con su familia. Lenore está a punto de divorciarse del tipo con el que se casó después de terminar su relación con Bryan, lo cual supone una oportunidad de oro para nuestro héroe de volver a conquistarla. Con Kim las cosas también van mejor, pasa tiempo con ella enseñándole a conducir y la joven le demuestra más cariño después de ver cómo arriesgaba su vida por ella, aunque ahora tiene un novio que trae de cabeza a este suegro que ninguno querríamos tener. Durante unas vacaciones en Estambul, este clima de reconciliación familiar se enturbia con una nueva amenaza: Murad Krasniqi (Rade Sherbedgia), el padre de uno de los criminales a los que Mills dio matarile en París (concretamente Marko, aquel al que dejó atado a una silla mientras se electrocutaba), ha localizado al ejecutor de su hijo y clama venganza. 

Como habéis podido comprobar por su sinopsis, Venganza: Conexión Estambul potencia los elementos cotidianos de la trama, centrándose más en los Mills como familia y repartiendo algo más el protagonismo entre Liam Neeson y Maggie Grace, quien en esta ocasión tiene que ayudar a sus padres cuando estos son secuestrados y torturados. De hecho, en las primeras noticias que se filtraron sobre esta secuela, se dijo que la protagonista absoluta sería Grace y que ella se encargaría de llevar la acción, algo ante lo que pronto se opusieron los fans de la primera parte, deseosos de ver de nuevo a Liam Neeson on fire. Afortunadamente, el guión de Luc Besson y Robert Mark Kamen se las ingenia para que padre e hija colaboren en algunas secuencias de acción, especialmente en un interesantísimo tramo de la película en el que se da la siguiente situación: Bryan y Lenore están encerrados en un sótano, con Lenore inconsciente debido a las torturas de los albaneses; Bryan guarda un teléfono con el que logra ponerse en contacto con Kim, que permanece en el hotel; le explica que han sido secuestrados y le va dando precisas indicaciones sobre cómo escapar del hotel antes de que lleguen los villanos, cómo encontrar el sitio en el que les han recluido (guiándose por el sonido de unas explosiones que la muchacha va provocando por pleno Estambul) y cómo proporcionarle un arma con la que escapar de allí. Se trata de una secuencia extensa, que ocupa casi toda la parte central de la película, narrada casi en tiempo real y que incluye de todo: suspense, torturas, persecuciones, tiroteos y peleas cuerpo a cuerpo. Es, con toda seguridad, lo mejor que ha dirigido Olivier Megaton, otro protegido de Europa Corp. que reemplaza aquí a Pierre Morel y se resarce de la mediocridad que reinaba en sus anteriores trabajos: Transporter 3 (Íd. 2008) y Colombiana (Íd. 2011).

Liam Neeson acojonando a los malos
con la mirada y las manos.
Esta vez tenemos un escenario aún más exótico, un Estambul del que Megaton saca mucho provecho de sus laberínticas calles, tenemos también un villano con más personalidad (y que tiene un sicario que, esta vez sí, supondrá un serio rival para Bryan Mills en la lucha cuerpo a cuerpo), un ritmo imparable y un Liam Neeson que demuestra nuevas facetas de su personaje: su capacidad para ir trazando un mapa mental de las calles por las que pasa cuando es secuestrado y sólo cuenta con la ayuda de sus oídos para ubicarse, algo que le será de vital importancia cuando tenga que explicarle a su hija cómo encontrarle. Sin embargo, no se puede decir que Venganza: Conexión Estambul sea superior a la primera parte. Esto se debe a varios factores, todos bastante evidentes. Para empezar, está la pérdida del factor sorpresa: desde que se estrenó Venganza, hemos tenido ocasión de ver a Liam Neeson haciendo de tipo rudo en El Equipo-A (The A-Team. Joe Carnahan, 2010) y dos películas construidas a la medida de su nueva imagen, Sin identidad (Unknown. Jaume Collet-Serra, 2011) e Infierno blanco (The Grey. Joe Carnahan, 2011), por lo que podríamos decir que ya nos hemos acostumbrado a verle en el papel de héroe de acción y, debido a eso, ya no nos pilla desprevenidos su capacidad para liderar una cinta de estas características. Otro elemento decepcionante es que la premisa parece bastante forzada, hasta tal punto que la llamada de teléfono que Mills realiza a su hija parece casi una parodia de la de la primera parte. De hacer una tercera, más les vale a los guionistas estrujarse un poco más las meninges para dar con una situación más creíble y no caer definitivamente en lo ridículo, porque es fácil imaginarse a Mills llamando por teléfono y diciendo "Kim, escucha atentamente... han secuestrado a tu novio". Aunque lo peor de todo, lo que más está cabreando a los fans (de manera exagerada, a mi entender), es que las secuencias de lucha (en realidad dos o tres como mucho en todo el metraje) son todavía más confusas que las de la primera parte, por culpa de ese mal extendido en el cine de acción actual de acercar demasiado la cámara y hacer un montaje saturado de planos cortos y rápidos. Sí es verdad que esto puede llegar a ser relativamente molesto, pero no lo es tanto si pensamos que ese no es el único reclamo de la saga (ver a Liam Neeson dando hostias es un extra, no el único atractivo de las dos películas de Venganza), y si tenemos en cuenta que el resto de la película mantiene un nervio y una intensidad ascendentes muy por encima de otras cintas del género recientes.

Espero no tener que esperar otros cuatro años para ver de nuevo a Bryan Mills en acción. Y, cuando lo haga, este post será debidamente revisado y ampliado, quién sabe cuántas veces más...



Lo mejor:
Es una secuela digna, que pone mayor peso sobre la familia del héroe pero que no abandona su principal interés: ver a Liam Neeson otra vez desatando su furia contra los que hacen el mal.  
Lo peor:
A diferencia de lo que ocurrió con la primera parte, esta ya no sorprende, algo por otro lado bastante lógico.

Valoración:

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