V/H/S (V/H/S. Adam Wingard, David Bruckner, Ti West, Glenn McQuaid, Joe Swanberg, Radio Silence, 2012)




En 1989 el italiano Giuseppe Tornatore nos regalaba una película que no por moñas vamos a dejar de querer: Cinema Paradiso se convirtió en una de las cintas más emotivas de finales de los ochenta, una declaración de amor hacia esa gran cosa llamada Cine que tanto ha hecho por llenar las grises vidas de individuos como el que esto suscribe. Aunque me cueste reconocerlo, a servidor todavía se le escapa la lagrimilla cuando ve ese desfile final de besos robados y otrora prohibidos por la vomitiva censura fascista. Pero ese es otro tema… 

En ese mismo 1989 Joe Dante andaba metido en una cinta que me gusta aún más que Cinema Paradiso, esa delicatessen que fue No matarás al vecino (The 'burbs) y que mantiene su efectividad por mucho que pasen los años. Pero Dante, quien apuesto a que está aún más enamorado del cine que Tornatore, se permitió el lujo en 1993 de estrenar su propia carta amorosa dedicada al celuloide, posando su mirada sobre un cine menos prestigioso que, sin embargo, es el que perdura con mayor fuerza en la memoria afectiva de los espectadores: el fantástico. Y más concretamente sobre la Ciencia-Ficción y el Terror norteamericano de los años 50, auténtica década prodigiosa de invasiones de todo tipo y de experimentos delirantes en la que lo mismo veías a insectos gigantes que a un científico con cabeza de mosca o unos marcianos con pelotas de ping pong en los ojos. Todo era de recibo, siempre que fuera válido para entusiasmar a esos jóvenes espectadores que se dejaban las pestañas debajo de las sábanas iluminando con sus linternas los cómics de la EC que sus padres les prohibían, mucho más preocupados estos por miedos más terrenales como que en cualquier momento les soltaran una bomba atómica en el jardín de casa y se fuera todo a tomar por saco, justo ahora que se habían invertido sus ahorros en el televisor. 

Y es que, en una vuelta de tuerca que tiene más sentido del que pudiera parecer en un principio, Dante sitúa la acción no en los 50, sino en 1962, y no sólo por ser la fecha en la que el mundo estuvo a punto de irse al garete por un quítame de ahí esos misiles (dato para el que se limpiara el culo o se liara los canutos con las hojas del libro de Historia en el instituto: hablamos de la crisis de los misiles de Cuba), sino también porque era una fecha en la que la edad dorada de la ciencia-ficción cinematográfica ya estaba pasando a mejor vida en forma de producciones cada vez más baratas y derivativas y en la que los magnates de Hollywood (y los negociantes de tres al cuarto) se las tenían que ingeniar para competir con el aparato de rayos catódicos que muchos norteamericanos tenían ya instalados en sus salones de moqueta, sobre la que el pequeño Johnny se arrodillaba para ver su serie favorita mientras los pelos se le ponían de punta por culpa de la electricidad estática. 

En esta tesitura tenemos a uno de los protagonistas de la cinta, el productor Lawrence Woosley (John Goodman, tan simpático y creíble como siempre), quien ha creado un nuevo sistema con el que pretende revolucionar el mundo de la exhibición cinematográfica al que ha bautizado como “Retumbarama” y que será aplicado en su última producción: Mant (¡qué título!). Básicamente toda la trama de la cinta gira en torno a los intentos del productor por que su espectáculo funcione (no le basta con la ficción que ha creado para la pantalla, de la que por cierto podemos disfrutar algunos fragmentos, sino que a ello hay que añadirle la pirotecnia que llevará a cabo en el propio patio de butacas), vista a través de los ojos de un adolescente loco por el cine y cuyo padre, soldado, está destinado en pleno conflicto nuclear. Todo ello con una constante amenaza creciente de telón de fondo que sitúa a los personajes en un incómodo estado de temor continuo en medio de su aparentemente idílico pueblo residencial (una constante en el cine de Dante). 

Sí, sí, lo sé. Los que no hayáis visto la peli y estéis al tanto de las correrías de este director estaréis pensando “vale, muy bien, pero… ¿dónde están los gremlins? ¿No salen pirañas, ni hombres lobo ni nada?”. Sé que alguno se sentirá estafado con la respuesta, pero esta es NO. Todo elemento fantástico que esté plasmado en esta cinta corresponde a la película que los protagonistas ven en el cine (filmada en blanco y negro y con la presencia del inevitable Kevin McCarthy, quien junto a los aquí también presentes Robert Picardo y Dick Miller, está en la mayoría de cintas de Dante) y el único terror que aparece es al apocalipsis (que no es moco de pavo precisamente), pero nunca representado por demonios diminutos o muñecos violentos, sino por el más prosaico belicismo humano. De aquí podría venir la frialdad con la que Matinee fue recibida por un público más receptivo a espectáculos cómicos como El chip prodigioso (Innerspace. Joe Dante, 1987) que a este Dante más intimista y personal, en el que la emoción no surge tanto de ver a los protagonistas en peligro como de su capacidad para evocar una época de relativa inocencia y una forma de hacer las cosas entrañable (ese Woosley que quiere ser Hitchcock y se queda en William Castle, dicho esto con todo el respeto del mundo) que siempre ha estado presente en la filmografía de este director tan menospreciado y que tanto bien ha hecho por el cine de entretenimiento. 

Matinee quizá no sea la mejor película de Dante, pero no cabe ninguna duda de que es la que más nos cuenta sobre él mismo; un capricho personal, si se quiere interpretar así, que no deja de ser también un auténtico regalo para los que siempre conectamos con su forma de ver, sentir y hacer el cine.




MOTIVOS PARA VER 'V/H/S':
1)La terrorífica (y satisfactoria) sensación de que cualquier cosa puede suceder. 
2)El sutil e inquietante fragmento dirigido por Ti West (el de la pareja que viaja y se queda en un motel). 
3)El sorprendente capítulo dirigido por Joe Swanberg (el que utiliza webcams exclusivamente). 

MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1)Como suele pasar con el found-footage, entre susto y susto hay mucho relleno y mucho movimiento de cámara mareante. 'V/H/S' no es una excepción.
2)El episodio dirigido por Radio Silence (el último) es tan espectacular como caótico.

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