El enigma del cuervo (The Raven. James McTeigue, 2012)



Cuando leí en las revistas los nombres de los guionistas de esta película, Ben Livingston y Hannah Shakespeare, pensé de inmediato que eran seudónimos tras los cuales se escondían Andy Wachowski y Lana Wachowski, productores de las dos anteriores cintas de McTeigue: la recuperable V de Vendetta (V for Vendetta, 2005) y la decepcionante Ninja Assassin (2009). Me hacía gracia pensar que los Wachowski seguían apadrinando a este director, del mismo modo que me gustaba teorizar sobre si James McTeigue no sería más que un heterónimo tras el que se ocultaban los artífices de la saga Matrix. Luego descubrí que Livingston y Shakespeare también existían, que eran personas reales, que el primero tiene una vasta carrera como actor secundario de cine y televisión y que Shakespeare  ha trabajado en los libretos de diversas series. Y así, de repente, mi teoría conspiranoica quedaba desmontada.

A medida que transcurren los minutos de El enigma del cuervo, nos damos cuenta de que la locura de su premisa también queda diluida y todo resulta más convencional de lo que esperábamos. Si bien en un principio era imposible no babear ante la idea atrevida de que Edgar Allan Poe (John Cusack) se enfrentara a un psicópata que intenta imitar su arte, luego queda claro que a la propuesta de McTeigue le faltan dosis de osadía y que los caminos por los que transita son los mismos que se pusieron de moda gracias a la fundamental Seven (David Fincher, 1995), ahora con mayor protagonismo de la ciencia forense gracias al boom televisivo de los procedurals tipo CSI o Sin rastro. Es decir, desde un punto de vista argumental la película es resultona, pero en ningún caso sorprendente (y, de hecho, cuando pretende resultarlo, como el instante en el que se descubre quién es el asesino, no consigue sus objetivos).

Eso sí, se agradece, y mucho, que McTeigue no haya seguido la estela de Guy Ritchie y sus Sherlock Holmes, con su narrativa imposible llena de efectismos y que resultaba tan deslumbrante como agotadora para los sentidos, apostando por un clasicismo que, en su mezcla con un inesperado y bienvenido gore, está cerca del tono que poseía Desde el infierno (From hell. Albert Hughes, Allen Hughes, 2001).

Poco más se puede decir de una película que decepcionará a los que esperaban de ella una fiesta para entendidos (por supuesto que hay referencias a la obra de Poe, pero los profanos pueden seguir la trama sin perderse en absoluto) o una obra pasada de vueltas o que siguiera la línea de insensatez que posee su punto de partida. Más bien al contrario, El enigma del cuervo es una cinta correcta, entretenida y hasta cierto punto estándar, diseñada para gustar a espectadores de multisala más que a consumidores habituales de novelas clásicas de terror y misterio. Y eso no tiene por qué ser malo. 





MOTIVOS PARA VER 'EL ENIGMA DEL CUERVO':
1)Ver a un personaje real en una película que no es un biopic. 
2)Los momentos que hacen referencias directas a los relatos de Poe. 
3)Tiene más gore del que cabría esperar. 

MOTIVOS PARA NO HACERLO:
1)No estaría de más un mayor grado de locura, teniendo en cuenta lo atrevido de su planteamiento.
2)La identidad del asesino resulta totalmente decepcionante.

Comentarios

  1. A mi no me disgusto...me entretuvo...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, que ya es más de lo que podemos decir de algunas que hemos visto en el cine... o en DVD. :)

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Golpe de estado

La leyenda del luchador borracho

Diez terrores para Halloween (II)