Título original :  No Escape .  Género : Acción.  Nacionalidad : Estados Unidos.  Duración : 103 ...

Título originalNo EscapeGénero: Acción. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 103 minutos. Reparto: Owen Wilson, Lake Bell, Pierce Brosnan, Sterling Jerins, Spencer Garrett, Claire Geare, Byron Gibson, Russell Geoffrey Banks, Jim Lau.


Aunque ya había filmado Full Moon Rising (1996) y The Dry Spell (2005), John Erick Dowdle (junto a su hermano Drew en el guion) dio en la diana con una película de terror que supera sin problemas a la mayoría de títulos adscritos al found-footage y que provoca verdadero pavor: The Poughkeepsie Tapes (2008). No es de extrañar que la carrera de los Dowdle se viera confinada a los márgenes del cine de terror de bajo presupuesto (a menudo auspiciado por majors a través de sus divisiones de serie B), responsabilizándose del innecesario remake de [Rec] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), Quarantine (2008), de la irregular aunque interesante La trampa del mal (Devil, 2010) y de otra cinta con la que regresaban al formato de metraje encontrado, Así en la Tierra como en el infierno (As Above, So Below, 2014). Todas tenían algo el común: la utilización de un espacio cerrado en el que los protagonistas tenían que sobrevivir y del que tenían poco tiempo para escapar. La llegada de los Dowdle al género de acción con Golpe de estado podría ser vista como un cambio de registro demasiado radical, pero en realidad los creadores de esta epopeya supervivencialista se mueven en terreno conocido y, aunque amplíen el radio de acción, la historia no deja de ser la de un grupo de personajes atrapados en territorio hostil (esta vez con paredes no solo físicas, sino también culturales y políticas), luchando contrarreloj por huir de una trampa mortal. La película narra la odisea de Jack Dwyer (Owen Wilson) y su familia cuando viajan al sudeste asiático para empezar allí una nueva vida en una empresa de explotación acuífera. Pronto se dan cuenta de que han ido a parar a un lugar inmerso en plena revuelta social, y las cosas empeorarán todavía más cuando se percaten de que el objetivo de los guerrilleros locales es acabar con los occidentales que pasan por allí, a modo de venganza por los capitalistas extranjeros que están explotando sus recursos naturales y dejándolos a ellos en la miseria. En una huida desesperada hacia la embajada americana, los Dwyer sólo contarán con la ayuda del enigmático Hammond (Pierce Brosnsan), alguien que es mucho más que un simple turista, a pesar de las apariencias. 

Si digo que Golpe de estado no se aparta demasiado del género que hizo famosos a los Dowdle es porque no hay mucha diferencia entre los insurgentes tailandeses de esta película y los Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars, 2001) de John Carpenter o los infectados de 28 semanas después (28 Weeks Later, Juan Carlos Fresnadillo, 2007), por poner dos ejemplos con los que la cinta también comparte estructura. Podrían compararse también con los indios de muchas cintas del oeste, pero el salvajismo que emplean y la manera en la que son retratados por el director colocan a los protagonistas (y, por extensión, a los espectadores) casi en una película de terror, asediados por una turba de asesinos despiadados a los que sólo la muerte puede detener. No cabe duda de que representar a los nativos como una masa desquiciada y terrorista posee algo de racismo implícito, por mucho que se les intente justificar durante una conversación mantenida entre Jack y Hammond en uno de los escasos pasajes tranquilos de la cinta. Pero es evidente que el comentario político es una mera excusa en un guion que bebe también de los actioners de la Cannon y otras productoras menos emblemáticas, pudiendo servir de acompañamiento perfecto a una hipotética sesión doble con Invasión USA (Invasion U.S.A., Joseph Zito, 1985). Sin embargo, Owen Wilson no es Chuck Norris, por mucho que también intentara convertirse en héroe de acción en la simpática Tras la línea enemiga (Behind Enemy Lines, John Moore, 2001). Y los Dowdle son lo suficientemente inteligentes como para no intentar convertir esto en una macho movie con un Wilson hipermusculado y armado hasta los dientes. Al contrario, mantienen la figura del protagonista dentro de los márgenes del tipo corriente que sólo quiere proteger a su familia, pero al que le faltan los recursos necesarios para enfrentarse por sí solo a unos guerrilleros que le superan tanto en número como en habilidades aniquiladoras. El personaje de Brosnan es quien ejerce de salvador en varios momentos, aunque a la hora de la verdad lo que mantiene vivos a los turistas americanos es su capacidad para seguir unidos como familia, sin importar a qué tengan que enfrentarse. Así que, como ven, Golpe de estado puede considerarse una película retrógrada y xenófoba, pero no mucho más que cualquier obra de acción de los 80 con la que hayan podido disfrutar en más de una ocasión, sin plantearse este tipo de cuestiones sociales.


Al fin y al cabo, aquí lo que importa es el dinamismo, la acumulación de tensión, la liberación en forma de explosión de violencia, el suspense y, sobre todo, la acción. En ese sentido, pocas pegas se le pueden poner a una película trepidante, espectacular (a pesar de un presupuesto ajustado de cinco millones de dólares) y electrizante que hace sudar al espectador y obliga a contener el aliento en más de una ocasión. Vean por ejemplo la secuencia de la azotea del hotel, con la aparición del helicóptero y la posterior huida de la familia Dwyer a través de los tejados. Llegamos hasta esa situación después del primer estallido de violencia de la película y, justo cuando parece que hemos encontrado un pequeño remanso de paz, sin que aún hayamos sido capaces de relajarnos, somos arrojados de nuevo a una situación de peligro aun mayor de la que los personajes sólo pueden escapar de una manera que, en frío, desafía cualquier lógica y sería rechazada por cualquier persona con dos dedos de frente (arrojar a tus propias hijas de una azotea a otra, como si fueran bultos de equipaje), pero que dentro del contexto de la secuencia tiene sentido. Y esa es la dinámica que sigue el film durante sus 100 minutos de duración: cuando menos lo esperamos, hay un tanque disparando proyectiles hacia el edificio donde se esconden los héroes, poco después tienen que huir en moto y algo más tarde han de sobrevivir al asedio de un francotirador. No hay descanso en Golpe de estado y, cuando termina la película, uno acaba con sudor en las manos y una sonrisa de alivio y satisfacción. Es una experiencia intensa y cafre, con la misma sutileza que una patada en los testículos, una celebración de la cinética tan políticamente incorrecta como jovialmente satisfactoria. Y ante todo esto no hay que oponer resistencia alguna.

Título original :  Gridlocked .  Género : Acción.  Nacionalidad : Canadá.  Duración : 110 minuto...

Título originalGridlockedGénero: Acción. Nacionalidad: Canadá. Duración: 110 minutos. Reparto: Dominic Purcell, Cody Hackman, Stephen Lang, Trish Stratus, Danny Glover, Vinnie Jones.

En 1991, el infravalorado John Badham estrenaba una apreciable (y olvidada) comedia de acción titulada Colegas a la fuerza (The Hard Way). En ella, James Woods interpretaba a un veterano policía de Nueva York que, en contra de su voluntad, tenía que encargarse de custodiar durante unos días a un famoso actor de Hollywood al que daba vida Michael J. Fox. El personaje de este era una curiosa perversión de sí mismo: un ídolo del cine adolescente a quien ni Hollywood ni sus fans querían darle la oportunidad de crecer artísticamente. Su plan es acompañar al poli más duro de la ciudad durante varios días para contagiarse de su energía, masculinidad y valentía, con tal de resultar creíble en el papel que debería mostrar una nueva imagen mucho más adulta. Sin embargo, y como mandan los cánones, la misión no va a ser un paseo por el parque: la amenaza de un peligroso asesino otorgará al divo una motivación extra que no había pedido para meterse en la piel de un héroe de acción. Casualmente (o no), el villano de Colegas a la fuerza estaba interpretado por Stephen Lang, quien ahora se ve inmerso en una trama muy similar donde también le toca hacer el papel del odioso, despiadado y sanguinario malo de la función.

Gridlocked, producción canadiense dirigida por Allan Ungar y estrenada en el Fantastic Fest 2015 de Austin, parte de una premisa casi idéntica a la de Colegas a la fuerza: Brody Walker (Cody Hackman) es un ex-niño prodigio de Hollywood al que los problemas con las sustancias ilegales y su actitud temeraria y violenta han puesto en un verdadero aprieto; tras golpear a un periodista, está a un solo paso de pisar la cárcel y dar al traste con la película que debe filmar a continuación y que supondrá un revulsivo en su carrera. Por otro lado tenemos a David Hendrix (Dominic Purcell), un antiguo miembro de los SWAT que ha sido devaluado en su trabajo por culpa de sus maneras excesivas y de unas actividades paralelas no demasiado legales que cometió en el pasado. Para evitar la entrada en prisión de su gallina de los huevos de oro, los abogados de Walker le proponen al actor un plan que creen infalible: declararse culpable de su agresión al periodista, pero ofrecerse voluntario para acompañar a un policía de servicio y pagar así su deuda con la sociedad. Aunque, en realidad, lo que de verdad le interesa a Walker es convertirse en una esponja durante días y asimilar la actitud, los gestos y el valor de su protector. El afortunado ángel de la guarda no será otro que Hendrix, obviamente.

Hasta este momento, Gridlocked nos sitúa en el terreno de la comedia de acción protagonizada por dos personajes antagónicos que deben colaborar a la fuerza, pero entre los que aparentemente no hay ningún lazo de unión. Es decir, una buddy movie de manual que, al menos durante los primeros minutos, parece que va a seguir al pie de la letra lo mostrado por John Badham en Colegas a la fuerza. Pero afortunadamente esto es sólo un espejismo, y en lo que casi se puede considerar un error de guion (por suponer un cambio de rumbo, ritmo y atmósfera ciertamente radical), la historia pronto nos lleva a unas instalaciones de entrenamiento policiales donde transcurrirá el resto de metraje. Allí nos encontramos con el veterano Sully (Danny Glover), el novato Scott (Steve Byers), la aguerrida Gina (Trish Stratus) y el presumido Jason (James A. Woods). Mientras, en el exterior, un grupo de mercenarios liderados por Korver (Stephen Lang) y Ryker (Vinnie Jones) ejerce como amenaza constante y real. Pronto todos los personajes se verán inmersos en una situación de acoso, invasión y supervivencia en la que el edificio se convertirá en una suerte de Nakatomi Plaza y en el que ya apenas quedará espacio para el humor, siendo este relegado a un plano muy secundario cuando se adueñen de la pantalla los tiroteos, las peleas cuerpo a cuerpo y las explosiones. En mitad de toda la pirotecnia, los héroes tendrán que descubrir por qué los villanos quieren entrar en el edificio y quién les está pasando información, ya que uno de los residentes no es quien parece ser.


Gridlocked ostenta el récord de ser la película canadiense con más disparos de la historia. Quizá el dato no sea demasiado relevante porque tampoco se puede decir que haya una tradición canadiense por el actioner, pero sí es algo bastante significativo dentro de la producción reciente de cine de acción de serie B, llena de títulos rodados con tan poco presupuesto o ganas (y, a menudo, talento), que las set-pieces que exhiben son generalmente escasas y poco excitantes. No es este el caso de Gridlocked. El director, Allan Ungar, parece conocer bien el género e incluso amarlo, algo que queda patente no sólo en detalles tan evidentes como su estructura de enésimo clon de Jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) con algo de Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, John Carpenter, 1976), o el momento en el que Danny Glover recita una variante de su famosa frase "Soy demasiado viejo para esta mierda" en la saga Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987-1998), sino también en un guiño más sutil que puede hacer aplaudir a más de un fan del género: ese montaje de plano-contraplano entre dos personajes que se miran a los ojos mientras la anilla de una granada salta por los aires y se interpone entre ellos, momento que remite directamente a otro de los clásicos del cine de acción de los 90, Blanco humano (Hard Target, John Woo, 1993).

Pero la mayor virtud de la cinta de Ungar no es que nos recuerde a títulos concretos con los que nos hemos criado muchos espectadores, algo que siempre es de agradecer pero que, por sí mismo, puede dar como resultado un insulso pastiche que sólo se sustenta en la búsqueda de la complicidad más inmediata. Si bien algo de eso hay en Gridlocked, lo que de verdad la convierte en una cinta satisfactoria es su falta de pretensiones y, sobre todo, su compromiso con el espectador demasiado acostumbrado a que le den gato por liebre y que se acerca a ella ilusionado con la promesa de toparse con una película de acción competente. Aquí no hay truco: una vez pasados los titubeantes primeros minutos, Gridlocked se empeña concienzudamente en darnos toda la acción y violencia que puede prpporcionar, aprovechando cada uno de los dólares canadienses de su presupuesto para que luzcan en pantalla y hasta permitiéndose cierta sofisticación visual (la fotografía metalizada y el formato de pantalla en 2.35:1 lucen mucho mejor que en la mayoría de productos similares rodados con cámaras digitales). Sin abandonar del todo el humor (la escena con el pis, la metalingüística coda durante los créditos finales), Gridlocked consigue triunfar gracias a su entrega absoluta a las convenciones del cine de acción, utilizando con habilidad todos sus trucos y recursos y dando al espectador justo lo que quiere ver cuando se aproxima a un título de estas características, convirtiéndose en una de las cintas de acción occidentales recientes más satisfactorias y recomendables que he visto últimamente. Así que, amantes del género, que no se les escape.


Título original :  The Exorcism of Emily Rose .  Género : Drama / Terror.  Nacionalidad : Estad...

Título originalThe Exorcism of Emily RoseGénero: Drama / Terror. Nacionalidad: Estados Unidos. Duración: 117 minutos. RepartoJennifer Carpenter, Laura Linney, Tom Wilkinson, Colm Feore, Campbell Scott, Shohreh Aghdashloo, Mary Beth Hurt, JR Bourne, Joshua Close, Kenneth Welsh, Henry Czerny, Duncan Fraser.

Por mucho que su envoltorio y los tráilers promocionales puedan hacernos pensar que estamos ante una película de sustos fáciles destinada al público adolescente, lo cierto es que nos encontramos ante algo infinitamente mejor que, precisamente por ello, parece destinada a ser destinada por el boca-oreja por culpa de la ignorancia del espectador eventual (es decir, los típicos adolescentes para los que ir al cine a ver una película de terror es la excusa perfecta montar jarana). Una vez comienza la sesión, la cinta desvela pronto sus cartas: tras un sucinto prólogo en el que conocemos la muerte de Emily Rose (Jennifer Carpenter), la cinta nos presenta a la abogada Erin Bruner (Laura Linney) y al cura acusado por su muerte, el Padre Moore (Tom Wilkinson). Por lo tanto, y sin perder el tiempo, la cinta nos sumerge en el género al que realmente se adscribe: el drama judicial. Todo el corpus dramático de este thriller adulto y sereno, dirigido con buen gusto por Scott Derrickson, lo constituye el proceso judicial contra el padre Moore y todo lo que lo rodea (las investigaciones, las confesiones de los testigos, los diálogos abogada-defendido); mientras que los momentos de terror, aquellos en los que se nos muestra el infierno por el que pasó Emily Rose, nos son mostrados en modo de flashbacks inquietantes y, dentro de lo que cabe, bastante realistas. Sin detenernos en las circunstancias que rodearon la muerte de la muchacha ni en sus paralelismos con el hecho real en el que la cinta está inspirada, pasaré a destacar los puntos más interesantes de la función:

Para empezar, tenemos un tono calmado y elegante, alejado de cualquier histrionismo salvo contadas excepciones, y que permite al espectador sentirse involucrado de inmediato en lo que le están contando. El público se siente desde su butaca como si fuera parte de un jurado al que le están presentando unas pruebas que luego deberá juzgar. Y es que, El Exorcismo de Emily Rose puede dar pie al debate. Lo más importante de la película no son las escenas de terror, sino la dicotomía (siempre polémica) que presenta entre ciencia y creencias, entre hechos y posibilidades. Lo curioso es que, en esta ocasión, la fe está representada por una agnóstica (Bruner) y la ciencia por un religioso (el abogado de la acusación, Ethan Thomas, interpretado por Campbell Scott). Por tanto, durante buena parte del metraje, Derrickson se muestra equitativo a la hora de ofrecernos datos en un sentido y en otro. Aunque, casi desde el principio, está claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. Al mismo tiempo, el director y guionista rompe ese tono verosímil al introducir elementos fantásticos o poco convencionales en el día a día de la abogada (esa obsesión por el reloj que marca las tres de la madrugada, por ejemplo) y parece claro cuál es su punto de vista: Emily Rose estaba poseída y necesitaba un exorcismo. Es decir, que todo el tono realista que Derrickson quiere otorgar a su obra queda en entredicho en no pocas ocasiones, al mostrar como verdaderos unos momentos que forman parte de la hipótesis, y deja que este mundo enigmático se adentre en la realidad de su película.

Otro aspecto a destacar de El exorcismo de Emily Rose es que otorga los papeles principales a unos excelentes intérpretes que normalmente ejercen de secundarios. Tanto Linney como Wilkinson o Campbell, incluyendo a la poco conocida Jennifer Carpenter, dan a sus personajes la credibilidad necesaria en este tipo de películas, cuya capacidad de de empatía se puede ir al garete por culpa de interpretaciones mediocres o poco plausibles. Pero tampoco nos vamos a engañar: la mayoría de la gente que acude al cine a ver El exorcismo de Emily Rose lo hace en busca de emociones fuertes. Lejos de la truculencia de clásicos como El Exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973) o El Anticristo (L'Anticristo, Alberto de Martino, 1974), la cinta de Derrickson nos muestra una posesión que, efectivamente, podría pasar por epilepsia-psicótica (como intenta demostrar la acusación en el juicio). A la joven poseída no se le transforma la cara ni comienza a vomitar papilla verde. Sus heridas podrían ser perfectamente auto-infringidas y siempre que vemos alguna imagen "fantástica" lo hacemos a través de su punto de vista. El director sólo rompe el tono realista en un par de ocasiones, especialmente en el exorcismo efectuado en un establo, donde contenta sin duda a los que buscaban una escena espectacular.

Es difícil contentar a todo tipo de públicos, y El exorcismo de Emily Rose, como ya he dicho, gustará quizá más a los que disfruten de los dramas judiciales que a los fans del terror teenager. Pero al mismo tiempo, yo, que me debato entre unos y otros, soy el ejemplo viviente de que ambos sectores pueden quedar satisfechos cuando uno se enfrenta a una película así con dos dedos de frente, utilizando un poco la cabeza y no visionándola con el piloto automático encendido, como tantas veces hacemos.



Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.

Título original : The Devil's Rejects . Género : Terror. Nacionalidad : Estados Unidos / Ale...

Título original: The Devil's Rejects. Género: Terror. Nacionalidad: Estados Unidos / Alemania. Duración: 109 minutos. Reparto: Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Ken Foree, Matthew McGrory, Leslie Easterbrook, Geoffrey Lewis, Danny Trejo, Tom Towles, Michael Berryman, P.J. Soles..

Cuando James Cameron estrenó Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) dijo que su intención al hacer la película era conseguir que el público llorase por un robot. Siguiendo una premisa similar, con su segunda película Rob Zombie casi consigue que lloremos por una familia de psicópatas, los Firefly: unos perturbados a los que nos presenta como personalidades complejas, violentas, pero también con sueños y sentimientos fraternales. Continuación directa de la infravalorada La casa de los 1000 cadáveres (House of 1000 Corpses, Rob Zombie, 2003), Los renegados del Diablo no es una secuela convencional. Si bien nos reencontramos con los mismos personajes, en esta ocasión tanto el argumento como el tono de la película. Las andanzas de los Firefly en esta segunda parte se alejan completamente de los parámetros del cine de horror en los que entraba la primera, para ingresar en esa categoría de cine de supervivencia y venganza que tantas alegrías nos ha dado, convirtiéndose así en una especie de neo-western polvoriento propio de los años 70, que es la época en la que transcurre la historia y, al mismo tiempo, parece la fecha en la que la cinta esté filmada. Precisamente en esa década se estrenó una película con la que se ha comparado numerosas veces La casa de los 1000 cadáveres: La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974). Pues bien, lo de Rob Zombie con la mitología de Leatherface puede rozar la obsesión. Y es que en 1986 el mismo Tobe Hooper dirigió una segunda entrega, Masacre en Texas 2 (The Texas Chainsaw Massacre part 2, Tobe Hooper, 1986) en la que la familia homicida salía de su casa y viajaba en busca de nuevas víctimas. Su marcha sanguinolenta transcurría sin mayores complicaciones hasta que un sheriff (interpretado por el inquietante Dennis Hopper) vengaba la muerte de un familiar a manos de Leatherface y compañía, poniéndose para ello al mismo nivel de psicopatía que sus enemigos (mítico es su duelo de motosierras con Cara de Cuero). En resumidas cuentas, esto es más o menos lo que cuenta Rob Zombie en Los renegados del Diablo.



La casa de los Firefly es asediada por el sheriff Wydell (William Forsythe, veterano del cine chusco, del que recuerdo especialmente su papel del villano Ice en Frío como el acero [Stone Cold, Craig R. Baxley, 1991]). Tras la cruenta redada, uno de los Firefly resulta muerto, mientras que Mamá Firefly es arrestada (por cierto, a ésta ya no la interpreta Karen Black, sino la inolvidable Sargento Callahan de la saga Loca academia de policía, Leslie Easterbrook). El deforme Tiny (el tristemente fallecido Matthew McGrory) no se ve implicado en el altercado, mientras que Otis (Bill Moseley, que hizo de Chop Top en Masacre en Texas 2...) y Baby (la esposa del director, Sheri Moon Zombie) escapan de la matanza. Los supervivientes piden ayuda a su padre, el Capitán Spaulding (Sid Haig) y deciden reunirse en el club de su viejo amigo Charlie Altamont (Ken Foree, protagonista del Zombi [Dawn of the Dead, 1978] de Romero y de... La matanza de Texas III [Leatherface: The Texas Chainsaw Massacre part III, Jeff Burr, 1990]), pero antes de llegar harán una parada en un motel donde darán rienda suelta a sus instintos y costumbres más depravadas.

Hasta aquí, la película disfruta de un ritmo endiablado, pero al mismo tiempo que los personajes detienen su huida momentáneamente en el motel, la historia se estanca para mostrar un catálogo de humillaciones, despropósitos y atrocidades que para algunos constituirán el plato fuerte de la función y, para otros, un segundo acto algo tedioso lleno de situaciones incómodas y que no llevan a ninguna parte más que a mostrar violencia gratuita y vejaciones. Sinceramente, soy incapaz de posicionarme a un lado o a otro. El cinéfago que llevo dentro le da las gracias a Zombie por darle la oportunidad de ver un compendio de secuencias fuertes e incómodas, a contracorriente y tan valientes que casi parecen suicidas. Pero al mismo tiempo llegué a sentir en algunos momentos que la película no me ofrecía otra cosa que eso, locura y violencia, lo cual llega a cansar cuando te lo sirven en cantidades industriales. Y es que, si analizamos la estructura dramática de la cinta fríamente, nos damos cuenta de que Rob Zombie se salta todas las reglas y se olvida de otorgar a su historia de ritmo o tensión. Apenas hay sorpresas y la cinta es incapaz de provocar entusiasmo en cualquiera que no sea devoto del género (en la sala donde vi la película se salieron tres personas, y se escuchaban constantemente los comentarios negativos del resto). Estéticamente la podríamos calificar sin remordimientos como fea. Tan fea y sucia como sus personajes (los protagonistas y los secundarios). Pero esto es así por necesidad. La elaborada fotografía de colores rojos y azules reminiscente de Lucio Fulci y Dario Argento que disfrutamos en La casa de los 1000 cadáveres se convierte aquí en un monocromático marrón arenoso, hasta tal punto que por momentos parece que las instrucciones de Zombie al director de fotografía, Phil Parmet, han sido que parezca que no haya ninguna elaboración previa, con luces y sombras naturales y planos que parecen improvisados. Es decir, conseguir un tono realista tan potente que, en no pocos momentos, parte de la incomodidad que provoca la cinta en el espectador surge de la sensación de estar acompañando a los Firefly en sus matanzas, sentados junto a ellos en la cama del motel o en la parte de atrás de la camioneta.



Los renegados del Diablo no es la obra maestra que esperaba (o, mejor dicho, que deseaba ver), sino una película audaz con grandes aciertos, pero también con escenas que estarían mejor en la sección "secuencias eliminadas" de su futura edición en DVD. Hablando de esto, hay que destacar la decepción que ha provocado en muchos fans la desaparición en el montaje final de Rosario Dawson, que moría sangrientamente a manos del Dr. Satán. Éste tampoco aparece, según Zombie, para distanciarse aún más del género de terror al que se adscribía la primera parte. Quizá ahí resida parte del desencanto que me ha producido esta secuela: en que los modelos que seguía el director en su anterior película me interesan más que los que ha tomado como referencia en ésta; en que me gusta más el terror de serie B que el spaghetti western; en que, a pesar de todo, sigo disfrutando más de Craven o Hooper que de Peckinpah o Boorman. A algunos les parecerá triste, pero es así, amigos. En resumidas cuentas, Los renegados del Diablo me ha parecido una película que camina entre lo excitante (el magnífico final, de lo mejor que he visto últimamente) y lo irritante (la escena del "tutti puti frutti", por ejemplo), pero en la que no puedo dejar de pensar desde que la vi. Y eso no puede ser malo.



Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.

Título original : Wake of Death .  Género : Acción.  Nacionalidad : Reino Unido / Alemania / Fr...

Título original: Wake of DeathGénero: Acción. Nacionalidad: Reino Unido / Alemania / Francia / Sudáfrica. 
Duración: 86 minutos. RepartoJean-Claude Van Damme, Simon Yam, Philip Tan, Valerie Tian, Tony Schiena,
Claude Hernandez, Lisa King.

Si yo fuera mujer y viviese en un guión que fuera a protagonizar Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal, jamás se me ocurriría aceptar su proposición de matrimonio. Y es que si te casas con alguno de ellos, tienes todas las papeletas para morir violentamente y así proporcionarles un motivo para empezar a exterminar enemigos. Eso es justo lo que ocurre en la película que nos ocupa. Estrenada casi de tapadillo en las carteleras españolas hace unos meses, Justa venganza (Wake of Death) es, simple y llanamente, una buena película de acción. Y eso es algo que no podemos dejar pasar por alto los que amamos este género tan infravalorado y denostado por la gente seria. No sería sincero si no admito que soy seguidor incondicional de Jean-Claude Van Damme. Está claro que no es un gran intérprete y que algunas de sus cintas tienen bastantes puntos en común, pero me parece excesiva la afirmación (parece que generalizada) de que es un mal actor y que todas sus películas son iguales (los que suelen decir esto seguramente sólo han visto sus primeras cintas de artes marciales). En los últimos años, Van Damme ha mejorado bastante sus interpretaciones y se ha embarcado en proyectos interesantes; sólo hay que ver Replicant (Ringo Lam, 2001) o Salvaje (In Hell, Ringo Lam, 2003) para darse cuenta de ello. Pero, lamentablemente, el gran público le ha dado la espalda y se niega sistemáticamente a darle una nueva oportunidad. Un servidor, que valora la honradez y la coherencia en el arte cinematográfico, no puede dejar de sentirse atraído hacia figuras que, sin importarles lo del encasillamiento y demás zarandajas, siguen haciendo lo que mejor saben (hablo de Van Damme, pero también de Seagal o Jackie Chan aunque este último se pierda un poco cuando trabaja para Hollywood).


Justa venganza ofrece 86 veloces minutos con una historia típica que podría haber dado para cualquier película directa a vídeo de Jeff Speakman o Jeff Wincott. Pero estamos ante un caso diferente: sorprendentemente, la cinta tiene un toque artístico que la diferencia de otros productos al uso, con una fotografía que a veces parece propia de un documental (incluyendo numerosos planos filmados cámara al hombro) y una banda sonora más que decente. Aunque en un principio la iba a dirigir Ringo Lam (uno de los mejores directores de Hong Kong, con el que Van Damme ya ha trabajado en varias ocasiones), al final el largometraje ha acabado siendo responsabilidad de Philippe Martinez, un artesano que viene de dirigir la desconocida Citizen Verdict (2003). El director intenta innovar con algunas imágenes trabajadas y bellas (las sombras en las cortinas del balcón, por ejemplo), pero al mismo tiempo se nota que quiere emular a Tarantino (esa cruda secuencia de tortura con un taladro, las conversaciones llenas de miradas entre los protagonistas, incluso un plano desde el interior de un maletero) y a John Woo (con Van Damme disparando a dos manos cual Chow Yun-Fat). Si en algunos puntos Martinez sale victorioso, hay que reconocer que en otros momentos se echa en falta un director más experimentado o un mayor presupuesto que no obligue a montar de manera rápida las escenas de acción para disimular la falta de recursos técnicos. En este sentido, es sintomático el tiroteo que se produce en plena calle, en la puerta de un restaurante chino: en Blanco humano (Hard Target, John Woo, 1993) había un momento similar y no hay color entre las virtudes coreográficas y logísticas de John Woo y su admirador Martinez. Pero el director también es lo suficientemente sabio como para no intentar aparentar que cuenta con más presupuesto del que en realidad tenían algo que sí intentaron hacer con otra cinta de Van Damme, la inenarrable Sin control (Derailed, Bob Misiorowski, 2002), cayendo en el más absoluto de los ridículos y hasta consigue con ello hacer que las peleas y los tiroteos sean más realistas y creíbles (los combates aquí terminan con menos de diez golpes, nada de coreografías acrobáticas y voladoras).



Pero, aparte de sus buenas secuencias explosivas (y gráficamente violentas, sin escamotear sangre y sexo), lo que llama realmente la atención de esta Justa venganza es la interpretación de Van Damme y el carisma del villano Simon Yam. Este último es uno de los actores más prolíficos de Hong Kong, y lo recordamos sobre todo por sus papeles en Una bala en la cabeza (Bullet in the Head / Dip huet gaai tau, John Woo, 1990) y en la alucinante Full Contact (Xia dao Gao Fei, Ringo Lam, 1992). En cuanto a Van Damme, hay que señalar que los años, los vicios y la experiencia le han otorgado un rostro cada vez más duro y con las facciones más marcadas que le vienen perfectos para el papel de Ben Archer, el atormentado ex-mafioso que busca redención a través de la violencia. En este sentido hay algo que marca distancias entre Justa venganza y otros ejemplos de este subgénero: después de observar que han matado a su esposa, nos creemos realmente que al personaje le duele lo que ha pasado. Jean-Claude se luce positivamente en dos escenas dramáticas, sobre todo cuando vuelve a casa y siente el vacío que ha dejado su fallecida esposa. Podría parecer un detalle sin importancia, pero esta escena (la del regreso a casa tras la tragedia y el derrumbamiento del héroe) no es demasiado común en este tipo de cine. Dicho todo esto, es lógico que un fan como yo os recomiende esta película, pero lo extraño es ver cómo gente que renegaba de Van Damme en los últimos años ha encontrado en Justa venganza una pequeña sorpresa que les ha hecho cambiar algo su opinión. Los que sigan pensando que este actor es un bluff y que sus películas no valen nada, se estarán perdiendo un entretenimiento digno y muy válido.



Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.

Título original :  Hostage .  Género : Acción.  Nacionalidad : Estados Unidos / Alemania.  Du...

Título originalHostageGénero: Acción. Nacionalidad: Estados Unidos / Alemania. Duración: 113 minutos. RepartoBruce Willis, Kevin Pollak, Jimmy Bennett, Michelle Horn, Ben Foster, Jonathan Tucker.

En una época en la que las películas de acción procedentes de Hollywood son entretenimientos descafeinados destinados a los adolescentes, está muy bien poder encontrarse con una película algo más adulta y bastante ajena a modas como es esta Hostage protagonizada por Bruce Willis. Y es que, sin ser nada del otro mundo, Hostage cuenta con algunos elementos que la hacen interesante para todos los que echamos de menos el cine de acción de los años 80 y principios de los 90. Para empezar, tenemos el regreso al género de uno de los grandes, Bruce Willis, en un papel hecho a su medida de tipo duro y resolutivo, pero con un perfil algo menos "macarra" que el que ofrecía en otras cintas suyas como Jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) o El último boy scout (The Last Boy Scout, Tony Scott, 1991). Mientras ves a Willis en el papel de Jeff Talley te preguntas por qué no ha hecho más cintas de acción en los últimos años, si son los papeles que mejor le sientan. Por otro lado tenemos una buena labor de dirección a cargo del europeo Florent Siri, quien otorga buen ritmo y elegancia al largometraje mediante planos secuencia que casi pasan desapercibidos y una excelente dosificación de la información en pantalla (a esto ayuda mucho el montaje y el formato scope). También hay que destacar la banda sonora, casi más propia de una película de superhéroes (cuando aparecen los títulos de crédito iniciales, parece que vas a ver alguna superproducción sobre algún justiciero con superpoderes), sinfónica, misteriosa y emotiva. Además, tiene buenas escenas de acción, muy físicas (nada de efectos visuales infográficos) y violentas, en las que puede morir hasta el perro.


Pero Hostage también tiene algunos defectos que no pasarán desapercibidos. Para empezar, unos malos a los que cuesta tomarse en serio, interpretados por jóvenes casi desconocidos y con cara de no haber roto un plato en su vida. Se lleva la palma Ben Foster, quien encarna al salvaje Mars, con una pose tan forzada como su caracterización (ya saben, gesto amargado, cabello excesivamente oscuro, mirada perdida...). También en los puntos negativos hay que destacar la (seguramente impuesta por Willis) aparición de la hija mayor del protagonista y Demi Moore, aunque afortunadamente no tiene demasiada presencia en pantalla. Sin embargo, quizá lo que más moleste de la película sea el hecho de que, a mitad de la cinta, los guionistas se vean obligados a introducir un argumento secundario al darse cuenta de que el principal no daba para más. Esto hace que la película tenga dos clímax seguidos, el primero altamente espectacular (casi propio de una película de terror), y el segundo precipitado y algo insípido.

Con sus pros y sus contras, Hostage será recordada por un servidor como un entretenimiento perfectamente válido, con detalles interesantes como esa versión infantil de John McClane que se esconde por los conductos del aire acondicionado de la mansión secuestrada, el guiño cinéfilo a El diablo dijo no (Heaven Can Wait, Ernst Lubitsch, 1943) y su remake El cielo puede esperar (Heaven Can Wait, Warren Beatty, 1978), un prólogo impactante y, sobre todo, la recuperación de Bruce Willis como action hero, algo que, desgraciadamente, no parece haber llamado demasiado la atención del público masivo.


Reseña publicada originalmente en el blog Natural High.