jueves, 21 de julio de 2016

Golpe de estado (John Erick Dowdle, 2015)

Título originalNo Escape.
Género: Acción.
Nacionalidad: Estados Unidos.
Duración: 103 minutos.
Reparto: Owen Wilson, Lake Bell, Pierce Brosnan, Sterling Jerins, Spencer Garrett, 
Claire Geare, Byron Gibson, Russell Geoffrey Banks, Jim Lau.

Aunque ya había filmado Full Moon Rising (1996) y The Dry Spell (2005), John Erick Dowdle (junto a su hermano Drew en el guion) dio en la diana con una película de terror que supera sin problemas a la mayoría de títulos adscritos al found-footage y que provoca verdadero pavor: The Poughkeepsie Tapes (2008). No es de extrañar que la carrera de los Dowdle se viera confinada a los márgenes del cine de terror de bajo presupuesto (a menudo auspiciado por majors a través de sus divisiones de serie B), responsabilizándose del innecesario remake de [Rec] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), Quarantine (2008), de la irregular aunque interesante La trampa del mal (Devil, 2010) y de otra cinta con la que regresaban al formato de metraje encontrado, Así en la Tierra como en el infierno (As Above, So Below, 2014). Todas tenían algo el común: la utilización de un espacio cerrado en el que los protagonistas tenían que sobrevivir y del que tenían poco tiempo para escapar. La llegada de los Dowdle al género de acción con Golpe de estado podría ser vista como un cambio de registro demasiado radical, pero en realidad los creadores de esta epopeya supervivencialista se mueven en terreno conocido y, aunque amplíen el radio de acción, la historia no deja de ser la de un grupo de personajes atrapados en territorio hostil (esta vez con paredes no solo físicas, sino también culturales y políticas), luchando contrarreloj por huir de una trampa mortal. La película narra la odisea de Jack Dwyer (Owen Wilson) y su familia cuando viajan al sudeste asiático para empezar allí una nueva vida en una empresa de explotación acuífera. Pronto se dan cuenta de que han ido a parar a un lugar inmerso en plena revuelta social, y las cosas empeorarán todavía más cuando se percaten de que el objetivo de los guerrilleros locales es acabar con los occidentales que pasan por allí, a modo de venganza por los capitalistas extranjeros que están explotando sus recursos naturales y dejándolos a ellos en la miseria. En una huida desesperada hacia la embajada americana, los Dwyer sólo contarán con la ayuda del enigmático Hammond (Pierce Brosnsan), alguien que es mucho más que un simple turista, a pesar de las apariencias. 


Si digo que Golpe de estado no se aparta demasiado del género que hizo famosos a los Dowdle es porque no hay mucha diferencia entre los insurgentes tailandeses de esta película y los Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars, 2001) de John Carpenter o los infectados de 28 semanas después (28 Weeks Later, Juan Carlos Fresnadillo, 2007), por poner dos ejemplos con los que la cinta también comparte estructura. Podrían compararse también con los indios de muchas cintas del oeste, pero el salvajismo que emplean y la manera en la que son retratados por el director colocan a los protagonistas (y, por extensión, a los espectadores) casi en una película de terror, asediados por una turba de asesinos despiadados a los que sólo la muerte puede detener. No cabe duda de que representar a los nativos como una masa desquiciada y terrorista posee algo de racismo implícito, por mucho que se les intente justificar durante una conversación mantenida entre Jack y Hammond en uno de los escasos pasajes tranquilos de la cinta. Pero es evidente que el comentario político es una mera excusa en un guion que bebe también de los actioners de la Cannon y otras productoras menos emblemáticas, pudiendo servir de acompañamiento perfecto a una hipotética sesión doble con Invasión USA (Invasion U.S.A., Joseph Zito, 1985). Sin embargo, Owen Wilson no es Chuck Norris, por mucho que también intentara convertirse en héroe de acción en la simpática Tras la línea enemiga (Behind Enemy Lines, John Moore, 2001). Y los Dowdle son lo suficientemente inteligentes como para no intentar convertir esto en una macho movie con un Wilson hipermusculado y armado hasta los dientes. Al contrario, mantienen la figura del protagonista dentro de los márgenes del tipo corriente que sólo quiere proteger a su familia, pero al que le faltan los recursos necesarios para enfrentarse por sí solo a unos guerrilleros que le superan tanto en número como en habilidades aniquiladoras. El personaje de Brosnan es quien ejerce de salvador en varios momentos, aunque a la hora de la verdad lo que mantiene vivos a los turistas americanos es su capacidad para seguir unidos como familia, sin importar a qué tengan que enfrentarse. Así que, como ven, Golpe de estado puede considerarse una película retrógrada y xenófoba, pero no mucho más que cualquier obra de acción de los 80 con la que hayan podido disfrutar en más de una ocasión, sin plantearse este tipo de cuestiones sociales.


Al fin y al cabo, aquí lo que importa es el dinamismo, la acumulación de tensión, la liberación en forma de explosión de violencia, el suspense y, sobre todo, la acción. En ese sentido, pocas pegas se le pueden poner a una película trepidante, espectacular (a pesar de un presupuesto ajustado de cinco millones de dólares) y electrizante que hace sudar al espectador y obliga a contener el aliento en más de una ocasión. Vean por ejemplo la secuencia de la azotea del hotel, con la aparición del helicóptero y la posterior huida de la familia Dwyer a través de los tejados. Llegamos hasta esa situación después del primer estallido de violencia de la película y, justo cuando parece que hemos encontrado un pequeño remanso de paz, sin que aún hayamos sido capaces de relajarnos, somos arrojados de nuevo a una situación de peligro aun mayor de la que los personajes sólo pueden escapar de una manera que, en frío, desafía cualquier lógica y sería rechazada por cualquier persona con dos dedos de frente (arrojar a tus propias hijas de una azotea a otra, como si fueran bultos de equipaje), pero que dentro del contexto de la secuencia tiene sentido. Y esa es la dinámica que sigue el film durante sus 100 minutos de duración: cuando menos lo esperamos, hay un tanque disparando proyectiles hacia el edificio donde se esconden los héroes, poco después tienen que huir en moto y algo más tarde han de sobrevivir al asedio de un francotirador. No hay descanso en Golpe de estado y, cuando termina la película, uno acaba con sudor en las manos y una sonrisa de alivio y satisfacción. Es una experiencia intensa y cafre, con la misma sutileza que una patada en los testículos, una celebración de la cinética tan políticamente incorrecta como jovialmente satisfactoria. Y ante todo esto no hay que oponer resistencia alguna.

Golpe de estado ha sido editada en DVD y Blu-Ray en España a través Entertainment One Films Spain.

domingo, 17 de julio de 2016

Gridlocked (Allan Ungar, 2015)

Título original: Gridlocked.
Género: Acción.
Nacionalidad: Canadá.
Duración: 110 minutos.
Reparto: Dominic Purcell, Cody Hackman, Stephen Lang,
Trish Stratus, Danny Glover, Vinnie Jones. 

En 1991, el infravalorado John Badham estrenaba una apreciable (y olvidada) comedia de acción titulada Colegas a la fuerza (The Hard Way). En ella, James Woods interpretaba a un veterano policía de Nueva York que, en contra de su voluntad, tenía que encargarse de custodiar durante unos días a un famoso actor de Hollywood al que daba vida Michael J. Fox. El personaje de este era una curiosa perversión de sí mismo: un ídolo del cine adolescente a quien ni Hollywood ni sus fans querían darle la oportunidad de crecer artísticamente. Su plan es acompañar al poli más duro de la ciudad durante varios días para contagiarse de su energía, masculinidad y valentía, con tal de resultar creíble en el papel que debería mostrar una nueva imagen mucho más adulta. Sin embargo, y como mandan los cánones, la misión no va a ser un paseo por el parque: la amenaza de un peligroso asesino otorgará al divo una motivación extra que no había pedido para meterse en la piel de un héroe de acción. Casualmente (o no), el villano de Colegas a la fuerza estaba interpretado por Stephen Lang, quien ahora se ve inmerso en una trama muy similar donde también le toca hacer el papel del odioso, despiadado y sanguinario malo de la función.
      Gridlocked, producción canadiense dirigida por Allan Ungar y estrenada en el Fantastic Fest 2015 de Austin, parte de una premisa casi idéntica a la de Colegas a la fuerza: Brody Walker (Cody Hackman) es un ex-niño prodigio de Hollywood al que los problemas con las sustancias ilegales y su actitud temeraria y violenta han puesto en un verdadero aprieto; tras golpear a un periodista, está a un solo paso de pisar la cárcel y dar al traste con la película que debe filmar a continuación y que supondrá un revulsivo en su carrera. Por otro lado tenemos a David Hendrix (Dominic Purcell), un antiguo miembro de los SWAT que ha sido devaluado en su trabajo por culpa de sus maneras excesivas y de unas actividades paralelas no demasiado legales que cometió en el pasado. Para evitar la entrada en prisión de su gallina de los huevos de oro, los abogados de Walker le proponen al actor un plan que creen infalible: declararse culpable de su agresión al periodista, pero ofrecerse voluntario para acompañar a un policía de servicio y pagar así su deuda con la sociedad. Aunque, en realidad, lo que de verdad le interesa a Walker es convertirse en una esponja durante días y asimilar la actitud, los gestos y el valor de su protector. El afortunado ángel de la guarda no será otro que Hendrix, obviamente.


Hasta este momento, Gridlocked nos sitúa en el terreno de la comedia de acción protagonizada por dos personajes antagónicos que deben colaborar a la fuerza, pero entre los que aparentemente no hay ningún lazo de unión. Es decir, una buddy movie de manual que, al menos durante los primeros minutos, parece que va a seguir al pie de la letra lo mostrado por John Badham en Colegas a la fuerza. Pero afortunadamente esto es sólo un espejismo, y en lo que casi se puede considerar un error de guion (por suponer un cambio de rumbo, ritmo y atmósfera ciertamente radical), la historia pronto nos lleva a unas instalaciones de entrenamiento policiales donde transcurrirá el resto de metraje. Allí nos encontramos con el veterano Sully (Danny Glover), el novato Scott (Steve Byers), la aguerrida Gina (Trish Stratus) y el presumido Jason (James A. Woods). Mientras, en el exterior, un grupo de mercenarios liderados por Korver (Stephen Lang) y Ryker (Vinnie Jones) ejerce como amenaza constante y real. Pronto todos los personajes se verán inmersos en una situación de acoso, invasión y supervivencia en la que el edificio se convertirá en una suerte de Nakatomi Plaza y en el que ya apenas quedará espacio para el humor, siendo este relegado a un plano muy secundario cuando se adueñen de la pantalla los tiroteos, las peleas cuerpo a cuerpo y las explosiones. En mitad de toda la pirotecnia, los héroes tendrán que descubrir por qué los villanos quieren entrar en el edificio y quién les está pasando información, ya que uno de los residentes no es quien parece ser.


Gridlocked ostenta el récord de ser la película canadiense con más disparos de la historia. Quizá el dato no sea demasiado relevante porque tampoco se puede decir que haya una tradición canadiense por el actioner, pero sí es algo bastante significativo dentro de la producción reciente de cine de acción de serie B, llena de títulos rodados con tan poco presupuesto o ganas (y, a menudo, talento), que las set-pieces que exhiben son generalmente escasas y poco excitantes. No es este el caso de Gridlocked. El director, Allan Ungar, parece conocer bien el género e incluso amarlo, algo que queda patente no sólo en detalles tan evidentes como su estructura de enésimo clon de Jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) con algo de Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, John Carpenter, 1976), o el momento en el que Danny Glover recita una variante de su famosa frase "Soy demasiado viejo para esta mierda" en la saga Arma letal (Lethal Weapon, Richard Donner, 1987-1998), sino también en un guiño más sutil que puede hacer aplaudir a más de un fan del género: ese montaje de plano-contraplano entre dos personajes que se miran a los ojos mientras la anilla de una granada salta por los aires y se interpone entre ellos, momento que remite directamente a otro de los clásicos del cine de acción de los 90, Blanco humano (Hard Target, John Woo, 1993).
           Pero la mayor virtud de la cinta de Ungar no es que nos recuerde a títulos concretos con los que nos hemos criado muchos espectadores, algo que siempre es de agradecer pero que, por sí mismo, puede dar como resultado un insulso pastiche que sólo se sustenta en la búsqueda de la complicidad más inmediata. Si bien algo de eso hay en Gridlocked, lo que de verdad la convierte en una cinta satisfactoria es su falta de pretensiones y, sobre todo, su compromiso con el espectador demasiado acostumbrado a que le den gato por liebre y que se acerca a ella ilusionado con la promesa de toparse con una película de acción competente. Aquí no hay truco: una vez pasados los titubeantes primeros minutos, Gridlocked se empeña concienzudamente en darnos toda la acción y violencia que puede prpporcionar, aprovechando cada uno de los dólares canadienses de su presupuesto para que luzcan en pantalla y hasta permitiéndose cierta sofisticación visual (la fotografía metalizada y el formato de pantalla en 2.35:1 lucen mucho mejor que en la mayoría de productos similares rodados con cámaras digitales). Sin abandonar del todo el humor (la escena con el pis, la metalingüística coda durante los créditos finales), Gridlocked consigue triunfar gracias a su entrega absoluta a las convenciones del cine de acción, utilizando con habilidad todos sus trucos y recursos y dando al espectador justo lo que quiere ver cuando se aproxima a un título de estas características, convirtiéndose en una de las cintas de acción occidentales recientes más satisfactorias y recomendables que he visto últimamente. Así que, amantes del género, que no se les escape.



Gridlocked está disponible en España a través de la plataforma Netflix.

Applehead Team Creaciones

El autor


Pedro José Tena (Badajoz, 1980) es escritor y editor. Desde 2005 ha escrito sobre cine en distintos medios digitales o impresos (Natural High, Tierra de Cinéfagos, Crónicas de un pueblo, MicroCritic), colaborando puntualmente en Viruete.com, WeLoveCinema, Inferno o Scifiworld. Actualmente colabora en la revista digital El Antepenúltimo Mohicano y es uno de los responsables de la editorial Applehead Team Creaciones.

Ha participado en los libros Los brazos fuertes del cine de acción de los 80 y 90 (T&B Editores), Cannon Films, Golden Ninja Operation: Los secretos de la IFD y la Filmark, Terminator: El imperio de Skynet y Más Cannon (Cannon Films 2) (estos cuatro últimos para Applehead Team).